viernes, 28 de marzo de 2014

Novela: El país del miedo de Isaac Rosa

El autor.- 
Nació en Sevilla en 1974. Es también columnista habitual de eldiario.es. Con El país del miedo ganó el Premio Fundación José Manuel Lara en 2008. En 2013 ha publicado la novela La habitación oscura que ha obtenido también el Premio Cálamo. 

Sinopsis.-
Sara y su marido son una pareja española de clase media. No viven en un barrio muy selecto, pero tampoco es un arrabal. Tienen un hijo preadolescente y una vida normal. Sara empieza a notar que le falta dinero y otras pequeñas cosas también desaparecen de su casa. El miedo se instala en sus vidas.

Mi opinión.-
Inquietud es la primera palabra que se me vino a la mente en cuanto terminé de leer esta novela. Y también rabia y un profundo desprecio por el personaje principal y su cobardía.

No me gusta pensar que vivimos en una sociedad del miedo. Pero aunque sea así, no me queda claro si podemos o si queremos hacer algo para salir de ese vértigo. El miedo es útil. En principio, debería servirnos para evitar riesgos de los que no sacaríamos nada. Pero puede ser también una cárcel o puede convertir al miedoso en alguien brutal. Por otra parte, también resulta cómodo dejarse llevar por el miedo y que otro nos solucione los problemas. En todos estos casos, ¿hacemos algo? La mayoría de las veces, nada. Le cambiamos el nombre al miedo y no pasa nada. Le llamamos prudencia o indiferencia y ya podemos padecerlo sin ningún pudor y con toda tranquilidad. 

Isaac Rosa explora todas estas posibilidades en la novela. Dibuja el mapa del país del miedo. Hay dos historias relacionadas: en unos capítulos conocemos la vida cotidiana de Sara, su marido y su hijo, una vez que el miedo se ha instalado en su casa; en capítulos alternos, a través del marido, conocemos todo lo que tenemos que conocer sobre el miedo en general y sobre sus miedos en particular. Las causas del miedo; la violencia, las armas y todas las maneras de herir, infligir dolor y matar; el miedo reverencial; la cartografía del país del miedo, sus espacios, itinerarios, situaciones; la literatura del miedo; instrucciones para delinquir; el origen de los miedos y su aprendizaje. 

También hace que nos enfrentemos a otra cosa que en la novela se dice claramente: “Las respuestas defensivas al miedo generan más miedo”. Una vez que el miedo ha germinado, necesita poco para crecer y hacerse fuerte. Si te colocas frente al miedo, cada vez que das un paso atrás, el miedo da dos pasos al frente. Cualquier cosa lo alimenta: un ruido, una mirada, una palabra soez o amable, da igual. El miedo ya no te necesita para existir, tiene vida propia y se apodera de la tuya. Invade tu mente, tu cuerpo, tu voz. Inhalas miedo, exhalas miedo; masticas miedo, tragas miedo; transpiras miedo; contaminas a los demás con tu miedo y te contaminas con el miedo de los demás. Naces, creces, vives y mueres en una espiral de miedo. 

Es una novela agotadora y excelente porque consigue meterte el miedo en el cuerpo. Desde luego no la recomiendo para leer un ratito en la cama antes de ir a dormir. Te derrota por la sensación de desasosiego, de impotencia ante la cobardía del protagonista; cómo se va dejando dominar por el miedo. Te recuerda los miedos que has sentido y que, todavía, no has superado y el tiempo que pierdes con ellos. 


El país del miedo
Isaac Rosa

Seix Barral

jueves, 20 de marzo de 2014

Cine: Desayuno con diamantes de Blake Edwards

Desayuno con diamantes se basa muy libremente en Breakfast in Tiffany’s de Truman Capote. Si no recuerdo mal el relato de Capote tenía matices importantes de sordidez. Dejando aparte las comparaciones, la película es una comedia romántica deliciosa. Supongo que son los productores los que aplican este tipo de censura tan sutil que impone a los directores los finales felices. De todas maneras, algunos de ellos consiguen esquivar esa censura con muchísima elegancia. Así pasa en esta película: Holly Golightly (Audrey Hepburn) mantiene relaciones con hombres ricos. Son su fuente de ingresos pero abiertamente nunca se dice qué es lo que ella da a cambio. 

El caso es que la manera de vivir americana, el famoso American way of life, se basa, aunque nadie lo diga abiertamente, en la exclusión de la mayoría de la población. Sí que es cierto que para su mitología nacional esa exclusión (que viene de serie) puede evitarse aprovechando las supuestas oportunidades que la vida nos brinda. Otra cosa sería evaluar sí existe en realidad esa igualdad de oportunidades.

Así que esta es la historia de gente joven buscándose la vida. Chico y chica que se encuentran, exclusión y búsqueda de oportunidades vitales, con desarrollo y finales diferentes entre la película y el relato. En la película todo es amor, glamour, diversión, tristeza de la que te ayuda a crecer y algún problemilla que se soluciona rápidamente. Para el relato queda la desesperanza, la sordidez, el fracaso y la separación.

Holly Golightly no es su nombre real, pero es el que ha elegido para vivir su nueva vida en Nueva York. Antes vivía en una granja perdida de un pueblo perdido de un estado perdido en el centro de los Estados Unidos. Estaba casada con un hombre viudo y sus hijastros tenían casi su misma edad.

Cuando se encuentra con Paul, su nuevo vecino, está en un momento crucial. Ha estado viviendo del dinero de los hombres y es consciente que alguna vez ese tipo de vida se acabará; a partir de ahora debe aprovechar cualquier ocasión para hacer una buena boda. Paul Varjak (George Peppard) es un escritor que también está buscándose la vida y necesita un empujón. Empujón que pueden darle sus relaciones con mujeres mayores, también a cambio de dinero. Esta vez el director, Blake Edwards, sí que es explícito.

Pero en esta carrera de obstáculos para conseguir una vida mejor, Paul y Holly chocan con la realidad. Se enamoran y el amor tira por tierra todos sus planes. En ese ambiente de comedia romántica, con sus enfrentamientos y riñas y con sus reconciliaciones y sobre todo con un final feliz, todo lo anterior es sustituido por el amor. Con mucha elegancia; pero también para el que sepa leer entre líneas, con mucha acidez y mordacidad.

Sin embargo, hasta una cierta ñoñería es perdonable sólo por ver a Audrey Hepburn. Luce espectacularmente el vestuario de Givenchy, las pamelas, los guantes y el rojo de labios; aunque destroce (literalmente) la canción emblemática de la película, MoonRiver de Henry Mancini, todo lo hace con una inmensa ternura. 







jueves, 13 de marzo de 2014

Novela: En la orilla de Rafael Chirbes

El autor.-
Rafael Chirbes es valenciano. Nació en 1949. Estudió Historia Moderna y Contemporánea en Madrid y ejerció la crítica literaria durante unos años. En la orilla va a ser adaptada a teatro. Otras obras suyas son Crematorio (Premio de la Crítica año 2007); Mimoun, Finalista del Premio Herralde en 1988.

Sinopsis.- 
Esteban ha trabajado durante toda su vida en la carpintería con su padre. Es un anciano insatisfecho y frustrado. Mira a su alrededor y encuentra que la actual situación de ruina tiene sus raíces en tiempos mucho más lejanos. 

Mi opinión.- 
La novela empieza con el hallazgo de un cadáver en el marjal. Un marjal es una zona pantanosa, próxima al mar que, especialmente en la Comunidad Valenciana, ha sufrido una gran presión urbanística. Creo que el autor, por esto, lo ha elegido casi como otro protagonista más de la novela. En el marjal, sitio de gran riqueza vegetal y animal, también se puede ocultar la muerte y la podredumbre. 

Aprovechando la crisis sufrida, el autor se ha propuesto mostrar las miserias de una manera de vivir, miserias que vienen de muy lejos. Se remonta a la guerra civil y sobre todo a la posguerra, que resultó mucho más demoledora. Los vencedores y los vencidos trasmiten a sus hijos el éxito y el fracaso; independientemente de las decisiones que tomen, los hijos están condicionados, para bien y para mal, por la vida que los padres han llevado.

A la crisis económica-financiera se une la crisis de estos personajes. A veces parece que se trata de una historia de muertos, de gente que nació ya muerta. Que sean el epílogo de la actual crisis sólo es una coincidencia, no una consecuencia. Todos los personajes son sólo voces, que ocupan la mente de Esteban, hijo de un perdedor de la guerra civil; ahora, es un anciano arruinado con la crisis. En este ajuste de cuentas (tardío) con la posguerra, Esteban pone de relieve lo falsa que fue la reconciliación posterior entre los hijos de los vencedores y de los vencidos. 

De alguna manera, Rafael Chirbes pone en el mismo escenario el blanquear dinero o blanquear apellidos o blanquear biografías. Es cierto que nadie debería heredar las culpas de los padres, pero sí tomar consciencia de que su ventaja es injusta. 

Es Esteban el que va hilando los diferentes discursos de los personajes, apenas hay diálogos. Estamos constantemente dentro de su cabeza y él va saltando de un recuerdo a otro. Recordando lo que le dijo su padre, recordando a su tío, a sus hermanos. Todas las voces dentro de su cabeza, todas al mismo tiempo compartiendo el mismo fango.

Hay mucha reflexión doliente, que da qué pensar pero a veces también fatiga. El autor dice que el ritmo de un libro es muy importante; éste sin duda es una espiral hacia abajo, hacia el hundimiento, que atrapa también al lector y no le deja salir. 



Rafael Chirbes
En la Orilla
Anagrama. Narrativas hispánicas

jueves, 6 de marzo de 2014

Cine: Monuments Men de George Clooney

No me ha gustado la película. Sólo salvaría la banda sonora y a Hugh Bonneville. George Clooney es el director, protagonista, coguionista, productor. Parece que ha querido abarcar demasiado y esta vez no le ha salido bien. Es una película que se ha quedado a medio camino de todo; podría ser una comedia, pero le falta ritmo; para alegato sobre los valores fundamentales del ser humano, le falta profundidad; tampoco llega a desarrollar una posible historieta de amor que se queda en un par de guiños insinuantes. 

Parece mentira que con un presupuesto aceptable y ese elenco, Clooney no haya sabido sacar más partido de la historia. Nada funciona. 

Los personajes son muy planos. No tienen historia que contar, no tienen pasado. De una descripción apresurada podemos intuir que se conocían de antes, pero no sabemos qué relación habían tenido; existen piques entre ellos pero tampoco sabemos por qué. Por más que se base en una novela, basada en hechos reales, no tiene carne. Es un guion escrito muy deprisa. Los únicos personajes que tienen una cierta entidad son los de Hugh Bonneville y Cate Blanchet. 

Hugh Bonneville interpreta al teniente Jeffries, y consigue trasmitir un poco de su zozobra interior, sus problemas con la bebida y su redención final en una carta conmovedora que escribe a su padre. Cate Blanchet es Claire Simone, trabaja para los nazis y colabora con la resistencia. Eso la colocaría en una posición excepcional para poder aportar más a la película, pero no es así. 

Los demás actores están muy desaprovechados; en realidad no veo a los personajes, veo a los actores que se pasean por escenarios muy logrados. Hay conatos de comedia a los que les falta intensidad; no hay suspense, no hay riesgo. Al final la película resulta entretenida, pero porque es George Clooney y su plantel de amiguetes. Y porque de alguna manera, a los que tenemos una cierta edad, nos recuerda a las películas de los años 50, que veíamos en la televisión las tardes del sábado comiendo pipas. Esas películas de Gary Cooper (que estás en los cielos, como diría Pilar Miró) o Burt Lancaster; que después nos hemos enterado que estaban financiadas por el gobierno de los Estados Unidos, como propaganda, para que los espectadores a la salida del cine, comprasen bonos de guerra, ¡ay! 

El planteamiento de la película sería muy bueno, pero el resultado no me lo parece. George Clooney, el teniente Stokes, consigue convencer al presidente de los Estados Unidos de que salvar las principales obras de arte de Europa es igual que salvar a la humanidad. Porque en las pinturas y en las esculturas de los últimos veinte siglos está lo mejor del ser humano. 

Pero debería haber insistido más en la que, según mi opinión, es la principal idea de la película: la absoluta, previsible, incondicional e inexorable vulgaridad de los palurdos nazis, borrachos de poder. Robando a saco no porque sepan apreciar el arte en sí mismo, sino porque seguramente les han dicho que vale mucho dinero. Está claro, nadie me podrá convencer de otra cosa, que no eran grandes amantes del arte. Nadie que desprecie al ser humano como lo hacían los nazis, pueden apreciar una pintura o una escultura por su valor, sino por su precio. Si no fuera así, hubiesen sabido respetar el talento de los artistas que llamaron “degenerados”,  en lugar de quemar sus obras como hacían con los libros, ¡maldición eterna para los palurdos! 




jueves, 20 de febrero de 2014

Cine : Agosto. Osage County de John Wells

Agosto. Osage County es una obra teatral llevada ahora al cine por John Wells. Está en la tradición de obras que sondean en las explosivas relaciones de familias disfuncionales, como las de Tennessee Williams. La obra de teatro original es de Tracy Letts y con ella ganó el premio Pulitzer en 2008; el mismo autor se ha encargado de la adaptación al cine. 

Una historia de mujeres que yo pensaba también que estaba escrita por una mujer, dados mis limitados conocimientos de inglés. Pero parece que Tracy también puede ser nombre de hombre. Debe ser difícil trasladar toda la intensidad de una obra teatral al cine; pero además en este caso se trata de una familia disfuncional con todas las disfuncionalidades (y alguna más) que haya acreditadas en el mundo. Por eso a pesar de las sólidas interpretaciones de actores muy consagrados resulta excesiva. 

Osage County pertenece a Oklahoma, lo que es lo mismo que hablar de la América profunda. Grandes extensiones de tierra, una densidad de población muy baja y un alto índice de pobreza.  

La excusa para convocar a esta familia es la muerte (aparentemente suicidio, pero no queda claro) del patriarca. Beverly Weston (Sam Shepard) ha sido poeta y profesor en la universidad, siempre viviendo al borde de su vaso de whiskey; Violet Weston (Meryl Streep), su esposa, está enferma de cáncer; es brutal, pastillera y borracha. Beverly y Violet han tenido tres hijas: Bárbara (Julia Roberts), Ivy (Julianne Nicholson) y Karen (Juliette Lewis). Otro personaje importante es Mattie Fae, la hermana de Violet, igualmente brutal. 

El calor sofocante del mes de agosto acompaña al duelo por la muerte de Beverly. La familia no se ha reunido en años y ésta tampoco sería la mejor ocasión para hacerlo, pero ante la muerte nos empeñamos en sacar una galería de buenos sentimientos imaginarios y en tratar de convencernos de que lo único que, de verdad, importa es la familia. En la cena después del funeral, Violet, enferma de cáncer terminal en la boca (simbólico), hace una amplia demostración de fuerza, maltratando y abusando emocionalmente de todos y cada uno de sus familiares “más queridos”. La excusa de su infancia de extrema pobreza, abuso y frustración no es suficiente para poder empatizar, ni siquiera mínimamente, con ella. Su sangre es una mezcla de vinagre y hiel. 

Todos los personajes femeninos son muy fuertes; pero no utilizan su fortaleza para ser felices y hacer felices a los demás. Tanto Violet como Mattie Fae son dominantes, agrias, cáusticas y no se entiende como hay hombres que han podido estar a su lado. A partir del reencuentro familiar todos se embarcan en ajustes de cuentas. Todos contra todos: maridos contra mujeres, madres contra hijos e hijas, las tres hermanas entre ellas mismas. Es un no parar de reproches. 

Bárbara, la hija mayor, en plena crisis matrimonial, acaba por descubrir que está a dos minutos de ser igual de abusiva que su madre; Ivy, la mediana, que ronda los 50 años y ha vivido siendo ignorada por todos, está (creo que por primera vez en su vida) enamorada y todo el mundo le dice que no puede ser porque Little Charles, torpe y desempleado, es un perdedor objeto de las burlas de su madre, es más joven que ella, es su primo y además al final resulta ser su medio hermano. Y Karen, la pequeña de las hermanas, cuarentona y eterna adolescente, supone que su actual novio es la última oportunidad que le queda para no terminar su vida sola. 

Paradójicamente son los personajes masculinos los encargados de dar el contrapunto y crear un cierto remanso de paz entre tanto veneno.  Aún en ese ambiente de rencores añejos, queda espacio para una relación de ternura entre un padre y su supuesto hijo, Charles (Chris Cooper) y Little Charles (Benedict Cumberbatch). 

Este año me he matriculado en la asignatura de Sociología de la familia y me ha resultado muy interesante. Ahora estoy esperando los resultados del examen. La familia es el primer ámbito de socialización del individuo y es crucial en su desarrollo posterior porque, en ella, vive las primeras experiencias de justicia y respeto. Clarísimamente puede bloquear al individuo. Aunque las tres hijas de Beverly y Violet formalmente escaparon de ese ambiente nocivo, dominado por la brutalidad de la madre, se han llevado dentro de sí mismas esa estructura de abuso y así están condenadas a repetirlo. Es el poder de reproducción del que hablaba Bourdieu, un sociólogo francés que me interesa mucho. 

Al final de la película parece que definitivamente abandonan a su madre. Pero yo no estoy tan segura de eso. 



jueves, 13 de febrero de 2014

Novela: Daniela Astor y la caja negra de Marta Sanz

La autora.-
Marta Sanz es doctora en Literatura Contemporánea. Cincuentañera o casi. Finalista y ganadora de varios premios literarios, entre ellos el Premio Ojo Crítico de Narrativa en 2001. Otras novelas suyas son: Black, black, black; La lección de anatomía. 

Sinopsis.-
Catalina y su amiga Angélica se esconden en “la leonera” para jugar y aprender a vivir. Tienen doce años; al mismo tiempo que, dramáticamente, empiezan su transición a la edad adulta, en España se vive la transición política. 

Mi opinión.-
Después de terminar la novela, tengo la necesidad de volverla a leer. Es una lectura muy fluida, pero me queda la sensación de que he pasado por encima de cosas importantes que tengo que recuperar. Quizá porque puede ser considerada retrato de una generación que es la mía. Una sensación muy extraña. 

Es una novela agridulce. Se enlazan dos historias, en realidad dos momentos de la historia de la misma persona. Catalina de 12 años, en primera persona, habla sobre su vida, sus padres, su amiga Angélica y la leonera. Catalina es cruel y retorcida; se siente así porque no soporta a su madre. Construye su identidad de adulta con referentes a los que no respeta. Su padre piensa que manda en su vida y en la de su familia. Su madre no es un ejemplo a seguir porque es de pueblo y una pesada; la madre de Angélica, su mejor amiga, es una profesora que anda todo el día poniendo lavadoras. Así que se aferra a las “monstruas y las centauras”, hechas con recortes de cuerpos de actrices sacadas de las revistas del corazón y encerradas en su cuaderno secreto. 

En la segunda historia, la de las cajas negras que se desarrolla en capítulos alternos con la primera, Catalina ya es una mujer adulta. Está preparando un documental sobre el cine de la transición. Por una parte, estaba el mayoritario cine de destape; por otra, el minoritario de fantaterror. Un género de muy bajo presupuesto que aprovecha las historias clásicas de terror, las vampiras, las zombis y los hombres reprimidos, para incluir un erotismo turbio y sangriento. Tal y como recuerda la autora, en la contrarreforma se utilizaron los temas mitológicos como excusa para que los pintores pudieran "manosear" con los ojos y pintar los cuerpos desnudos de las mujeres y los aristócratas pudieran hurgar en esas carnes generosas, palpitantes y llenas de vida, aunque sólo fuesen de lienzo.

En la transición, cine de destape y de fantaterror cumplieron la misma función. Exhibir a las mujeres para regocijo de los hombres. Un cine “liberador”, pero que para algunas mujeres resultó ser una picadora de carne. Ahora todavía recordamos vagamente a algunas: Susana Estrada y Blanca Estrada, Bárbara Rey, María José Cantudo, Ágata Lys, Amparo Muñoz. Otras se quedaron en el camino con peor suerte. La autora piensa que este tipo de cine era necesario para el país; yo creo que sólo sirvió para enriquecer a hombres de negocios con corbata que siempre salvaguardan su respetabilidad a costa de exhibir y comerciar con mujeres. En realidad, simplemente chulos de putas.

Además, Marta Sanz, con una visión certera, hace herederos de este tipo de cine a los actuales programas de corazón de la televisión, donde siguen perpetuándose algunas de estas actrices.

Es una historia de mujeres. Se ha escrito mucho sobre la adolescencia de los hombres, pero no sobre la de las mujeres. Aunque en realidad Catalina no pasa por la adolescencia, porque debido a sus circunstancias tiene que pegar un estirón de la noche a la mañana. Su situación familiar explota y tiene que asumirlo y hacerse adulta de golpe. Una historia de cómo hacerse mujer, topando con la evidencia (y cuestionándola después) de que son los hombres quienes deciden qué debe ser una mujer, cómo debe comportarse y para qué debe servir. De rabiosa actualidad. 



Daniela Astor y la caja negra 
Marta Sanz
Ed. Anagrama

jueves, 6 de febrero de 2014

Novela: Venían a buscarlo a él de Berta Vías Mahou

La autora.-
Berta Vías Mahou es una escritora y traductora del alemán, cincuentañera. Licenciada en Geografía e Historia, estuvo trabajando como secretaria de dirección. Después de perder el trabajo volvió a la universidad y comenzó sus estudios de traducción. Ha traducido a Zweig, Goethe y Joseph Roth. Con Venían a buscarlo a él, ganó, por unanimidad, el premio literario Dulce Chacón de Narrativa Española. Otras obras suyas: Los pozos de la nieve y Ladera norte.

Sinopsis.-
Los últimos días de Jacques Cormery, alter ego de Albert Camus. El presentimiento de la muerte, los recuerdos de la infancia y la pobreza, el éxito literario, el compromiso moral, la guerra, la brutalidad y la violencia; todo ello se entremezcla con algunos personajes del autor y con fragmentos de sus obras. 

Mi opinión.- 
Se nota que la autora es admiradora de la obra, y también me atrevería a decir, del compromiso moral de Camus. Un compromiso moral de tal exigencia que, después del enfrentamiento por cuestiones políticas, le supuso al autor el rechazo de los suyos y la soledad. Precio que tuvo que pagar por mantener su coherencia en momentos convulsos. 

Jacques Cormery, está en su casa de Lourmarin. Con sus recuerdos, sus ficciones y sus proyectos. Tiene prisa por acabar su actual novela, no sabe por qué. Tiene el presentimiento de la muerte. En sus recuerdos, se entremezclan algunos personajes de sus novelas anteriores. La novela, me ha parecido muy densa, muy corpórea. Sobre todo, la sensación de sentirse perseguido, la sospecha frente a cualquier desconocido que se presenta, el miedo y la amenaza de la muerte. A veces difícil de seguir por los constantes movimientos en el tiempo y los cambios de nombres de algunos personajes. 

Aparentemente, se ha escrito como novela negra pero en realidad es un libro de introspección, que busca la profundidad. Obsesionado por el análisis y la reflexión sobre la violencia, sobre la pena de muerte; hay bandos enfrentados, empeñados unos en deshumanizar a los otros para mantener la tranquilidad de su conciencia, pero todos compartiendo la misma condición moral. En medio de la guerra de Argel, el escritor, francés pobre nacido en Argelia, se ve rechazado por unos y por otros. Para los franceses de la metrópoli, no es lo suficientemente francés, es de origen español y de clase trabajadora; para los argelinos, es un colonialista y por eso mismo, un explotador. Sí, es una novela de encrucijadas, de dimensiones cruzadas que tiran cada una para un lado. 

Ante todo, una reflexión moral. El compromiso moral. Entender de una vez y para siempre, aunque sea difícil, que, terrorista y víctima comparten la misma condición humana; que la irracionalidad del terrorista, también es nuestra irracionalidad. Y es aquí donde Camus se asomó al abismo del dolor; en entender también que el fin no puede justificar nunca los medios, que todas las causas comienzan siendo justas, pero acaban siendo neurosis, borracheras de violencia y destrucción. Y en esa lucidez, se sustenta la frustración de Jacques Cormery (Albert Camus), aunque duela y pueda parecer increíble, asesino y víctima, comparten humanidad. 

Hace días, la sentencia sobre la Doctrina Parot no paraba de salir en las noticias. La prensa, en una actuación desde mi punto de vista irresponsable y amarillista, diariamente nos recordaba el goteo de excarcelaciones, ajustadas a la ley, de criminales rehabilitados o no. Etarras, violadores y asesinos, delincuentes que, por el hecho de serlo, no dejan de tener sus derechos. Anabel Segura, una víctima, y su asesino, se cruzaron por casualidad; compartieron un momento trágico. 20 años después, él está vivo y libre, habla con calma, asume que su crimen no tiene perdón, pero que puede seguir viviendo con esa culpa. Si no se hubieran cruzado en la calle, no habría muerte ni culpa. Es terrible.



Venían a buscarlo a él 
Ed. Acantilado