miércoles, 6 de julio de 2022

Cine: Doctor Strange en el multiverso de la locura (2022) de Sam Raimi

Decía en el post que dediqué a la primera película de Doctor Strange que me temía que todo se quedase en una mera presentación del personaje y que no habría más películas. Me equivoqué. Aquí está la segunda y quizá haya más. 

Doctor Strange sigue siendo interpretado por Benedict Cumberbach y sigue manteniendo los tics más propios de Sherlock. Lo cual le da mucho encanto a un personaje que por su suficiencia y pedantería resultaría un poco grimoso. También vuelve a aparecer Rachel McAdams como la incondicional Dulcinea, un poco puñetera y sin los rasgos ñoños y romanticoides que tenía en la primera peli. Dicho esto pasamos a comentar más en profundidad Doctor Strange en el multiverso de la locura.

Es imprescindible destacar el personaje de Wanda Maximoff (apellido ruso, y ahí lo dejo), la Bruja Escarlata. Interpretado con una amplia variedad de matices por Elizabeth Olsen que ha sido todo un descubrimiento para mí. La Bruja Escarlata tiene un pasado doloroso que no consigue superar y por ello va destilando maldad por todo el multiverso. ¿Qué pasaría si hubiese diferentes versiones, a veces, antagónicas de nosotros mismos? ¿Qué pasaría si fuésemos ángeles en unos lugares y tiempos y demonios en otros?

Esto es básicamente lo que somos los seres humanos. Seres de respuesta a diferentes estímulos. Y cuanto más amenazante es el estímulo, más agresiva será nuestra respuesta. En condiciones de tranquilidad somos, en términos generales, amables, elegantes y cariñosetes; pero ¡ojo!, con que nos sintamos mínimamente amenazados. Sacamos uñas y dientes para defender nuestra entidad tanto física como psíquica y tanto individual como colectiva.

La Bruja Escarlata podría haber derrochado bondad y generosidad como Dorothy, la protagonista de El mago de Oz. En este sentido es como su imagen especular. Es una muestra de cómo nuestra bondad y generosidad, sometidas a condiciones injustas, se pueden convertir en maldad y egoísmo. Wanda es protagonista de una tragedia griega. Es una dolorosa maternidad que expande su locura homicida tras haber perdido a su compañero y a sus hijos. Porque sí, señoras y señores, el dolor nos roe el alma, el trauma nos corrompe y la muerte puede con nosotros. Pero antes de que llegue la muerte del cuerpo, la muerte del alma nos impulsa a morir matando. La posibilidad de la redención de la culpa y la restauración del equilibrio mediante el perdón siempre seguirán existiendo, pero las consecuencias terribles de nuestras malas acciones quedarán allí.

Yo no conocía a este personaje y parece que sus fans han montado en cólera cuando los guionistas y el director han convertido a Wanda en una mala malísima. No la he visto pero hay una serie TV, Bruja Escarlata y Visión, que puede considerarse una precuela de esta película y es donde se narra el origen de los acontecimientos tratados en este multiverso de la locura.

La interpretación de Elizabeth Olsen, subrayada por un vestuario espectacular y un maquillaje soberbio, está a la altura de la de Benedict Cumberbacht y, a veces, la supera. No me ha parecido lo mismo el personaje interpretado por Xochitl Gómez que sólo es una excusa para incorporar a un personaje latinoamericano y que, además, es la hija de dos lesbianas. Eso sí, también tiene superpoderes que tendrá que reconocer y asimilar para empezar a dominarlos y utilizarlos de una forma positiva.

¿Qué decir de Cumberbacht? Sublime, como siempre. Además, macabro, hiriente, comprensivo, autosuficiente, emotivo, arrogante y presuntuoso, dubitativo, miedoso y temerario. En fin, varios doctores Strange pululando por el multiverso porque de eso se trata. Pero no hay que olvidar que, sobre todo, esta película es una película sobre la maternidad. ¿Qué no haría una madre para recuperar a sus hijos?



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