miércoles, 22 de mayo de 2019

Exposición de Pintura: Popism. Arte Pop Americano. Patio de la Infanta


A mediados del siglo XX surgió en Estados Unidos y Reino Unido, como reacción al movimiento expresionista abstracto, el Pop Art. La traducción literal sería Arte Popular. Eso es lo que pretendían estos artistas. Popularizar el arte que el movimiento expresionista abstracto estadounidense ponía, de forma elitista, al servicio de una determinada clase social. Quizá los expresionistas abstractos no buscaban una clase social definida por el dinero, pero sí definida por sus conocimientos intelectuales. No cabe duda de que los expresionistas abstractos necesitaban para desarrollarse un público muy culto, muy formado intelectualmente.


Al contrario, los artistas pop pretendían hacer cultura popular, con objetos cotidianos, colores brillantes y técnicas que permitiesen la repetición de la obra de arte en serie. No por ello, pueden considerarse frívolos ni considerar que habían olvidado las escuelas artísticas precedentes, ya que en sus obras pueden verse claramente influencias del surrealismo y sobre todo del dadaísmo. Únicamente, querían romper esa barrera elitista e intelectual que los expresionistas abstractos habían creado y poner al servicio de la gente popular imágenes con un valor artístico. Aunque, irónicamente, cuando ya se consolidaron como artistas su caché no estuviese al alcance de la mayoría.

Andy Warhol

Esta exposición de Ibercaja contiene obras de cinco autores muy representativos y lamentablemente, ninguno de ellos es mujer. Denominador común de todos los autores es su multidisciplinariedad y, a pesar de sus egos, la capacidad para colaborar entre todos ellos.

Roy Lichtenstein

No se podía empezar esta exposición de otra manera. Andy Warhol es el primer autor que nos encontramos. Warhol pasó su infancia muy limitado por la enfermedad de Huntington y como distracción coleccionaba fotos y carteles de las estrellas de Hollywood. Su mayor deseo era convertirse en una de ellas. Para ello se trasladó a Nueva York y empezó a trabajar en la profesión de moda de los años 1950, publicista. Años más tarde se consolidó como artista multidisciplinar y creó The Factory, su estudio. En esta exposición el color de las paredes se ha pintado de gris plata tal y como era este estudio. Un sencillo homenaje. 



De su paso por el arte publicitario le quedó la idea de repetición asociada a objetos cotidianos y también a personas, principalmente a personas famosas. De ahí sus retratos de Marylin Monroe o de Jackie Kennedy, genuinas representantes de la vida glamurosa que Warhol tanto había admirado. Más allá de estas series sobre la Coca-cola o las sopas Campbell o sobre famosas y vacas, Warhol siguió en cierto sentido vinculado a la forma de diseño publicitario. Con trazos rápidos e imágenes incompletas o simplemente esbozadas también componía retratos y reelaborando imágenes sacadas de la prensa producía obras muy críticas como su serie sobre la pena de muerte.


Roy Lichtenstein es más conocido por su reinterpretación de la estética del cómic aunque había comenzado su carrera como expresionista abstracto y tuvo un breve periodo como constructivista, sin embargo renegó de estas tendencias y destruyó las obras correspondientes a esa época. Su estilo peculiar se concentró en ampliar escenas aisladas de las viñetas de los cómics para obtener una pintura de tamaño convencional y reproducir a mano su punteado característico, los puntos ben-day. Posteriormente, sus ayudantes se ocuparían de esto utilizando una plantilla especial, pero el punteado de sus primeros cuadros lo realizó él mismo con pincel.


Representó en estas imágenes al prototipo de chica estadounidense, rubia, sana, de ojos y piel muy claros pero en actitudes de desvalimiento y frustración. Incluía en ellas también las onomatopeyas propias del cómic y, homenajeaba a Picasso recreando sus pinturas con jóvenes rubias. En el Reina Sofía se puede ver una de sus esculturas que representa un trazo. De toda esta exposición, mi pieza favorita es Red lamp. En su aparente simplicidad yo puedo ver y sentir la soledad de alguien.


Robert Rauschenberg es el artista que más me ha sorprendido. Aparentemente no tiene mucho en común con los demás. Sus pinturas y collages son mucho más sombríos, evitan los colores vivos de los otros artistas pero sí que incluyen objetos cotidianos y por supuesto un discurso irónico respecto a la sociedad de consumo. Aun así son de comprensión menos inmediata, requieren una reflexión diferente. Se formó como farmacéutico y sus conocimientos sobre química facilitaron la creación de una pintura acrílica de secado muy rápido que fue utilizada por estos autores.


Este tríptico es un autorretrato y es una de las piezas más representativas de la complejidad de su obra.





Robert Clark firmaba sus obras como Robert Indiana. Había nacido en ese estado en 1928. Sus obras no están tan relacionadas con el consumismo y los mass media como las de otros autores pop, sin embargo, mantienen una estética parecida. Se hizo famoso con su serie de pinturas, esculturas y serigrafías que incluían la palabra LOVE que supuso un punto de inflexión en su carrera debido al enorme simbolismo emocional que volcó en estas obras. Estos artistas tenían por costumbre pasear y vagabundear buscando su fuente de inspiración. En uno de esos paseos, Indiana encontró unas viejas planchas troqueladas del siglo XIX que servían de plantillas para hacer números y empezó a incorporarlas en sus obras.


En el año 2008, con más de 80 años, colaboró en la campaña presidencial de Barack Obama. Para ello diseñó, de forma muy similar a su serie LOVE, una serie con la palabra HOPE como núcleo central porque como él mismo dijo quería sembrar el mundo con esperanza. En esta exposición se puede ver también un homenaje a Picasso.


Keith Haring es el último de los artistas incluidos en esta exposición. Había nacido en Pensilvania y se formó como artista callejero (algunos consideran el Street Art como parte del Pop Art). Haring había estudiado semiótica en la universidad y sabía que los signos podían tener tanto significado como las palabras y que serían accesibles si el receptor conocía el código correspondiente. Sus obras más conocidas son figuras muy simples, de trazo grueso, colores vivos y alegres; sin embargo, también tiene una vertiente más oscura. Hay en esta exposición parte de esas obras que abordan temas preocupantes para el ser humano y que inició una vez que le fue diagnosticado sida: la religión y el poder, el abuso, la muerte.




Ibercaja. Patio de la Infanta. 
C/ San Ignacio de Loyola, 8, Zaragoza.
Hasta el 26 de mayo





miércoles, 15 de mayo de 2019

Algunas cosillas sobre Burgos (2018)


Burgos, otra ciudad a la que tengo que volver. Fue la última etapa de la visita a la exposición de Las edades del hombre y me quedaron muchas cosas por ver. Hace años, cuando hice el Camino de Santiago, estuve también. De hecho inicié las etapas finales allí, desde Burgos hasta Santiago de Compostela, pero sin tiempo para hacer turismo cultural. Por eso tengo que volver.

Fachada del albergue para peregrinos del Camino de Santiago

Esta vez algo pude ver. El Museo de Burgos, el Arco de Santa María y por supuesto la Catedral y algunas esculturas que me fui encontrando por la calle. Cada vez me gustan más los museos provinciales. Se pueden disfrutar tranquilamente porque apenas hay gente, están distribuidos en un número razonable de salas y plantas, tienen algunas piezas muy destacables y no abruman con una ingente cantidad de obras. Lo único malo esta vez es que teníamos una visita guiada concertada y el guía no pudo acudir; además no hay editado un libro-catálogo de obras. Una lástima. Aun así merece la pena visitarlo.


Una de las piezas estrella en este museo es el Sepulcro de don Juan de Padilla, obra gótico-isabelina de Gil de Siloé. Gil de Siloé había nacido, probablemente, en Amberes pero decidió instalarse en la corte castellana, en Burgos, debido a la intensa labor de mecenazgo de los Reyes Católicos y sus nobles. Este sepulcro, realizado en 1493, proviene del antiguo monasterio de Fresdeval y fue un encargo personal de Isabel la Católica para enterrar al que había sido su paje y que había muerto en la guerra de Granada en 1491 con apenas 20 años de edad.


Detalle de la cota de malla y del manto

Destaca de este monumento funerario de alabastro la pose elegante y serena del protagonista, de rodillas orando frente a un devocionario abierto y el detalle y la riqueza con los que está tallado el manto y también la cota de malla interior. El sepulcro se completaba con las imágenes de siete santos que, actualmente, están repartidas entre varios museos estadounidenses y colecciones privadas.


El relieve de la Piedad destaca por su delicada labra, situando a los cuatro personajes en un espacio muy reducido y enmarcada por la cruz en forma de tau y con Jerusalén y, posiblemente, el huerto de los olivos al fondo. Muy interesante y lástima que esté incompleto. Otra pieza de Gil de Siloé actualmente en el museo es una talla de Santa María la Mayor y que, en origen estuvo en el Arco de Santa María.



También hay dos arquetas preciosas, de esmaltes y marfil. Una de ellas está datada en el año 1026 de la época califal y proviene de un Taller de Cuenca, de Muhammad ibn Zayan. Se cree que la arqueta sufrió un considerable deterioro perdiéndose muy pronto parte de su elaborada decoración de marfil que terminó sustituyéndose por esmaltes posteriores en el propio taller de Silos. La tapa tiene forma de artesa y está decorada con motivos vegetales y la caja con escenas de caza trabajadas con mucho detalle. La otra es de esmaltes de Limoges y proviene también del Monasterio de Santo Domingo de Silos.



En el Arco de Santa María estuvo también esta puerta mudéjar de finales del siglo XV y principios del XVI.


El Arco de Santa María en realidad es una de las antiguas puertas de acceso a la ciudad. Fue la más importante. Aunque es de construcción anterior, ya se menciona en el Poema de Mío Cid, fue totalmente remodelado en el siglo XVI en piedra caliza blanca y tomó su forma actual de arco triunfal, con aspecto de castillo medieval, ordenado como un retablo. En 1553, con la colocación en las hornacinas de las esculturas realizadas por Ochoa de Arteaga de personajes principales de la ciudad también el Ángel Custodio de la ciudad y sobre todos ellos una imagen de la Virgen María, como patrona de Burgos, se dio por terminado. Por supuesto, todos los personajes principales eran hombres y entre ellos cabe mencionar al emperador Carlos V, el Cid y Fernán González. Destacan también en su fachada las aspilleras y las escaraguaitas, puramente ornamentales.




Hasta el siglo XVIII, en la Sala de la Poridad se reunía el concejo de la ciudad bajo un destacable artesonado mudéjar. A veces en Aragón, se nos olvida que no todo el mudéjar es aragonés. Hoy el Arco de Santa María se utiliza como sala de exposiciones. Según el diccionario de la RAE poridad es un término en desuso que significaba puridad y puridad, aparte de significar cualidad de puro era también algo reservado o que se llevaba en sigilo. Ideal para una reunión de ayuntamiento.



El artesonado de la Sala de la Poridad
Algunas esculturas callejeras me llamaron la atención. La castañera de bronce, situada muy cerca del Arco de Santa María, y que parece retrotraernos a otro tiempo; un peregrino descansando frente a la catedral. Una escultura que me enfadó muchísimo fue Camino a la evolución humana. En realidad es un conjunto escultórico situado en el Paseo de Atapuerca. Dos figuras muy realistas situadas bajo unos arcos, un homínido adulto y un niño humano de la mano, claramente dos especímenes varones como si las mujeres hubiésemos estado excluidas de la evolución humana o ¡peor aún! de la propia condición de la humanidad. Fue realizada por el escultor Casto Solano en el año ¡¡¡¡2010!!!! y fue objeto de críticas por parte de colectivos feministas (¡no me digas!). Pero ahí sigue.



Las mujeres excluidas de la evolución humana
Para quitarme el disgusto nada mejor que volver a ver la estatua ecuestre de El Cid de Juan Cristóbal González Quesada, el Cid de la barba florida. El artista ha elegido el momento en que el caballero se dispone a cruzar el Arlanzón porque va camino del destierro después de haber enojado al rey (no recuerdo porqué), blandiendo la Tizona y en su corcel Babieca, con la capa al viento. Es un momento dramático, sin embargo, no es el realismo de la escultura lo que llama la atención sino la barba. Desde luego que puede decirse que es florida aunque quizá sería más acertado confundirla con la de un antepasado de Davy Jones, el pirata capitán de El holandés errante de la saga Piratas del Caribe. Y es que las guedejas al viento del Cid no tienen nada que envidiar a los tentáculos del capitán Davy Jones.



A mí me hace reír aunque el exilio no sea cosa de risa. Mucho mejor expresó Manuel Machado el estado de ánimo del Cid en su poema Castilla,

El ciego sol se estrella
en las duras aristas de las armas,
llaga de luz los petos y espaldares
y flamea en las puntas de las lanzas.
El ciego sol, la sed y la fatiga,
por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
–polvo, sudor y hierro–, el Cid cabalga.


Dejo para el final hablar de la Catedral de Burgos. Aunque como no puede decirse nada que no se haya dicho ya pongo únicamente unas fotos que tomé ese día. Un espléndido sol castellano hacía resaltar el azul del cielo y el encaje de piedra. Lo dicho, hay que volver. 










miércoles, 8 de mayo de 2019

Cine: Dolor y gloria de Pedro Almodóvar (2019)


Llega un momento en la vida en el que tienes que recapitular y examinar con un poco de benevolencia tu vida anterior. Es un fin de ciclo, un punto final pero de ninguna manera debe ser el final de la vida. A pesar de las enfermedades y de las pérdidas, por muy dolorosas que sean, todavía nos queda recorrido. 

En ese punto estamos muchos de nosotros, incluidos el protagonista de esta película y parece ser que también su director, Pedro Almodóvar. Una enfermedad, un desengaño, la muerte de un ser querido puede ser el detonante para hacer este “examen de conciencia”. Tratar de ajustar cuentas no porque esté llegando el final, sino porque todavía hay mucho que vivir y decir.


Antonio Banderas está especialmente brillante en esta película. Está contenido, sufriente, vulnerable, pero aceptando sus límites para seguir viviendo. Yo no veo en esta película tanta tristeza como se dice; más bien veo serenidad ante lo que es obvio, que todos terminamos muriendo. Mucha serenidad y pocas ganas de perder el tiempo. Se revisita el pasado por si algo que sucediera allí quedó incompleto, pero no se tiene ninguna intención de revivirlo. Pedir perdón sin pedirlo, es una necesidad cumplida y personificada en los papeles que interpretan Asier Etxeandía y Leonardo Sbaraglia.


Es una película sobre el paso del tiempo, sobre las personas y también sobre los países. Habla de las grandes diferencias entre la vida de los años 1950 y la vida de los 2000; entre el neorrealismo de posguerra y la alegría de vivir de la movida, entre la vida en el campo y la vida en la ciudad. Penélope Cruz representa la vida de la pobreza en el campo, de las alpargatas y el pan duro, de las mujeres que lavan en el río. Esta vida está intencionadamente embellecida y, a veces, parece una simple excusa para que Rosalía, el fenómeno musical de esta década, tenga su huequito. Sin embargo, al final de la película entenderemos porqué se produce este embellecimiento.

También es una película sobre el bloqueo creativo y la necesidad de bucear en uno mismo para encontrar una luz y una historia que contar. Un bloqueo que nadie puede superar en lugar del propio creador. Por muy próximo que se sienta a algunas personas, sólo él puede hacer ese viaje. Sin duda es una película que mira al pasado, sin embargo elige vivir plenamente el presente. 


Por último, yo creo que es una película sobre las despedidas. Un homenaje a quienes se van sin decir adiós pero dejando todo resuelto (magnífica Julieta Serrano dando instrucciones sobre su enterramiento). Aquéllos que fueron allanando durante años el camino con su generosidad para que los que se quedan aquí lo tuvieran todo más fácil. En definitiva, una autocatarsis para seguir porque nadie sabe qué día terminará.



Dirección y Guion: Pedro Almodóvar
Música: Alberto Iglesias
Fotografía: José Luis Alcaine
Intérpretes: Antonio Banderas, Asier Etxeandía, Penélope Cruz, Leonardo Sbarablia, Julieta Serrano.

miércoles, 1 de mayo de 2019

Novela: Canción dulce de Leila Slimani (2016)


La autora.-
Nació en Rabat donde realizó sus primeros estudios para trasladarse después a París y continuar en el Instituto de Estudios Políticos, especializándose en medios de comunicación. Ejerció como periodista durante unos años y publicó su primera novela en 2014. Con su segunda novela Canción dulce obtuvo el Premio Goncourt en 2016. 


Mi opinión.-
Esta novela me ha recordado constantemente a El extranjero de Albert Camus, especialmente por la distancia emocional que manifiesta su personaje principal, Louise. Es una novela que, también, aborda la frustración de la maternidad. De alguna manera, Myriam y Louise son dos facetas contrapuestas pero interrelacionadas de enfrentarse a la maternidad y los cuidados.

La familia vive en un bonito edificio de la Rue d'Hauteville
Ya en el primer capítulo se plantea la tragedia, lo que queda por averiguar a partir de entonces es el por qué. Y esto resultará frustrante porque no llegaremos a saberlo al final de la novela. Quedará entonces a la interpretación de cada cual. Los motivos de Louise encuentran su explicación en su enfermedad mental, en cierta fobia social o, quizá, en su resentimiento hacia Myriam.

Louise vive lejos del centro de París y de la familia
Myriam lleva, aparentemente, una vida idílica de la que está asqueada. En unas pocas páginas somos conscientes de que la dulzura del hogar la agobia, que su burbuja de protección acabará por ahogarla, y que la maternidad resulta una devastación absoluta, “me están comiendo viva” dice en la página 22. Era una joven y prometedora abogada que abandonó su profesión para formar una familia junto a un marido que se ha vuelto totalmente indiferente.

La familia y Louise van de vacaciones a Grecia
Así que cuando se le presenta la oportunidad de volver a trabajar la coge sin pensarlo. Y se entrega al trabajo, sin medida, tal y como ha hecho con la maternidad y vuelve a ser mujer, a ser una persona, a no ser sólo una madre. Pero para poder sobrellevar su nueva vida necesita una canguro que se ocupe de sus hijos. Myriam es de origen magrebí y sin embargo mantiene prejuicios respecto a las niñeras extranjeras; por eso, Louise y su tez blanca y sus buenos modales y su pequeña estatura y su sonrisa candorosa le parece una buena elección. Una niñera blanca y francesa.

Melancolía delirante.
Louise se convertirá poco a poco en la ayuda perfecta, tan indispensable como invisible, tan entregada a su trabajo como Myriam lo está al suyo. Demasiado entregada, tanto que casi da miedo. ¿Por qué lo hace? Louise ha vivido demasiadas carencias emocionales. En la infancia, en la juventud y también en su madurez. Y parece que está decidida a que no se vuelva a repetir. Necesita a esta familia pero empieza a sospechar que la familia pronto no la necesitará. Es aquí donde no coincido con la autora.


La autora considera que la fuente de los problemas de Louise son sus carencias emocionales y un trastorno definido como melancolía delirante, un trastorno depresivo mayor que suele pasar desapercibido, pero del que encontramos rasgos claros en la novela. La carcasa de pollo es, sin duda, uno de ellos (página 198). Sin embargo, yo creo que hubiese sido mucho más interesante para el desarrollo de la novela que la tragedia se hubiese producido por las diferencias de clase y origen entre las dos mujeres y no en un trastorno mental.

La pareja podría ser así. BoBos parisinos, burgueses bohemios.
Hubiese sido una buena ocasión, como occidentales, para enfrentarnos al hecho de que no todos los peligros que nos acechan llegan con la inmigración. Que seguimos manteniendo estructuras sociales que nos marcan y que excluyen a la mayoría de la población de un bienestar socioeconómico y emocional necesario para la vida; pero, a pesar de esto, podemos decidir nuestro destino. Sí, la mayoría estamos expuestos a un contexto hostil, tenemos frustraciones pero la mayoría no matamos, ¿o no? De cualquier manera, es una gran novela que, como he dicho al principio, recuerda a los clásicos y cuestiona el lugar de las mujeres en la sociedad y su explotación. Tanto el personaje de Myriam como el de Louise sufren las consecuencias de su pertenencia al género femenino. Utiliza n lenguaje muy medido, austero y sencillo para relatar dulcemente situaciones brutales. Se me castigará por no saber amar, dice Louise. En la línea de Albert Camus y también de Marguerite Duras y en una edición muy cuidada de Cabaret Voltaire.




Canción dulce
Leila Slimani

Traducción: Malika Embarek López

Ed. Cabaret Voltaire