jueves, 20 de febrero de 2014

Cine : Agosto. Osage County de John Wells

Agosto. Osage County es una obra teatral llevada ahora al cine por John Wells. Está en la tradición de obras que sondean en las explosivas relaciones de familias disfuncionales, como las de Tennessee Williams. La obra de teatro original es de Tracy Letts y con ella ganó el premio Pulitzer en 2008; el mismo autor se ha encargado de la adaptación al cine. 

Una historia de mujeres que yo pensaba también que estaba escrita por una mujer, dados mis limitados conocimientos de inglés. Pero parece que Tracy también puede ser nombre de hombre. Debe ser difícil trasladar toda la intensidad de una obra teatral al cine; pero además en este caso se trata de una familia disfuncional con todas las disfuncionalidades (y alguna más) que haya acreditadas en el mundo. Por eso a pesar de las sólidas interpretaciones de actores muy consagrados resulta excesiva. 

Osage County pertenece a Oklahoma, lo que es lo mismo que hablar de la América profunda. Grandes extensiones de tierra, una densidad de población muy baja y un alto índice de pobreza.  

La excusa para convocar a esta familia es la muerte (aparentemente suicidio, pero no queda claro) del patriarca. Beverly Weston (Sam Shepard) ha sido poeta y profesor en la universidad, siempre viviendo al borde de su vaso de whiskey; Violet Weston (Meryl Streep), su esposa, está enferma de cáncer; es brutal, pastillera y borracha. Beverly y Violet han tenido tres hijas: Bárbara (Julia Roberts), Ivy (Julianne Nicholson) y Karen (Juliette Lewis). Otro personaje importante es Mattie Fae, la hermana de Violet, igualmente brutal. 

El calor sofocante del mes de agosto acompaña al duelo por la muerte de Beverly. La familia no se ha reunido en años y ésta tampoco sería la mejor ocasión para hacerlo, pero ante la muerte nos empeñamos en sacar una galería de buenos sentimientos imaginarios y en tratar de convencernos de que lo único que, de verdad, importa es la familia. En la cena después del funeral, Violet, enferma de cáncer terminal en la boca (simbólico), hace una amplia demostración de fuerza, maltratando y abusando emocionalmente de todos y cada uno de sus familiares “más queridos”. La excusa de su infancia de extrema pobreza, abuso y frustración no es suficiente para poder empatizar, ni siquiera mínimamente, con ella. Su sangre es una mezcla de vinagre y hiel. 

Todos los personajes femeninos son muy fuertes; pero no utilizan su fortaleza para ser felices y hacer felices a los demás. Tanto Violet como Mattie Fae son dominantes, agrias, cáusticas y no se entiende como hay hombres que han podido estar a su lado. A partir del reencuentro familiar todos se embarcan en ajustes de cuentas. Todos contra todos: maridos contra mujeres, madres contra hijos e hijas, las tres hermanas entre ellas mismas. Es un no parar de reproches. 

Bárbara, la hija mayor, en plena crisis matrimonial, acaba por descubrir que está a dos minutos de ser igual de abusiva que su madre; Ivy, la mediana, que ronda los 50 años y ha vivido siendo ignorada por todos, está (creo que por primera vez en su vida) enamorada y todo el mundo le dice que no puede ser porque Little Charles, torpe y desempleado, es un perdedor objeto de las burlas de su madre, es más joven que ella, es su primo y además al final resulta ser su medio hermano. Y Karen, la pequeña de las hermanas, cuarentona y eterna adolescente, supone que su actual novio es la última oportunidad que le queda para no terminar su vida sola. 

Paradójicamente son los personajes masculinos los encargados de dar el contrapunto y crear un cierto remanso de paz entre tanto veneno.  Aún en ese ambiente de rencores añejos, queda espacio para una relación de ternura entre un padre y su supuesto hijo, Charles (Chris Cooper) y Little Charles (Benedict Cumberbatch). 

Este año me he matriculado en la asignatura de Sociología de la familia y me ha resultado muy interesante. Ahora estoy esperando los resultados del examen. La familia es el primer ámbito de socialización del individuo y es crucial en su desarrollo posterior porque, en ella, vive las primeras experiencias de justicia y respeto. Clarísimamente puede bloquear al individuo. Aunque las tres hijas de Beverly y Violet formalmente escaparon de ese ambiente nocivo, dominado por la brutalidad de la madre, se han llevado dentro de sí mismas esa estructura de abuso y así están condenadas a repetirlo. Es el poder de reproducción del que hablaba Bourdieu, un sociólogo francés que me interesa mucho. 

Al final de la película parece que definitivamente abandonan a su madre. Pero yo no estoy tan segura de eso. 



jueves, 13 de febrero de 2014

Novela: Daniela Astor y la caja negra de Marta Sanz

La autora.-
Marta Sanz es doctora en Literatura Contemporánea. Cincuentañera o casi. Finalista y ganadora de varios premios literarios, entre ellos el Premio Ojo Crítico de Narrativa en 2001. Otras novelas suyas son: Black, black, black; La lección de anatomía

Sinopsis.-
Catalina y su amiga Angélica se esconden en “la leonera” para jugar y aprender a vivir. Tienen doce años; al mismo tiempo que, dramáticamente, empiezan su transición a la edad adulta, en España se vive la transición política. 

Mi opinión.-
Después de terminar la novela, tengo la necesidad de volverla a leer. Es una lectura muy fluida, pero me queda la sensación de que he pasado por encima de cosas importantes que tengo que recuperar. Quizá porque puede ser considerada retrato de una generación que es la mía. Una sensación muy extraña. 

Es una novela agridulce. Se enlazan dos historias, en realidad dos momentos de la historia de la misma persona. Catalina de 12 años, en primera persona, habla sobre su vida, sus padres, su amiga Angélica y la leonera. Catalina es cruel y retorcida; se siente así porque no soporta a su madre. Construye su identidad de adulta con referentes a los que no respeta. Su padre piensa que manda en su vida y en la de su familia. Su madre no es un ejemplo a seguir porque es de pueblo y una pesada; la madre de Angélica, su mejor amiga, es una profesora que anda todo el día poniendo lavadoras. Así que se aferra a las “monstruas y las centauras”, hechas con recortes de cuerpos de actrices sacadas de las revistas del corazón y encerradas en su cuaderno secreto. 

En la segunda historia, la de las cajas negras que se desarrolla en capítulos alternos con la primera, Catalina ya es una mujer adulta. Está preparando un documental sobre el cine de la transición. Por una parte, estaba el mayoritario cine de destape; por otra, el minoritario de fantaterror. Un género de muy bajo presupuesto que aprovecha las historias clásicas de terror, las vampiras, las zombis y los hombres reprimidos, para incluir un erotismo turbio y sangriento. Tal y como recuerda la autora, en la contrarreforma se utilizaron los temas mitológicos como excusa para que los pintores pudieran "manosear" con los ojos y pintar los cuerpos desnudos de las mujeres y los aristócratas pudieran hurgar en esas carnes generosas, palpitantes y llenas de vida, aunque sólo fuesen de lienzo.

En la transición, cine de destape y de fantaterror cumplieron la misma función. Exhibir a las mujeres para regocijo de los hombres. Un cine “liberador”, pero que para algunas mujeres resultó ser una picadora de carne. Ahora todavía recordamos vagamente a algunas: Susana Estrada y Blanca Estrada, Bárbara Rey, María José Cantudo, Ágata Lys, Amparo Muñoz. Otras se quedaron en el camino con peor suerte. La autora piensa que este tipo de cine era necesario para el país; yo creo que sólo sirvió para enriquecer a hombres de negocios con corbata que siempre salvaguardan su respetabilidad a costa de exhibir y comerciar con mujeres. En realidad, simplemente chulos de putas.

Además, Marta Sanz, con una visión certera, hace herederos de este tipo de cine a los actuales programas de corazón de la televisión, donde siguen perpetuándose algunas de estas actrices.

Es una historia de mujeres. Se ha escrito mucho sobre la adolescencia de los hombres, pero no sobre la de las mujeres. Aunque en realidad Catalina no pasa por la adolescencia, porque debido a sus circunstancias tiene que pegar un estirón de la noche a la mañana. Su situación familiar explota y tiene que asumirlo y hacerse adulta de golpe. Una historia de cómo hacerse mujer, topando con la evidencia (y cuestionándola después) de que son los hombres quienes deciden qué debe ser una mujer, cómo debe comportarse y para qué debe servir. De rabiosa actualidad. 



Daniela Astor y la caja negra 
Marta Sanz
Ed. Anagrama

jueves, 6 de febrero de 2014

Novela: Venían a buscarlo a él de Berta Vías Mahou

La autora.-
Berta Vías Mahou es una escritora y traductora del alemán, cincuentañera. Licenciada en Geografía e Historia, estuvo trabajando como secretaria de dirección. Después de perder el trabajo volvió a la universidad y comenzó sus estudios de traducción. Ha traducido a Zweig, Goethe y Joseph Roth. Con Venían a buscarlo a él, ganó, por unanimidad, el premio literario Dulce Chacón de Narrativa Española. Otras obras suyas: Los pozos de la nieve y Ladera norte.

Sinopsis.-
Los últimos días de Jacques Cormery, alter ego de Albert Camus. El presentimiento de la muerte, los recuerdos de la infancia y la pobreza, el éxito literario, el compromiso moral, la guerra, la brutalidad y la violencia; todo ello se entremezcla con algunos personajes del autor y con fragmentos de sus obras. 

Mi opinión.- 
Se nota que la autora es admiradora de la obra, y también me atrevería a decir, del compromiso moral de Camus. Un compromiso moral de tal exigencia que, después del enfrentamiento por cuestiones políticas, le supuso al autor el rechazo de los suyos y la soledad. Precio que tuvo que pagar por mantener su coherencia en momentos convulsos. 

Jacques Cormery, está en su casa de Lourmarin. Con sus recuerdos, sus ficciones y sus proyectos. Tiene prisa por acabar su actual novela, no sabe por qué. Tiene el presentimiento de la muerte. En sus recuerdos, se entremezclan algunos personajes de sus novelas anteriores. La novela, me ha parecido muy densa, muy corpórea. Sobre todo, la sensación de sentirse perseguido, la sospecha frente a cualquier desconocido que se presenta, el miedo y la amenaza de la muerte. A veces difícil de seguir por los constantes movimientos en el tiempo y los cambios de nombres de algunos personajes. 

Aparentemente, se ha escrito como novela negra pero en realidad es un libro de introspección, que busca la profundidad. Obsesionado por el análisis y la reflexión sobre la violencia, sobre la pena de muerte; hay bandos enfrentados, empeñados unos en deshumanizar a los otros para mantener la tranquilidad de su conciencia, pero todos compartiendo la misma condición moral. En medio de la guerra de Argel, el escritor, francés pobre nacido en Argelia, se ve rechazado por unos y por otros. Para los franceses de la metrópoli, no es lo suficientemente francés, es de origen español y de clase trabajadora; para los argelinos, es un colonialista y por eso mismo, un explotador. Sí, es una novela de encrucijadas, de dimensiones cruzadas que tiran cada una para un lado. 

Ante todo, una reflexión moral. El compromiso moral. Entender de una vez y para siempre, aunque sea difícil, que, terrorista y víctima comparten la misma condición humana; que la irracionalidad del terrorista, también es nuestra irracionalidad. Y es aquí donde Camus se asomó al abismo del dolor; en entender también que el fin no puede justificar nunca los medios, que todas las causas comienzan siendo justas, pero acaban siendo neurosis, borracheras de violencia y destrucción. Y en esa lucidez, se sustenta la frustración de Jacques Cormery (Albert Camus), aunque duela y pueda parecer increíble, asesino y víctima, comparten humanidad. 

Hace días, la sentencia sobre la Doctrina Parot no paraba de salir en las noticias. La prensa, en una actuación desde mi punto de vista irresponsable y amarillista, diariamente nos recordaba el goteo de excarcelaciones, ajustadas a la ley, de criminales rehabilitados o no. Etarras, violadores y asesinos, delincuentes que, por el hecho de serlo, no dejan de tener sus derechos. Anabel Segura, una víctima, y su asesino, se cruzaron por casualidad; compartieron un momento trágico. 20 años después, él está vivo y libre, habla con calma, asume que su crimen no tiene perdón, pero que puede seguir viviendo con esa culpa. Si no se hubieran cruzado en la calle, no habría muerte ni culpa. Es terrible.



Venían a buscarlo a él 
Ed. Acantilado 

viernes, 24 de enero de 2014

Ensayo biográfico: Tiempo de vida de Marcos Giralt Torrente

El autor.-
Marcos Giralt Torrente ganó el Premio Nacional de Literatura 2011 con este libro. Ha escrito sobre todo relatos y narraciones cortas. Es miembro de la Orden de Finnegans, que tiene como único propósito venerar el Ulises de James Joyce. También es crítico literario del suplemento cultural de El país, Babelia. Antes de escribir Tiempo de vida había ganado ya el Premio Herralde de Novela en 1999. El final del amor es su último libro. 

Sinopsis.-
Marcos Giralt Torrente se enfrenta a la muerte de su padre.

Mi opinión.-
Este libro es considerado como ensayo narrativo. No es novela evidentemente, pero tampoco memoria o biografía. El autor desmenuza las relaciones padre-hijo y muestra su propia identidad, apoyándose en la relación/desencuentro con su padre durante toda su infancia y sobre todo en la enfermedad y la muerte de éste. Sin sentimentalismo (pero con un constante reproche), explora la decepción por el abandono de su padre; la pérdida y el duelo, y en ese camino queda totalmente expuesto a merced del lector y de su juicio. 

Es muy consciente durante toda la escritura, de que falta la versión de su padre. Para Giralt Torrente es un libro que debería haber sido escrito entre los dos, pero la muerte lo impidió. Aparece sólo su versión y sus quejas y sus antojos y sus niñerías y su rabia. Es algo que llegaría a cansar, si no estuviese tan bien escrito. 

Durante todo ese “vómito emocional”, mantiene siempre un tono neutro, una cierta frialdad de escalpelo (sobre todo en la primera parte del libro). Algo que ha debido ser muy difícil de conseguir. Tengo siempre una cierta prevención respecto a estos libros de “ajuste de cuentas” con el pasado. Es muy fácil que deriven hacia la queja sensiblera que no me atrae nada. Pero este no ha sido el caso. 

Me ha gustado mucho su manera de escribir. Las abundantes repeticiones al inicio de cada frase, que cada vez se vuelve más corta; resultan como letanías de una oración o como pinceladas con las que recrear la vida que ya no tendrá con su padre. 

Es un libro emocionante, donde también hay sitio para el rencor. Como norma general, no menciona a nadie por su nombre. Parece que quiera mantener su absoluto protagonismo y recurre a definir al resto de intervinientes a través del posesivo, sólo por la relación que mantienen con él. Su padre, su madre, su novia, su mujer, ninguno de ellos tiene nombre. Excepto una, la madrastra, la segunda esposa de su padre, llamada durante todo el libro “la amiga que conoció en Brasil”. Un poco, un personaje de cuento: mezquina, interesada más en el dinero que en su marido, usurera y a la que considera la principal responsable del alejamiento del padre. Yo siempre he pesando que un hombre no se aleja si no quiere. Ella no se ha defendido.



Marcos Giralt Torrente
Tiempo de vida 
Anagrama

jueves, 16 de enero de 2014

Cine: 12 años de esclavitud de Steve McQueen

12 años de esclavitud parece que va a ser Oscar este año; de momento ya ha sido Globo de Oro. No me extraña porque la película es muy buena; lo tiene todo para gustar en Hollywood. Un episodio dramático, buenas interpretaciones y un culpable del horror. 

Es la adaptación cinematográfica de un libro clásico de Estados Unidos. Como se suele decir basado en hechos reales. La autobiografía, del mismo título, fue escrita por Solomon Northup (Chiwetel Ejiofor). Un hombre negro y libre, músico de profesión que vivía en el estado de Nueva York, a mitad del siglo XIX; nacido libre, fue secuestrado y vendido en el sur de Estados Unidos. La película es el relato de su supervivencia. 

Una galería de personajes especulares: el amo bueno, el amo malo; el capataz bueno, el capataz malo. Y Solomon, a quien no le dejan ni utilizar su propio nombre, en medio de ellos; pasando de uno a otro y esperando que el siguiente no sea peor; camuflando su alma de hombre libre y culto a su nueva condición de esclavo. Como es de esperar en una película que aborda la esclavitud, hay escenas explícitas de violencia. Pero no son gratuitas, desde mi punto de vista están plenamente justificadas. Golpes, palizas, vejaciones, abuso sexual, todo muy medido, muy sobrio. Y aunque resulta duro de ver, después de Tarantino ya nadie se puede asustar de la violencia en el cine. 

No quiero decir que sea una película ligera; pero es una película para Hollywood. Es evidente que en una autobiografía no se tiene la obligación de hacer un análisis político-económico de la época, sólo es un testimonio personal. Pero en este caso, si el director, en la película, no nos lleva más allá del relato personal tampoco nos ayudará a entender qué fue la esclavitud. 

A mí hace bastante tiempo que me interesa entender qué fue la esclavitud, por qué surgió y cómo terminó, si es que ha terminado. Así que esta película me ha servido como excusa para buscar información. La esclavitud ha existido siempre y en todas las culturas; los esclavos más frecuentes eran prisioneros de guerra y también los que incurrían en deudas que no podían pagar. Sin embargo, la caza, captura y comercio de personas a gran escala fue posterior y estuvo ligada a un tipo de explotación económica. 

La colonización de Estados Unidos, sobre todo en el sur, posibilitó el cultivo de grandes extensiones de terreno y dada la precaria mecanización de las explotaciones agrarias era necesario tener abundante mano de obra. Cuanto más barata mejor, más competitivos podían ser los precios y mayores beneficios podía obtener el terrateniente capitalista. He leído que uno de ellos, de Luisiana, llegó a tener 700 esclavos; en plantaciones perfectamente jerarquizadas y organizadas. Pero esto era la excepción. Lo normal era que los propietarios tuviesen pocos esclavos, porque eran muy caros. Así que, en realidad, no se trataba tanto de la superioridad de una raza o de la inferioridad de otra; sólo era un asunto de dinero. Nada personal, aparentemente.

El hecho de que uno de los amos de Northup (Michael Fassbender) sea un sádico psicópata y violador, que babea torturando niñas negras, nos lleva por un desfiladero peligroso. Porque nos hace empatizar con los esclavos que han sufrido esa violencia extrema, pero quizá nos impida reconocer la esclavitud cuando no va a acompañada de una violencia tan brutal. Se me ocurre pensar en otro personaje de cine, la esclava Mamie de Lo que el viento se llevó, que cuidaba amorosamente de su señorita Escarlata y regañaba sin ningún miramiento a su señorito Rhett Butler. El amo malo es un sádico violento; el amo bueno ayuda a sus esclavos. Pero no deberíamos olvidar que los dos son amos. 

No creo que la mayoría de amos fuese tan brutal, por una razón muy simple, porque nadie maltrata sus inversiones. Los esclavos eran una maquinaria muy necesaria para los amos y muy cara. La existencia o inexistencia de esa violencia tan brutal, nos puede confundir a la hora de reconocer la esclavitud allí donde esté; porque hoy se sigue produciendo. La esclavitud fue legal. A veces la ley permite aberraciones. Un empresario actual sabe que una persona no puede vivir con un salario de 700 euros al mes, por 8 horas diarias de trabajo, pero no paga más porque la ley se lo permite; también los amos sabían que la esclavitud era un horror moral, pero seguían teniendo esclavos porque la ley se lo permitía. 

En esas condiciones de muerte-en-vida, la pregunta es ¿por qué no se rebelaban los esclavos? Es posible que no lo hicieran porque no había esperanza de mejora. Imposible volver a su tierra de origen. Pero estoy segura de que había otros motivos también. No se puede mantener a mucha gente sometida, durante mucho tiempo sólo a base de violencia; es más efectivo convencerles de que la esclavitud es designio de Dios o que es una etapa intermedia antes de alcanzar la civilización y la libertad o incluso, y mucho más retorcido, los amos podían crear lazos emocionales con los esclavos. Al fin y al cabo les confiaban la crianza de sus hijos. Lazos emocionales mucho más perversos que la violencia psicópata; porque son más difíciles de reconocer y de romper. En España tenemos un ejemplo claro de película por antonomasia sobre la esclavitud emocional y la fidelidad perruna. Los santos inocentes de Mario Camus. 

Esta película me ha hecho pensar mucho. Por eso ya se merece el óscar. Aunque Steve McQueen, el director, ha optado por una narración clásica, buscando “gustar”, no se le puede negar que ha sido valiente. Apoyándose en las interpretaciones de Michael Fassbender y Chiwetel Eijofor, con primeros planos elocuentes que no necesitan palabras, miradas perdidas en el maltrato psicológico pero donde todavía brilla el deseo de vivir. La crítica también ha destacado la actuación de Lupita Nyong’o, la niña esclava Patsy, que hace muñecas con mazorcas de maíz y que ni siquiera es dueña de suicidarse. 



Director: Steve McQueen
Guion: John Ridley sobre la autobiografía de Solomon Northup
Fotografía: Sean Bobbit
Intérpretes: Chiwetel Ejiofor, Michael Fassbender, Lupita Nyong’o, Sarah Paulson, Benedict Cumberbatch, Paul Dano.

jueves, 9 de enero de 2014

Cine: The counselor de Ridley Scott

Cormac McCarthy es un escritor de frontera. No sólo porque la acción de esta película (y de varias de sus novelas) se sitúa en la frontera entre Estados Unidos y México, sino porque además trata de la frontera entre el bien y el mal. Este es el primer guion que escribe, aunque ya ha habido otras versiones en cine de sus novelas: La carretera con Viggo Mortensen y No es país para viejos con Javier Bardem también. 

Ridley Scott es un director controvertido. A veces ha recibido críticas demoledoras por sus películas. A mí siempre me gusta y me convence. Esta vez también. Aunque The counselor es de las películas que no están recibiendo muy buenas críticas, estoy segura de que se revalorizará con el tiempo. Supongo que decepciona porque esperamos que trate de narcotráfico y corrupción. Pero desde el principio, ya intuimos que no va por ahí. Sólo trata de mirar abierta y lo más objetivamente posible al abogado (Fassbender) situado en la frontera. 

Fassbender interpreta a un personaje blanco, no sólo por su aparente inocencia, sino también porque no sabemos mucho de él. Es un abogado norteamericano, pero no parece ser de los triunfadores (y eso en una sociedad como la estadounidense pesa mucho); no trabaja en un gran bufete y parece que tampoco tiene muy buena reputación entre sus anteriores clientes. Sin embargo, él quiere más y siente que merece más. Sobre todo ahora que su novia (Penélope Cruz) ha aceptado casarse con él. Este abogado tiene contacto con personajes turbios y decide meterse (por una única vez) en un negocio con ellos. No es codicia, sólo trata de dar un “pelotazo”, para situarse. Está convencido de que podrá manejar la situación y que podrá retirarse después de esta “colaboración”. 

Aparentemente, es un thriller con el narco como fondo. Pero aquí empieza lo que decepciona al “gran público”. En lugar de centrarse en la acción del narco, el guion (que es excelente) y el director desarrollan una especie de tragedia griega, en la que los personajes del lado oscuro, los colaboradores del narcotráfico, filosofan y se esfuerzan por convencer al abogado de que no se meta, que no podrá controlar la situación y que no podrá salir cuando él quiera. Todos en diferentes escenas le advierten del peligro. Reiner (Javier Bardem) es el primero que le aconseja: los narcos no son psicópatas sanguinarios, no matan por placer, sólo tienen un negocio que defender y unos códigos de comportamiento por los que no admiten fallos. Es una cuestión de orden y supervivencia. Para Westray (Brad Pitt), otro mediador con los narcotraficantes, siempre hay que tener preparada la huida por si acaso, pero no se puede confiar en que la huida salga bien. 

Así que una vez desencadenada la tragedia, a los espectadores y a los personajes sólo nos queda ver y sufrir las consecuencias, porque nada puede detener la rueda del destino. Por más que el abogado se esfuerce en buscar una solución o un intermediario que interceda por él ante los poderes malignos, nada se podrá hacer. Ya le habían avisado; como un personaje se encarga de recordarle, una vez tomada una decisión no se puede volver a atrás porque el mundo en el que se tomó esa decisión ya no existe. Queda apretar los dientes y resistir el golpe o llorar. 

Hay un personaje principal en la película que es muy especial. Malkina (Cameron Díaz), es la novia de Reiner. Siempre me ha parecido que los actores americanos están desaprovechados, que la política de los estudios de cine les obliga a rodar películas y personajes muy parecidos, con poco riesgo; pero una vez que cogen las riendas de su carrera dan la talla. Cameron Díaz en esta película, para mí, ha sido una sorpresa. Es La Muerte; la cazadora depredadora; la mujer que suscita un miedo atávico en el hombre; el mito de la vagina dentata. Y como tal se presenta en la película, acechando a sus presas, felina y elegante. Exhibiendo su genitalidad como una amenaza. Incluso su corte de pelo, perturbadoramente asimétrico, se asemeja a una guadaña. 

Superviviente cueste lo que cueste. Deberíamos de conocer su historia antes de juzgarla. Nada de ella sabemos durante la película, excepto que quizá querría recuperar su inocencia.





viernes, 3 de enero de 2014

Cine: El Hobbit. La desolación de Smaug

Cuando terminó la primera parte de esta trilogía, Bilbo Bolsón se creyó que habían terminado todos sus males, ¡qué iluso! En esta segunda parte no le queda tiempo ni para un respiro. Arañas gigantes, los incansables orcos, la huida en los barriles y el enfrentamiento con Smaug el magnífico, la más grande de las calamidades, el rey bajo la montaña. Aventuras y peligros sin tregua. 

En este episodio ya no es necesario presentar a los personajes. Lo que hace Peter Jackson es meterlos en harina desde el primer momento; salen de un peligro para caer en otro mayor, corriendo sin parar para salvar su vida.  

Lo que me resulta más curioso es que los protagonistas, nuestros héroes, son más de barro que de luz. Los enanos son mezquinos y avaros, quieren recuperar su tesoro; los elfos son arrogantes y clasistas; y Bilbo, siempre es descrito como un raterillo artero y mentirosete. Parece extraño que en un cuento para niños, los personajes sean tan poco “edificantes”. La adaptación de Jackson, definitivamente, no es un cuento para niños y eso me gusta. 

Tauriel es el único personaje limpio. Es una invención de Jackson, ya que en el libro original no había ningún personaje femenino. Supongo que es una concesión para que las feministas no nos quejemos, pero los guionistas lo han presentado bastante bien. Una elfa silvana fuerte, luchadora e inteligente; una pieza del triángulo de amores imposibles que se debate entre Legolas, amor imposible porque es el hijo del rey y Kili, amor imposible por ser un enano. 

Está bien que en una adaptación se incluyan cosas nuevas, nuevas visiones de un libro que se escribió hace 75 años. Sacudirle un poco el polvo y refrescarlo. No me molestan las adaptaciones innovadoras porque que no borran el original y siempre puedes recurrir a él, simplemente dan otra visión diferente. A pesar de estas innovaciones, Jackson ha sido completamente fiel a la hora de presentar a Smaug. Es igual, igual que el dibujo realizado por Tolkien para las primeras ediciones; con tecnología del siglo XXI ha recreado un dibujo de los años 30 del siglo XX. Y ha quedado espléndido. Con mucha personalidad: seductor, sinuoso, aterrador y brutal. Pero, eso sí, para disfrutarlo en todo su esplendor, es imprescindible ver la película en versión original, recrearse con la voz y la interpretación (por capture motion) de Benedict Cumberbatch. 

Es impresionante como le sube el fuego desde las entrañas hasta lanzar las llamaradas; y cuando vuela cubierto de oro líquido y dispuesto a matar a todo el que se ponga por delante, manda toda una declaración de principios para la próxima entrega: “Yo soy la muerte”. 

Muchas culturas incluyen entre sus mitos a los dragones que custodian tesoros o que se comen crudas a las doncellas. No sé si en esta película habría que aplicar algunas de las teorías psicológicas que también estudian el simbolismo del dragón. Pero es significativo que los peligros a los que se tiene que enfrentar Bilbo siempre estén ocultos en la oscuridad, que tenga que meterse en los dominios de otras criaturas, como Gollum o en este caso como Smaug. Con Gollum, Bilbo podía utilizar su verborrea y sus acertijos; pero enfrentarse a Smaug es otra cosa. 

Respecto al resto de personajes, echo de menos a Gollum. Tengo simpatía por este tipo de personajes, perdedores y perdidos. Y el personaje de Radagast, desentona. No me acaba de convencer.

Me quedo esperando que llegue la tercera parte, a ver si supera ésta. La batalla de los cinco ejércitos. La batalla contra el mal, como siempre.