jueves, 15 de agosto de 2019

Exposición: Arte y Mito. Los dioses del Prado. CaixaForum Zaragoza (2019)


El primer contacto que tuve con la mitología grecorromana se produjo cuando estudiaba 1º de BUP. Fue la profesora de literatura la que nos animó a leer las Metamorfosis de Publio Ovidio Nasón. Todavía tengo el libro guardado en un trastero. Para ella era importante que conociéramos las idas y venidas de los dioses antes de estudiar el Renacimiento, especialmente, la pintura renacentista. Así lo disfrutaríamos más. No estaba equivocada. A mí me ha durado la fascinación por las vidas mundanas de los dioses desde entonces, hace ya 40 años.

Apolo persiguiendo a Dafne. Van Thulden 1636-1638
Quedan ya poquitos días para que termine esta exposición en CaixaForum Zaragoza. Hace ya un tiempo que el Museo del Prado y CaixaForum colaboran preparando exposiciones itinerantes de la amplia colección del museo. No sé quién tuvo la idea pero deberíamos agradecérselo todos.

Ticio (copia). José de Ribera, XVII

La exposición está dividida en ocho ámbitos y empieza enfatizando que la mitología ante todo es un relato, es decir, que supone una invención. Los griegos (y los romanos les imitaron) inventaron toda una cosmogonía que pretendía explicar el mundo. El mito o los mitos son, pues, una narración maravillosa, como quedan definidos en el diccionario de la RAE. Pero esta narración maravillosa protagonizada por dioses, héroes y mortales es muy humana. Está profundamente permeada por las pasiones más habituales en nuestros mundos.

El rapto de Europa. Erasmus Quellinus, 1636-1638
Amores, odios, infidelidades, celos, desafío a los dioses, castigos eternos, guerras, vida, destrucción y vuelta a empezar. Todo ello constituye una red de vida y de muerte en la que cada minúsculo punto adquiere su pleno sentido en relación con los demás; una red que, periódicamente, es resucitada por los grandes pintores, escultores y literatos para después ser nuevamente olvidada.

Diana Cazadora. Taller de Rubens, 1617-1620

Esta Diana Cazadora, 1617-1620 del Taller de Pedro Pablo Rubens es la pintura que más me ha gustado. No sólo por la disposición de los personajes, el movimiento y la transparencia de las túnicas y la perfección en representar las blancas pieles de la diosa y sus acompañantes, sino por la expresividad y la suavidad con la que están tratados los perros de caza. Posiblemente, un pintor llamado Paul de Vos especialista en la representación de perros, colaborase en la ejecución de esta pintura.




Ártemis y Apolo nacieron de las relaciones entre Zeus-Júpiter y Leto (el olvido). Hera-Juno se enteró de la infidelidad de su esposo Zeus e intentó matar a Leto. Como ésta se escapó prohibió que nadie la pudiese ayudar en el parto. Los gritos de dolor de Leto conmovieron a los dioses del Olimpo y permitieron que Ártemis naciera primero para ayudar en el parto a su madre. Por esto Ártemis-Diana es protectora de la naturaleza y también de las recién nacidas, e identificada con la luna tal y como su hermano Apolo es identificado con el sol. Complicado ¿no?


Zeus estaba muy ocupado persiguiendo ninfas y ocultándole sus amoríos a su esposa, así que no podía perder el tiempo creando a los hombres. De eso se encargaron Prometeo y Atenea. Es la escena que se representa en este mármol romano, un fragmento de sarcófago. Prometeo modela el cuerpo en arcilla y, no se ve muy bien, pero Atenea posa su cabeza una mariposa, dotándole así de alma. Prometeo fue un titán y robó el fuego a los dioses para dárselo a los hombres; se le considera así protector de la civilización humana. Fue castigado por ello a ser encadenado y a que un águila devorase su hígado constantemente. Los dioses no son misericordiosos. Atenea es la diosa de la guerra y también de la sabiduría, la estrategia y la civilización. Nació de la frente de Zeus después de que éste se tragase a su madre, Metis, una titánide que personifica la prudencia.

Prometeo y Atenea crean al primer hombre.

Después estaban las fiestas de los dioses, las bacanales. Podemos encontrar una muestra en este cuadro de Houasse, Ofrenda a Baco de 1720. Comparten la escena niños, adultos y faunos. Unos hacen ofrendas y rezan ante la estatua del dios; otros “duermen la mona” y un niño en el centro, en primer plano, parece que vomita. Baco era hijo de Zeus y Sémele o Perséfone, depende de la versión. Y no me extraña que hubiera dudas con el trajín que se llevaba Zeus. Otros dicen que Zeus también fue su madre. Y es que Hera se enteró de la infidelidad (otra vez) de su esposo y convenció a Sémele para que exigiese a Zeus que se presentase ante ella con toda su pompa y esplendor. Zeus, al principio, no quería pero al final se presentó con sus rayos y truenos e involuntariamente abrasó a Sémele. Después de esto, lo único que pudo hacer Zeus fue coger al feto e implantarlo en su muslo para que se terminase de gestar. Por eso se dice que es también su madre.

Ofrenda a Baco. Housse, 1720


Otro cuadro que me ha parecido muy curioso es éste de Orfeo y Eurídice en los Infiernos de 1632, de Pieter Fris. Se puede contemplar toda una variedad de monstruos, terrores y desesperación grotesca que, se supone, nos espera en el infierno; todos ellos directamente inspirados por las pinturas de El Bosco. La escena está presidida por Hades y su esposa Perséfone y muestra en el centro a Orfeo y Eurídice que está a punto de desaparecer definitivamente por la imprudencia de Orfeo.

Orfeo y Eurídice en los infiernos. Pieter Fris, 1632.



En CaixaForum Zaragoza, hasta el 25 de agosto.


Leda y el cisne. Georg Pencz, primera mitad siglo XVI

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