miércoles, 3 de febrero de 2021

Memorias: Espejo de sombras de Felicidad Blanc (1977)


Las autoras.-
Felicidad Blanc nació en el Barrio de Salamanca, epicentro de la burguesía madrileña, en 1913. Una burguesía culta y cuyos impulsos renovadores se vieron, definitivamente, truncados por la Guerra Civil y el franquismo. Escribió algunos cuentos, reunidos en el libro La ventana sobre el jardín. Aunque su principal ocupación fuese la de ser ama de casa y madre de familia. 

Natividad Massanés no figura como autora de este libro aunque se encargó de darle forma en 1977. En realidad, Felicidad Blanc nunca quiso escribir su biografía, pero le propusieron someterse a una entrevista casi sociológica, grabada y dirigida por Massanés, en la que ésta ejercía de “interlocutora objetiva, que orienta sólo la narración allí donde el relato se dispersa o resulta oscuro” tal y como ella reconoce en el prólogo. Pero, aunque al no disponer de las grabaciones originales no podemos saber el grado de participación de Massanés, creo que en una conversación entre dos personas la autoría es conjunta.

Mi opinión.-
Felicidad Blanc alcanzó cierta popularidad en 1976, cuando se estrenó la película de Jaime Chávarri, El desencanto. En esta película, una familia ajustaba cuentas consigo misma. Los tres hijos del poeta Leopoldo Panero y su viuda, frente a frente. Leopoldo Panero, literariamente, perteneció a la Generación del 36 y fue un personaje controvertido. Durante la guerra fue arrestado por ser rojo y después se afilió a la Falange; durante la posguerra fue agregado cultural y director del Instituto Español en Londres, pero, desde su puesto se esforzó por contactar con los intelectuales exiliados. No sé si esto significa que estaba más comprometido con las personas que con las ideas. Aun así, lo que se desprende de la película es que fue un marido y un padre ausente y, a veces, violento y que, en su madurez, cuando estaba cambiando de actitud, murió.

En cualquier caso, este es el libro de Felicidad Blanc. Es su “historia de vida”, en la que además de sus peripecias personales podemos vislumbrar la historia de una clase social. Su auge y decadencia. Una burguesía española, ilustrada y competente; dedicada a los negocios pero también, o quizá principalmente, a adquirir competencias intelectuales. Médicos, abogados y literatos; casi exclusivamente hombres y políticamente conservadores. Pero completamente diferentes a los franquistas, fuerza bruta que se impondría socialmente después.


Felicidad Blanc fue hija de un cirujano prestigioso. Su padre descendía de dos familias importantes de Barbastro, en Huesca, pero al mismo tiempo, supo labrarse su carrera médica sin ayuda de nadie. Así, cuando nació ella, la última de sus cuatro hijos, la situación económica de la familia era boyante y pudieron trasladarse desde la Gran Vía al Barrio de Salamanca.





























Sin embargo, Felicidad apenas recibió educación reglada. Sus primeros conocimientos se los debe a institutrices en su hogar; una alemana y otra francesa. El poco tiempo que asistió al colegio, San Luis de los Franceses, estuvo dominado por el miedo a sus compañeras y a las profesoras. Supongo que porque se sentía más ignorante que ellas. Después una vida de fiestas, encuentros con jóvenes burgueses extremadamente educados, los primeros noviazgos y pocas amistades femeninas. Esto me ha resultado muy chocante. Apenas habla de sus amigas y llega un momento en que a las únicas mujeres que conoce son a las novias de sus amigos o a las hermanas de sus novios. Su vida está constantemente determinada por los hombres. Incluso mantiene una relación más estrecha con su hermano que con sus hermanas. La Guerra Civil le sirve, también, para estrechar lazos con su padre. Un hombre cariñoso pero que siempre se había mostrado demasiado ausente. Entonces empieza a trabajar de enfermera en el hospital y da muestras de su valía.


Después el noviazgo definitivo y la boda con Leopoldo Panero. Desde el principio, habla del abismo emocional que les separa pero sin culpar a nadie. Sin embargo, sigue adelante con la boda. Y con los embarazos que afectan gravemente a su salud y con los abortos y la lejanía emocional y la violencia de su marido. Se traslada a Londres con él y eso supone un poco de aire fresco; un amor blanco con Luis Cernuda que dura pocos meses y con el que no se reencontrará nunca más en su vida. Ni siquiera por carta.



Ella tampoco se describe de una manera muy emocional. Por supuesto nunca hace referencia a las relaciones sexuales; pero tampoco profundiza en la relación que mantuvo con sus hijos. Durante la infancia de los niños, les considera su vida; pero, en la adolescencia, también se mantienen alejados. Por la influencia del padre y, yo creo que también, por esa pasividad emocional de la propia Felicidad.


Me queda la imagen de Felicidad como una mujer pasiva y triste, lejana, fría emocionalmente. Con una frialdad que, incluso, se dedica a sí misma. Una mujer ausente de todo y de todos; sin comprometerse con nadie. Dejándose llevar por la vida que le había tocado en suerte. Cuando ya estaba viuda retomó su vida, volvió a escribir y mantuvo una relación más adulta con sus hijos, hasta su muerte en 1990. Aun así, en el capítulo 7 del libro, titulado Yo misma, gran parte del protagonismo se lo lleva su hijo Leopoldo María. Ella misma se define como una dama del siglo XIX, traspasada de romanticismo y de literatura, y yo creo que de allí viene su languidez, nostalgia y extremada tristeza.



Felicidad Blanc
Espejo de sombras
Ed. Cabaret Voltaire

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