Sahar Delijani nació en la prisión de Evin en Teherán, 1983.
Cuando era adolescente sus padres decidieron emigrar a Estados Unidos en busca
de futuro y una vida mejor para sus hijos. En Berkeley, Delijani estudió
Literatura Comparada. A la sombra del
árbol violeta es su primera novela.
Mi opinión.-
Una de las protagonistas nace también en la prisión de Evin
y termina viviendo el exilio en Italia. Es, pues, una novela autobiográfica. La
primera novela de la autora se nutre de su experiencia de la represión, la
violencia y el exilio. Para ser exactos es la experiencia de varios miembros de
su familia. Encarcelados, ajusticiados y exiliados. Algo que se repite
habitualmente en los regímenes autoritarios como es el de la República Islámica
de Irán.
En esta novela hay momentos verdaderamente intensos y
dolorosos, descritos de una manera muy poética. Pero al mismo tiempo, hay
tantos personajes y tantas historias que me ha resultado difícil de seguir. La autora
ha repartido sus experiencias en varios personajes emparentados entre ellos, de
manera que las historias se desarrollan independientemente; pero hay tantos
saltos en el tiempo y tan fragmentados que a veces no se siente la necesidad de
continuar con la lectura.
La realidad de la prisión de Evin
Por otra parte, yo hubiera necesitado también una
descripción del contexto sociopolítico, que dio lugar a esa represión tan
brutal durante 30 años; o que, al menos, aparecieran personajes del otro bando.
Pero no hay nada de eso. Poco sabemos de la represión iraní concretamente y aunque
tampoco tiene porqué ser diferente de cualquier otra represión surgida de un estado
totalitario y excluyente, hubiese sido necesario para completar la vida de
desarraigo y de muerte por motivos políticos. Y también para entender cómo
muchos iraníes, activistas durante la revolución contra el sha, que querían
modernizar el país, se sintieron traicionados una vez que la revolución se
mostró tan intolerante.
Jacarandá
Es una novela de esperanza y de mujeres muy fuertes. Todos tratan de mantener la
lucha por la libertad continuamente porque en cierta manera, aunque los padres
intentan evitarlo, los hijos heredan ese capital de represión y lucha. Los
padres ocultan su historia en la cárcel, pero los hijos tarde o temprano la
descubren y necesitan conocer su pasado para poder entender su presente en
otros países, en otras culturas. Algunos de ellos ya no sienten deseos de
volver a Irán, pero sí interés por cómo evolucionará la situación política. Al fin
y al cabo, como dice la autora en una entrevista, Reza Sha obligó a las mujeres
iraníes a quitarse el velo para poder salir a la calle y los ayatolás las
obligaron a ponérselo si querían salir; pero la verdadera libertad está en que cada mujer elija si quiere llevar velo o no.
Méliés nació en París en 1861 y es reconocido como uno de
los pioneros del cine, especialmente en lo que se refiere a cine fantástico y
efectos especiales. Fue de los primeros en utilizar la doble exposición y el stop trick. Había sido mago e
ilusionista, pero consideraba que el cine debía ser mucho más que una sucesión
de trucos de magia más propios del teatro de variedades. Experimentó también
con el uso de robots y autómatas.
Llegó a construir su propio estudio cinematográfico, del que
en esta exposición se puede contemplar una maqueta y en 1900 fundó también el
primer sindicato de cineastas. Ya después de la Primera Guerra Mundial su cine
deja de interesar y empieza su decadencia. En 1925 se casó con una actriz que había
trabajado con él y regentaron juntos una tienda de juguetes y chucherías. Después
los surrealistas le considerarían un autor de culto y para minorías. Sigue
siendo una influencia clara en los cineastas del siglo XX, por ejemplo en El mago de Oz de Víctor Fleming y
recientemente, en 2011, Martin Scorsese le ha recordado en La invención de Hugo.
La exposición comienza con las influencias que tuvo Méliés.
Ya en el siglo XVIII era frecuente que nobles y aristócratas se divirtieran en
verano proyectando sombras e imágenes (más o menos truculentas) en los jardines
de sus mansiones. Las fantasmagorías eran trucos ópticos muy elaborados que
entusiasmaron a los franceses que habían vivido la Revolución Francesa. Sería
que para espantar el horror de la guillotina debían hacer que un esqueleto con
guadaña provocase carcajadas.
Y también hay un par de praxinoscopios para que el público
pueda ver qué fácil es crear la ilusión del movimiento de una imagen, una vez
que tienes unos cuantos espejos colocados en el ángulo correcto.
Se pueden contemplar también fotografías, dibujos y grabados,
maquetas, objetos y decorados que utilizó en sus películas e incluso una capa
de mago (que el mismo Merlín hubiese vestido gustoso) que Méliés utilizó en sus
películas; pieza esencial de la exposición es el autómata hilo conductor de la
película La invención de Hugo.
Méliés fue un hombre muy imaginativo y curioso. Segundo de
Chomón (turolense nacido en 1871) otro pionero del cine, también trabajó con él
y juntos experimentaron con la energía eléctrica cuando se consideraba casi un
invento del diablo. Sin embargo, los hermanos Lumière no le tuvieron en mucha estima porque consideraban que el cine debía ser algo más serio: cine
documental frente a cine de evasión y divertimento. Este es un debate que
todavía no ha terminado.
Una exposición muy recomendable. Didáctica y muy divertida,
también para ir con niños. Se ha llevado a cabo con la colaboración de la Cinémathèque Française.
No podemos ponernos en el lugar de una persona que percibe
cómo va perdiendo su memoria y sus capacidades. Si además esta persona es
admirada por haber sido una de las inteligencias más agudas y perspicaces que
hayan existido aunque sea en la ficción, la angustia de esa pérdida todavía es
más dolorosa. El deterioro de la vejez es algo a lo que, con suerte, todos nos
tendremos que enfrentar.
Esta película es la adaptación de una novela escrita por
Mitch Cullin, A Slight Trick of
the Mind, y no en un relato de Conan Doyle. Sherlock Holmes vive
apartado de la vida pública en Sussex y ya es 1947. Está solo, el doctor Watson
murió hace tiempo y como es sabido él nunca se casó ni tuvo hijos. Su hermano
mayor, Mycroft, quizá haya muerto también. De él se ocupa un ama de llaves
(Laura Linney) y su hijo (Milo Parker). Mr Holmes se enfrenta a la pérdida de
sus capacidades intelectuales. La memoria le falla, no consigue recordar un
caso que Watson no contó correctamente, pero Roger el hijo de su asistenta es
el acicate que necesita para que las piezas vuelvan a encajar.
Relacionarse con este niño preadolescente le dará la
vitalidad necesaria. Además Roger será el punto donde confluyan las tres líneas
narrativas de la película: Roger le impulsará a que resuelva el caso que tiene
pendiente; en su relación con Roger intentará corregir el error del joven
japonés a quien privó de su padre; y Roger y su madre serán su familia a partir
de ese momento, paliando la soledad de su vejez. En la película saltar de una línea a otra no era fácil, sobre todo porque suponían envejecimientos y
rejuvenecimientos del protagonista, posibles gracias a un magnífico maquillaje.
Pero en esta película, lo verdaderamente importante no es
Holmes, como gran detective, ni la intriga de un viejo caso sin resolver; es la humanización del personaje, abrumadoramente solo en
su vejez. Un personaje que se enfrenta a los errores que cometió y al reproche
que los desconocidos pueden hacerle por el sufrimiento que indirectamente les
causó. Y también el personaje del ama de llaves, interpretada por Laura Linney. Es
una viuda de mediana edad con un hijo pequeño al que sacar adelante. Apenas
sabe leer ni escribir, así que sus puestos de trabajo serán siempre de baja
cualificación. Dispuesta a sacrificarse por su hijo, no quiere que éste se
encariñe demasiado con un viejo a las puertas de la muerte. Considera que su
hijo ya ha sufrido por la muerte de su padre en la guerra y que no tiene que sufrir ninguna otra pérdida. Al final, esta señora tendrá que volver a aprender
cómo comprometerse con alguien, aunque se pueda sufrir.
Es una película también sobre la invención de los recuerdos.
Sobre cémo nuestro pensamiento cocina una realidad para que se ajuste más a nuestras necesidades. En
ese sentido nos quedamos con la duda de si lo que Holmes empieza a recordar no
será otra vez de su invención (aunque ni siquiera él lo sepa).
Director: Bill Condon
Guion: Jeffrey Hatcher (adaptación de la novela de Mitch Cullin)
Música: Carter Burwell
Fotografía: Tobías A. Schliessier
Intérpretes: Ian McKellen, Milo Parker, Laura Linney
Quien roba a un ladrón… ya sabemos lo que sigue. El Uruguayo
ha planeado un robo (con la ayuda de alguien) casi perfecto; le ayudan a
llevarlo a cabo el Gallego y otros compinches que no tienen muchas luces. El
día elegido sale lluvioso; más que eso, llueve a cántaros. Lo que, en
principio, sólo complica un poco las cosas o quizá un mucho. Es importante señalar que el banco está en Valencia, foco de corrupción
declarado, así que no se trata de robar sólo dinero.
Por estas complicaciones los atracadores se ven obligados a
coger rehenes. Y en ese microcosmos cerrado, se concentra una pequeña muestra
de personajes más atrapados por las circunstancias sociopolíticas que por los propios atracadores. La directora del banco (Patricia
Vico) acaba de ser despedida, después de que durante años se haya dedicado a vender
productos financieros de mierda a clientes incautos para que el banco terminase
arruinado por su propio consejo de administración; hay una joven pareja que no puede
pagar la hipoteca porque se ha quedado sin trabajo; además el empleado pelota que se
encarga de dar la alarma y complicar el asalto. Y los atracadores son de traca. Atracadores de
ida y vuelta que lo mismo dan un golpe en Argentina que en España. El Uruguayo (Rodrigo
de la Serna) parece un profesional pero va a resultar un ingenuo al que se la
dan con queso. Y el Gallego (Luis Tosar) parece un poco más inteligente, pero al final también cae.
Porque los atracadores son malotes sin doblez ni apenas
maldad; pero en la parte de los buenos
las cosas ya no están tan claras. El jefe de gabinete (Raúl Arévalo) es un poco
turbio y el negociador de la Guardia Civil (Jose Coronado) es capaz de arreglar
todos los problemas cueste lo que cueste y muera quien muera, especialmente si mueren quienes amenazan a sus amigotes corruptos.
La clave para salir bien parados del atraco frustrado es una
caja de seguridad que custodia un disco duro muy comprometedor. Chanchullo,
corrupción, fotos, vídeos, todo lo que pueda relacionar a políticos de alto rango
con empresarios sin escrúpulos; todo lo que puede hacer caer a un gobierno
frágil. Sin embargo, como los sinvergüenzas siempre escapan, este gobierno de corruptos tendrá como salvador
involuntario a uno de los atracadores, con menos luces que un candil apagao.
La película mantiene la tensión. Tiene
golpes de comedia pura y también es muy sentimental, hasta los atracadores se
hacen confesiones y se ponen en plan osito de peluche. Perdedores con buen
corazón. Pero también da puñetazos en la mesa y pone las cosas en su sitio,
aunque hacer una crítica de la estafa financiera que vivimos desde hace unos
años no sea su finalidad y a la hora de la verdad los malos sigan ganando.
Director: Daniel Calparsoro
Guión: Jorge Guerricaechevarría
Música: Julio de la Rosa
Fotografía: Josu Inchaustegui
Intérpretes: Rodrigo de la Serna, Luis Tosar, Raúl Arévalo, Patricia Vico, Jose Coronado y Joaquín Furriel.
Edith Wharton nació en Nueva York en 1862. De clase alta,
recibió una esmerada educación y tuvo un talento especial para la escritura.
Fue una mujer libre. Se casó y acabó divorciándose por las continuas
infidelidades de su marido; tuvo amantes, hombres y mujeres, para escándalo de
su privilegiada clase social. Durante la I Guerra Mundial vivió en Francia y
fue condecorada con la Legión de Honor por su dedicación y ayuda a los
refugiados y heridos en el frente. Murió en Francia en 1937. Otras obras suyas:
La edad de la inocencia, La casa de la
alegría, Un hijo en el frente. En 1930 escribió Back to Compostela, un ensayo inacabado sobre sus viajes de 1925 y
1928 por el Camino de Santiago.
Mi opinión.-
The other two es un relato breve pero magistral. En las
novelas y relatos de esta autora la alta burguesía neoyorquina es el personaje
principal y Wharton no pierde ninguna oportunidad para resaltar su frivolidad y
rigidez, utilizando toda la ironía de la que es capaz para ponerlos un poco en
ridículo. Eso pasa en este cuento.
El señor Waythorn acaba de casarse con Alice y al principio
no siente ninguna preocupación por el hecho de que ella se haya divorciado ya
otras dos veces. Es algo que a su entorno tampoco parece preocuparle. Al fin y
al cabo viven en 1904 y la sociedad ha evolucionado. Pero las cosas empiezan a
cambiar cuando vuelven de su luna de miel y por diversas circunstancias los
exmaridos empiezan a tener, cada vez más, una presencia regular en sus vidas. Waythorn
no sabe cómo manejar esta situación.
Alice y su primer marido tuvieron una hija, Lily, que vive
con el nuevo matrimonio. Al caer enferma, el señor Haskett acude a visitarla.
Este primer exmarido es, visiblemente, de rango social inferior al de Waythorn,
pero lo que más le desconcierta es que no es grosero ni bruto como él se había
imaginado o como Alice le había hecho creer. Al revés se trata de un hombre
indefenso y tímido. Lo que más molesta a Waythorn es que se da cuenta de que Alice
también ha pertenecido a ese mundo social inferior.
Gus Varick, el segundo exmarido, fue quien le dio a Alice el
impulso suficiente para su ascenso social. A lo largo de la historia Waythorn
se da cuenta de que la imagen que se había hecho de Alice no es la real. No es
que empiece a odiarla sino que la relación que Waythorn mantiene con sus
predecesores le da una imagen completamente distinta de la que se había hecho
de Alice. No la juzga, pero empieza a considerarla como un poco “trepa”.
Quinta Avenida. Nueva York
He leído algunas críticas sobre este cuento, en las que
consideran que el personaje de Alice simboliza una especie de evolución
darwinista. Una mujer que es capaz de elegir el marido que le conviene en cualquier
momento y dejarlo cuando encuentra otro que le ofrece una posición mejor. Una
acción egoísta, sin duda, pero que como estrategia de adaptación funciona
perfectamente. Su pragmatismo le procura cada vez una mejor posición social
para ella y su hija; sin que, por otra parte, perjudicar a sus maridos anteriores.
Waythorn, al menos aparentemente, supera sus inseguridades y
el relato termina con los cuatro personajes tomando civilizadamente el té en
casa de Waythorn. Muy british a pesar de ser una autora estadounidense.
El director Ned Benson presentó en el Festival de Toronto dos
películas relacionadas La desaparición de
Eleanor Rigby. El y Ella. Esta versión completa formada por las dos películas,
por presiones de la industria, no se exhibió en las salas comerciales. No se
trataba de primera y segunda parte, sino de la visión subjetiva de cada uno de los
personajes sobre un acontecimiento crucial y trágico de su vida. Para los cines
se preparó una versión única titulada La
desaparición de Eleanor Rigby. Ellos. Ahora en algunos cines comerciales y
en DVD se ha editado la idea original del autor.
El punto de partida
de las películas es la superación de la muerte de un hijo. Conor y Eleanor
sufren la pérdida de su bebé y ambos afrontan este hecho de manera diferente.
Eran una pareja de jóvenes enamorados, llenos de ilusión y proyectos. Todo su
entorno les veía como una sólida pareja y ahora, a partir de la muerte del niño, cada uno tiene que recomponerse a sí mismo antes de intentar recomponer su vida
en común.
En La desaparición de
Eleanor Rigby. Él, Conor (James McAvoy) se enfrenta a esta situación sin
alejarse de su entorno más próximo. Continúa con su trabajo, es el propietario
de un pequeño restaurante y está endeudado hasta las cejas; sigue viendo a sus
mismos amigos, incluso su amigo íntimo es su socio en el restaurante. Por el contrario, su mujer
Eleanor está encerrada en sí misma, ausente de la vida, y la comunicación con
ella es imposible. Para Conor su dedicación al trabajo es una manera de
recuperarse del dolor. Parece una actitud más pragmática que su mujer no entiende.
En La desaparición de
Eleanor Rigby. Ella, conocemos el punto de partida de Eleanor (Jessica
Chastain). Al contrario que Conor, Jessica decide salir huyendo. Primero
intenta suicidarse, después abandona a Conor y se refugia en casa de sus
padres. Allí se enfrentará a la idea que otras mujeres tienen de la maternidad.
En primer lugar, su madre (Isabelle Huppert), una mujer que vive sus
frustraciones con la serenidad que el alcohol le da y que le confiesa, sin maldad y sin ninguna intención de torturarla, que
nunca quiso tenerla, que se quedó embarazada y que era incapaz de cuidar a nadie
porque tenían que cuidarla a ella. Después su profesora de universidad (Viola
Davis), una mujer de unos 50 años que apenas ve a su hijo y que le confiesa,
con un cierto cinismo, que hagas lo que hagas los hijos siempre te acusarán de
no haber hecho suficiente, de no haber hecho nada o de haberlo hecho todo mal.
Conor y Eleanor también se reconocen en los fracasos de sus
padres; entienden que no hay seguridades en la vida y que todo se puede
desmoronar en un segundo al mismo tiempo que en el segundo siguiente todo
vuelve a encajar, si no perfectamente sí al menos con la posibilidad de que la
rueda vuelva a girar. Aprender que, a veces, alejarse no es tan mala opción.
La acción se desarrolla en Nueva York y en esta película, la
ciudad también recupera su escala humana. La gente va a trabajar a pie o en bicicleta,
no es extraño que andando por la calle te encuentres a un amigo, el ruido del
tráfico no es atronador y nunca estás solo. Los colores acompañan también el
duelo de los protagonistas. En la primera película, El, el azul y los grises; en la segunda, tonos más cálidos para ella.
Dirección y Guión: Ned Benson
Música: Son Lux
Fotografía: Christopher Blauvelt
Intérpretes: Jessica Chastain, James McAvoy, William Hurt, Isabelle Hupert, Viola Davis
Las fotografías aéreas de carreteras enlazadas y superpuestas donde circulan, en todas direcciones e incesantemente, coches perfectamente
sincronizados, pueden parecer una metáfora de la vida. Aparentemente son
coches limpios, que guardan la distancia
de seguridad, marchan ordenados, siguiendo una coreografía impuesta y a salvo
siempre que respeten las normas. Esa es la imagen que me queda de esta serie.
Que siempre que respetes las normas tendrás tu sitio en el camino de la vida.
Pero a veces no es así. Para los cuatro principales personajes de esta serie no
ha sido así, por diferentes causas. Por su origen social, por una decisión crucial
errónea, por la culpabilidad que sienten o por la no aceptación de sí mismos,
estos personajes han perdido su sitio en la vida y la vuelta a la normalidad no
les es posible.
Esta segunda temporada de True Detective no es comparable a
la primera. No voy a decantarme por ninguna de las dos porque ambas pasan ampliamente el examen. En la primera temporada la literatura y la filosofía tenían un lugar preponderante y televisivamente, también era más innovadora. Esta segunda temporada es más conservadora, más convencional respecto a temática, imagen y línea narrativa, pero tiene momentos de gran
dramatismo muy bien resueltos por los actores. Si en la primera se podía hacer
un análisis de masculinidades (Pizzolato reconoce que cuestiona un tipo de
masculinidad surgido después de la II Guerra Mundial), en la segunda el armazón
que sujeta toda la trama policial son las relaciones padre-hijo o padre-hija y cómo los conflictos no resueltos de la infancia se mantienen durante toda la vida del individuo. Se puede
sacar todo un análisis sobre paternidades: de la ansiedad por ser padre hasta
el fracaso y la posterior redención. De hecho, en las dos temporadas, los
finales, que han sido ampliamente cuestionados, tienen mucho de redención y además de
redención católica en sentido estricto. Ignoro si Nic Pizzolato es católico o
no o si ejerce como tal, pero los finales de sus series sí que pueden tener una
lectura de esperanza y redención católicas.
Sobre un contexto de poderosas sagas familiares que
mantienen relaciones clientelares a base de sobornos y corrupción, la política
y los gánsteres de diferente calibre van de la mano e intentan modernizarse
dedicándose a negocios más o menos legales. En Vinci (ciudad ficticia de
California), el brutal asesinato de Ben Casper, ejecutivo de una empresa de
trenes de alta velocidad, provoca la reunión de los cuatro personajes
protagonistas de la serie.
Frank Semyon
Ben Casper trabajaba para Frank Semyon (Vince Vaughn) y con
su muerte desaparece también una importante cantidad de dinero de Frank. Frank ha
ganado toda su fortuna trabajando desde niño, sin ayuda de nadie y la mayor parte
de las veces en negocios turbios: tráfico de drogas y explotación de mujeres
para la prostitución. Creció en un hogar desestructurado sometido a abusos
emocionales por parte de su padre y lo único que quiere es una oportunidad para
ser decente y tener un hijo. Eso es lo que más desea, ser padre; aunque
lamentablemente está enamorado y casado con una mujer estéril. Todo ese sufrimiento que ocupa su mirada, no puede ocultar que, también, le queda espacio para la brutalidad.
Frank tiene a varios policías en nómina, para utilizarlos
según sus necesidades. Uno de ellos se encarga de la investigación policial del
asesinato de Casper. Es Ray Velcoro (Colin Farrell), enganchado al alcohol y a
las drogas y a las drogas y al alcohol de manera sobrehumana. Años atrás Frank
Semyon le hizo un favor por el que está pagando con su alma. Su esposa le
abandonó hace tiempo y ha rehecho su vida. Tuvieron un hijo, aunque debido a la
violación de la mujer, ambos tienen dudas sobre la paternidad del niño; esto
contribuyó enormemente a destrozar su matrimonio. Aunque adora a su hijo, Ray
ve en él, un niño gordo, cobarde y llorón. Apenas tiene nada de que hablar con él cuando están juntos; pero después, cuando Ray está solo en su casa, graba interminables mensajes para dárselos.
Otra agente encargada del caso es Antígona Bezzerides (Rachel
McAdams). Una policía durante las 24 horas del día. Obsesionada con su trabajo
y con no olvidar un suceso traumático de su pasado. Creció en una comuna hippie
de los años 1980, sin una autoridad clara y sin sentirse protegida; no es extraño que haya elegido ser policía. Mantiene relaciones conflictivas con
su padre (un gurú Nueva Era) y con su hermana (una artista que en busca de su
camino en la vida, ejerce esporádicamente la prostitución), su madre murió hace
años. Ha sido acusada de acoso sexual por un compañero de trabajo que no
entendió que Bezzerides quisiera terminar con su relación sexual.
Bezzerides se ha preparado para subsistir en ese mundo masculino. Es fuerte, independiente, se entrena en artes marciales y depende totalmente de un pequeño cuchillo, pero toda su agresividad la dirige principalmente contra sí misma. Es un castigo. Es significativo que se llame Antígona como la heroína griega que desafía la ley establecida para cumplir el deber moral de hacer justicia.
Paul Woodrugh (Taylor Kitsch) es el policía de carreteras
que encuentra el cadáver de Casper. Es un joven muy atractivo, casi demasiado
atractivo, que es acusado por una detenida de abuso sexual. Ha sido militar
destinado en Afganistán y de allí vienen parte de sus demonios. Pero además, su
madre también ejerce cierto abuso emocional sobre él. Ella se emborracha, se
gasta su dinero y le culpa de haberle destrozado la vida por haber nacido
cuando ella era apenas una adolescente que quería llegar a ser bailarina. Paul quiere mantener una
relación normal con una mujer, pero a pesar de su físico y su juventud (no
tiene más de 30 años) necesita viagra para poder mantener relaciones sexuales
con su novia. Paul no acepta su condición de homosexual.
A medida que pasan los capítulos, la trama policial pierde
interés porque lo verdaderamente importante es la angustia existencial de estos
personajes inadaptados. Parecen elegidos por los hados para ser sacrificados y
que nunca puedan resolver el crimen de Casper. Sin embargo, entre ellos se crea
una alianza de desesperación y decencia para llegar hasta el final, aun a costa
de sus vidas.
A esta pérdida de interés también contribuye que, hacia el
final, aparecen nuevos personajes “recosidos” de una manera artificial para poder
justificar la trama y esto resta credibilidad y fuerza al resto del guion. Sin embargo,
el dramatismo de algunas situaciones compensa. La confesión de culpas en la
cama entre Velcoro y Bezzerides, es el punto de inflexión que más tarde dará un
hueco a la esperanza. Termina la serie de una manera, que yo considero abierta,
y aunque creo que no existirá una tercera temporada, sí que habría espacio para
rodar una película sobre Antígona Bezzerides y su esfuerzo por hacer justicia.
Esta vez la cabecera es de Leonard Cohen. Hipnótica y desasosegante.