jueves, 5 de marzo de 2015

Novela: El silencio de los claustros de Alicia Giménez Bartlett (2009)

La autora.-
Alicia Giménez Bartlett es principalmente conocida por su serie policíaca protagonizada por Petra Delicado y Fermín Garzón, de la que también se hizo una serie de televisión con Ana Belén y Santiago Segura. Se doctoró en Literatura Española con una tesis sobre La narrativa de Gonzalo Torrente Ballester. En 2008 le concedieron el Premio Raymond Chandler y en 2011 fue Premio Nadal por Donde nadie te encuentre, novela histórica sobre un personaje real de la guerra civil, la guerrillera Teresa Plá Meseguer. Otras obras suyas son: Una habitación ajena, Un barco cargado de arroz y Días de amor y engaños. 

Sinopsis.-
El asesinato de un fraile del monasterio de Poblet y el robo de una momia en un convento de monjas de Barcelona, tienen completamente aturdida a Petra Delicado y a su compañero Fermín Garzón. Encuentra muchas pistas y varias líneas de investigación contradictorias que no conducen a resolver el misterio porque a veces lo más evidente pasa desapercibido.

Mi opinión.-
Esta es la octava novela (de nueve, hasta ahora) dedicada a la inspectora Petra Delicado. Hace ya bastante tiempo que leí la primera de ellas, tanto tiempo que ni siquiera recuerdo cuál era. Me dejó bastante sorprendida por el hecho de que la protagonista fuera una mujer policía y no sé por qué no seguí leyendo. También recuerdo hace como 10-12 años la serie de televisión que se hizo y que ahora se puede encontrar en youtube; pero esta adaptación no me convenció. La pareja Ana Belén-Santiago Segura resultaba extraña.

En fin, que sin haberla seguido mucho algo puedo decir de la inspectora. En El silencio de los claustros, Petra Delicado (con ese nombre contradictorio ya estaría todo dicho de ella) se ha casado otra vez. Es la tercera esposa de su tercer marido. Un hombre culto, atento y enamorado locamente de ella y que además aporta al matrimonio 4 hijos y dos exesposas. Creo que la autora aprovecha esta situación peculiar para distraernos de la trama policíaca. Introduce así situaciones más relajantes, con más humor y también expone más abiertamente el carácter de Petra y sus contradicciones: es cínica y no sabe relacionarse con sus hijastros (de 18, 12 y 6 años), pero vive preocupada por la (mala) influencia que pueda tener en ellos.

Está muy inquieta también porque su tercer matrimonio vuelva a fracasar. A pesar de todo el amor y la madurez que ambos aportan, la falta de tiempo y las tensiones de su absorbente trabajo hacen que Petra muestre su lado más vulnerable. Para colmo de males tiene que bregar también con las exesposas y madres (un pelín histéricas) de los niños. A todas estas zozobras se añade el caso del monje asesinado y la momia desaparecida.

El subinspector Fermín Garzón que también ha cambiado su estado civil, ahora felizmente casado, es el encargado de darle estabilidad a Petra, en el trabajo. Sensatez, paciencia y calma es lo que aporta a la relación laboral.

La novela se me ha hecho un poco larga; se abren demasiadas líneas de investigación que no conducen a ningún sitio. Y luego, en los últimos capítulos, aparecen personajes nuevos que dan claves para la solución por otro camino que no había sido ni siquiera insinuado durante toda la novela. Me ha parecido un final precipitado y demasiado artificial; un poco tramposo. Novela entretenida, pero no de las mejores de la autora. 


El silencio de los claustros
Editorial Destino 

jueves, 26 de febrero de 2015

Cine: La fiera de mi niña de Howard Hawks (1938)

La fiera de mi niña es una de las comedias que hicieron juntos Cary Grant y Katharine Hepburn. Otra fue Historias de Filadelfia que también volví a ver recientemente. Las dos encajan perfectamente en el género de comedia screwball, en castellano comedia de enredo.

Son muy similares. Yo prefiero sin duda La fiera de mi niña. Es más fresca, más alocada y no tiene esa dosis de moralina que puede verse en Historias de Filadelfia.

Susan y David de cacería
Fue rodada en 1938. Una comedia elegante y sofisticada. Con una excéntrica heredera, Katharine Hepburn, que desquiciaría a cualquiera si no fuese por su encanto. Esta comedia no tuvo mucho éxito en su momento; los personajes eran demasiado locos y tampoco era tiempo de ver cómo se divertía la clase alta americana. Además supongo que no sería fácil para el público seguir su sentido del humor. Sobre todo el contraste entre la acción y el diálogo; la aparente seriedad de las escenas, junto a diálogos absurdos y surrealistas. El director Howard Hawks se esforzaba en poner a los actores en aprietos, de los que salían con mayor o menor soltura. 

Es una película romántica, en la que lo que está menos presente es el romanticismo. Es, sin duda alguna, una cacería. Susan, joven y bella heredera inconsciente y encantadora, intenta dar caza a David Huxley, joven y guapo paleontólogo no muy dotado para la vida social. En su estrategia para conseguir al joven David, Susan tendrá como ayudante a Baby un manso leopardo, recién llegado de Brasil, a George, el perro de su tía y un pequeño problema con la clavícula de un brontosauro. En los rifirrafes propios de esta cacería, Susan demuestra un fuerte carácter y una capacidad inusual para derrotar dialécticamente a cualquiera que se le ponga delante; David, en ese terreno tendrá la batalla perdida. Es un hombre muy inteligente, muy serio y poco dado a las excentricidades, pero Susan es un torbellino. Es la guerra de sexos, al menos como se interpretaba en los años 30-40 del siglo pasado. Parece mentira que la película tenga más de 70 años. En 1972, Peter Bogdanovich rodó ¿Qué me pasa doctor? reconociendo que se había inspirado en La fiera de mi niña. A mí ésta última me sigue pareciendo mucho más fresca.

Katharine Hepburn tenía mucho interés en esta película. Ya era una actriz consagrada pero todavía no había hecho comedia. No fue una mala elección porque aporta a la película elegancia y un punto de locura inigualables. Pero la comicidad también se consigue por el ritmo vertiginoso con el que se encadenan las escenas o la rapidez de los diálogos entre los actores. En fin, David y Susan desgarrándose la ropa sin que haya nada de erotismo; los dos cantándole al leopardo Todo te lo puedo dar menos el amor, baby; el accidente con el camión de las gallinas y Baby relamiéndose. Quizá también haya influido en el encanto que mantiene la película que los guionistas se enamorasen durante el rodaje.



Director: Howard Hawks
Intérpretes: Cary Grant, Katharine Hepburn, May Robson y Charles Ruggles.
Guión: Dudley Nichols y Hagar Wilde

jueves, 19 de febrero de 2015

Cine: Siempre Alice de Glatzer y Westmoreland (2014)

Alice Howland (Julianne Moore) es una atractiva mujer de 50 años. Profesora e investigadora en neurolingüística en una universidad de Estados Unidos. Está casada con un médico prestigioso (Alec Baldwin) y tienen tres hijos ya mayores. Alice empieza a tener olvidos y ausencias que no le parecen normales. Va al médico y le diagnostican Alzheimer precoz. Su vida ya no le pertenece y poco a poco y sin que pueda hacer nada se irá disolviendo, como su cerebro. 


Es especialmente dramático para Alice que siempre ha tenido en gran consideración su vida intelectual. Antes de que lo inevitable suceda ella idea toda una serie de estrategias para seguir teniendo control sobre su vida: pequeñas notas como recordatorios en su teléfono móvil, una carpeta con instrucciones en el ordenador, pero llegado el momento nada de eso puede suplir su memoria y su intelecto. 

Todo lo que somos, todo lo que sentimos, todo lo que queremos está en nuestro cerebro. Nuestra alma es nuestro cerebro y si se disuelve se disuelve nuestra vida. No queda nada. Resulta aterrador. Es algo que me impresiona mucho. Recuerdo que a una de mis abuelas le pasó. Olvidar todo lo que eres y todo lo que has vivido. No creo que exista una tortura mayor que darte cuenta de que estás olvidando. Julianne Moore lo expresa todo con los ojos, hasta el vacío de irse olvidando de sí misma.


Esta imagen es perfecta para explicar lo que hace la enfermedad con tu cerebro. Fragmentarlo, de manera que no pueda establecer conexiones y se pierdan los recuerdos, la memoria y la razón, la capacidad de amar y el alma. En esa mirada vacía y perdida queda todo lo que no es un ser humano. 

La película es bastante convencional pero no es lacrimógena. Su emoción está precisamente en eso, en ser reflejo de la realidad ante una enfermedad que nadie esperaba. Además de que es una enfermedad prematura también es hereditaria y esto les sirve a los directores para incorporar a los tres hijos de Alice, para poder estudiar las reacciones de tres personas de menos de 30 años ante la posibilidad de padecer en el futuro esta enfermedad. Sin embargo, los directores no profundizan por ahí. Sólo es relevante en la película la relación que Alice mantiene con su hija pequeña, Lydia (Kristen Stewart que ha recibido muy buenas críticas por este papel). Lydia es la hija díscola que está buscando su sitio en la vida y en cierta manera ocuparse de su madre y ver su deterioro paulatino la hará situarse, aunque no comprenda ni acepte lo que está pasando. Sobre todo, contrasta su actitud tan madura y responsable con la frialdad con la que la hija mayor, que siempre había sido considerada la hija modelo, se inhibe de todo compromiso con respecto a su madre.

Aunque los directores no han querido definir más estas relaciones familiares sí que queda suficientemente claro cómo la enfermedad de una persona afecta (y agota) a todos sus familiares. Trastoca planes y expectativas; retrasa decisiones; provoca cambios de ciudad, de profesión, de domicilio. Un desbarajuste hasta que las cosas vuelven a encajar. Todo eso cuenta la película con mucha elegancia y mucho dolor. Espero que Julianne Moore se lleve por fin el Oscar.

A mí me ha producido terror pensar en la posibilidad de perder la identidad de esa manera. En una escena Lydia le dice a su madre que vivirá muchos años y Alice no le contesta. No sé qué sentido puede tener vivir muchos años si ya no eres tu mismo; si se han perdido la identidad y los recuerdos que nos hacen posible revivir las cosas.










Guion y Dirección: Richard Glatzer y Wash Westmoreland
Música: Ilan Eshkeri
Fotografía: Denis Lenoir 


jueves, 12 de febrero de 2015

Novela: La Torre Vigía de Ana María Matute (1971)

La autora.-
Ana María Matute ha muerto recientemente. Era miembro de la Real Academia Española y también Premio Cervantes, Premio Nadal, Premio Planeta y candidata al Premio Nobel. Una autora respetada por todos, sin embargo durante unos años no pudo escribir debido a una enfermedad. Su reencuentro con la literatura se produjo con Olvidado Rey Gudú (la segunda sobre la Edad Media). Otras obras suyas son: Pequeño teatro, Paraíso inhabitado, Los soldados lloran de noche y Aranmanoth, la novela que cierra su trilogía sobre la Edad media. 

Sinopsis.-
De la infancia a la adolescencia, el protagonista relata sus vivencias, lo que no comprende, lo que le fascina y lo que le asusta.

Mi opinión.-
La torre vigía, es la primera novela que forma la trilogía sobre la Edad Media escribió la autora. Se trata de una Edad Media mística, alejada de una narración histórica y también de las aventuras con dragones, elfos y hadas; sin embargo, sí que hay un ambiente de misterio, de poderosas fuerzas naturales invisibles que rigen los destinos humanos y que se manifiestan periódicamente. El conflicto entre la luz y las tinieblas, el castigo divino y la brutalidad humana, lo desconocido y lo inexplicable están siempre presentes y el protagonista parece destinado a desvelarlos.

Es significativo que nunca se diga su nombre y que el resto de los personajes tampoco le llamen con él. En general, hablan poco, se tratan poco y eso nos da una imagen de la rudeza de la vida allí. Él es un joven abandonado por todos; el último hijo, engendrado ya en la vejez, de un antiguo caballero perteneciente a la nobleza más baja. Su madre le ha dejado para irse a vivir a un convento y sus tres hermanos mayores le odian y le injurian a la menor oportunidad, aunque sin motivo aparente. Como no tiene fortuna su padre le envía al castillo de su señor para que sea instruido como escudero. 

Aunque el libro no sigue una línea narrativa usual, es la historia contada en primera persona de este muchacho, desde los 6 años, cuando empieza a tener conciencia, a los 15 en que es armado caballero. Su lucha por la supervivencia, sus aprendizajes y el íntimo reconocimiento de tener una especial sensibilidad y un destino excepcional. Y también trata especialmente de cómo aceptamos la jerarquía, el orden y la disciplina, sin reflexionar sobre ello, adaptándonos para sobrevivir. 

Para recrear ese mundo, la autora utiliza un lenguaje muy recargado. En ocasiones parece que “pinta” en lugar de escribir, por el detalle y la fuerza con los que describe colores, olores y sensaciones. El viento o los vientos durante toda la narración tienen presencia visual para el protagonista (“Entonces vi el viento”, “El viento inmóvil que yo distinguí claramente”), el fuego, el rio y los olores son coordenadas para situar a los personajes en ausencia del tiempo y del espacio.

El niño vive en el castillo de su señor y su estancia allí parece un ascenso puesto que su señor le tiene en gran estima y se ocupa personalmente de su formación, pero también supone para el protagonista el reencuentro con la decadencia y la decrepitud que ya había vivido en casa de su padre. Viejos caballeros y soldados vencidos por el paso del tiempo, borrachos y faltos de toda esperanza.

Es una novela de lectura difícil a veces, barroca y recargada, con mucho cuerpo; con descripciones muy poéticas y elegantes. Y sobre todo resulta interesante por abordar la “novela de caballería” por parte de una escritora del siglo XX. Voy a continuar con el segundo de la trilogía. 



La Torre Vigía 
Ana María Matute

Ed. Destino Booket

jueves, 5 de febrero de 2015

Cine: El crepúsculo de los dioses de Billy Wilder (1950)

El jardín de la mansión de Norma Desmond es el retrato de su decadencia. Norma Desmond es un antigua estrella del cine mudo, recluida en su fabulosa casa, rodeada de recuerdos y visionando constantemente las películas que la llevaron al Olimpo. Su sonrisa grotesca y sus poses exageradas, son máscaras que recuerdan los primeros planos de las películas mudas. Todo en ella es excesivo, hasta su manera de fumar con un artilugio exquisito para no tocar el cigarrillo con las manos. La excentricidad culmina organizando un funeral para su mono. Aun con todo, no resulta estridente o desagradable. Al contrario, la interpretación de Gloria Swanson provoca ternura.

Es también la película de un gran amor. El amor de Max, el mayordomo, por Norma ha sido capaz de sobrevivir a todo. Él fue en otro tiempo el gran director de cine encargado de las mejores películas de Norma y también su primer marido. Ahora se conforma con ser el mayordomo y el ángel guardián que la protege de sus constantes tentativas de suicidio. Un gran amor, sin duda. 

En esa casa irrumpe Joe Gillis. Un buen escritor sin éxito, perseguido por sus acreedores. Sin casa y a punto de que le embarguen el coche, su única propiedad. Treinta y tantos años, guapo, culto y con clase. Norma le “contrata” para que revise un guion que ha estado escribiendo durante años y que pretende convertir en película. El contrato irremediablemente incluirá el amor, por lo menos por parte de ella. Joe trata de mantener su dignidad y de no prostituirse, pero a regañadientes acepta los lujosos regalos, los trajes a medida, la influencia y el estatus que le facilita Norma. Pero es que Norma Desmond es muy atractiva, divertida y fascinante.

Tiene alrededor de 50 años y se nota el paso de la edad, aunque mantiene su belleza de otros tiempos. Para su vuelta al cine empieza a prepararse: adelgaza y se somete a tratamientos de belleza, más o menos agresivos. Se nos critica a las mujeres estar obsesionadas con la edad y en querer mantener a toda costa la juventud. Yo no tengo problemas con decir mi edad (52), pero entiendo que otras mujeres no quieran hacerlo porque puede ser perjudicial para nosotras. Curiosamente el verbo que se utiliza para preguntar por la edad es confesar: fulanita confiesa su edad o fulanita no confiesa su edad. Como si la edad, en las mujeres, fuese un pecado o un delito.

Evidentemente no es un pecado. Pero sí que, en determinados ambientes o sobre todo ahora, a la hora de buscar trabajo, nos perjudica “confesar” nuestra edad. “Pensábamos en alguien más joven”, es una respuesta habitual de los reclutadores de ETT. Los hombres no sufren esa presión con la edad. Frecuentemente veo, en la televisión o en la calle, hombres más jóvenes que yo y que tienen un aspecto físico ruinoso, sin embargo no se les juzga por él. Canas amarillentas, barrigas cerveceras y pelos en las orejas y en la nariz. 

Pero volviendo a la película, también es una mirada ácida a la industria del cine. A veces convertida en una picadora de carne. Un monstruo insaciable devorando tiernas criaturas o convirtiéndolas en ácidos despojos de sí mismas. En el caso de Norma, la vida la ha tratado bien, pero no es consciente de que su momento ha pasado. Ha estado demasiado tiempo sin cultivar, como su jardín. La genialidad de Billy Wilder consigue que Norma vuelva a brillar en su última escena, dirigida por su fiel Max.

“Soy grande; las que se han quedado pequeñas son las películas”. Así se define Norma Desmond. 


Director: Billy Wilder
Intérpretes: Gloria Swanson, William Holden y Erich von Stroheim
Música: Franz Waxman
Fotografía: John F. Seitz 

jueves, 29 de enero de 2015

Cine: Tintin y el secreto del Unicornio de Steven Spielberg (2011)

Otra película que no pude ver en el cine cuando la estrenaron a pesar de que me apetecía mucho. Ha pasado bastante tiempo de eso, la peli es de 2011, y ni siquiera había podido verla en DVD. Aprovechando para “ponerme al día”, ahora por fin, ¡ya está! Ya la he visto.

No me ha decepcionado en absoluto. Spielberg es un maestro del cine de aventuras; desde el minuto uno hasta el final es puro cine de aventuras: carreras, un piso destrozado, robos, peleas, un secuestro, una tormenta en el mar, un naufragio, un aterrizaje de emergencia en el desierto, persecuciones en sidecar. Todo a velocidad de vértigo, sin que Tintin y Milú (que en la versión en inglés se llama Snowy: ¡nooooo! ¿por qué?) tengan ni un segundo de descanso. Sin respiro, ni para los personajes ni para los espectadores. Toda la acción de la película acomodada perfectamente al ritmo de las viñetas de un comic.

Comienza la historia en París, cuando compra una preciosa maqueta de un barco “El Unicornio” y otros personajes también muestran un profundo y amenazador interés por el barco. A partir de ahí a correr y a ver quién llega antes a conocer el secreto de "El Unicornio" y para ello contará con la ayuda (y el estorbo) del Capitán Haddock, cuya familia sufre una maldición desde el naufragio de ese mismo barco a finales del siglo XVIII.

En realidad se han adaptado tres historias de Tintin: El secreto del Unicornio, El tesoro de Rackham el Rojo y El cangrejo de las pinzas de oro. Uno de los guionistas ha sido Steven Moffat, cocreador del Sherlock de la BBC que es la serie que más me ha gustado en los últimos 30 años. Spielberg había comprado los derechos de las aventuras de Tintin para llevarlas al cine hace tiempo, pero no sabía cómo hacerlo, hasta que Peter Jackson (El Señor de los Anillos, El Hobbit), le convenció que debían intentar adaptarlo mediante “captura de interpretación”. Todo un acierto.

Creo que, a veces, tratar de humanizar a los personajes de comics no resulta (todavía no he visto una película de Superman que me guste y para qué hablar de las adaptaciones de Astérix); sin embargo, "animar" (ponerles alma) a los personajes con la voz, el movimiento y la interpretación de los actores, pero conservando su “bidimensionalidad de papel”, en este caso funciona perfectamente. Es ambicioso y sorprendente.

Hergé, el creador de Tintin, publicó la primera historieta en 1929 (Tintin en el país de los soviets) y terminó con Tintin y los pícaros en 1976; en total fueron 24 álbumes. Además, como todos los personajes que provocan pasión, se han editado también pastiches inspirados en él. Así que queda abundante material para inspirar otras adaptaciones al cine. Se dice por ahí que Spielberg y Jackson, han considerado hacer una trilogía, en cuanto Jackson termine con El Hobbit.

Al final de la película, me quedo con la sensación de que “Tintin” podría ser una de las lecturas de infancia y adolescencia de Indiana Jones. 


Director: Steven Spielberg
Guión: Steven Moffat y Edgar Wright 
Intérpretes: Jamie Bell, Daniel Craig y Andy Serkis
Música: John Williams

jueves, 22 de enero de 2015

Novela: La enredadera de Josefina R. Aldecoa (1984)

La autora.-
Josefina Aldecoa fue escritora y pedagoga. Estuvo en contacto con otros escritores que formaron la llamada Generación del 50: Carmen Martín Gaite, Sánchez Ferlosio y su marido Ignacio Aldecoa entre otros. En 2003 fue Premio Castilla y León de las Letras. Otras obras suyas son: Mujeres de negro, Historia de una maestra, La educación de nuestros hijos y Hermanas (2008) que fue su última novela. También se dedicó a la docencia.

Sinopsis.-
Dos mujeres, Clara y Julia, que habitan la misma casa, aunque separadas por 100 años de distancia, se enfrentan a los mismos problemas, vacíos existenciales, las decepciones en la relación de pareja y el desapego que los hijos sienten por ellas.

Mi opinión.-
La novela está dividida en cuatro partes que se corresponden con las estaciones. En cada una de ellas Julia y Clara, como dos ramas de la misma enredadera, cruzan sus historias. Hablan de la soledad de las mujeres, acostumbradas a que, de vez en cuando, los hombres visiten su mundo y se vuelvan al otro donde se divierten más.

Para Julia, ir conociendo a alguien cada vez más significa encontrar más y más diferencias. Por eso y porque no quiere limitarse a ser comparsa en la vida de un hombre, parece no estar dispuesta a intimar con nadie. Para Clara, que ha vivido en la casa 100 años antes que Julia, su matrimonio termina cuando es incapaz de cumplir con su deber de darle hijos varones a su marido. De la familia de Julia no sabemos nada; sin embargo Clara siempre nos recuerda el profundo amor que sintió por su madre y su abuelo.

La libertad frustrada en el caso de Clara y la libertad que Julia ejerce plenamente, es la mayor diferencia entre las dos. Julia vive en los años 80, ha estudiado y trabajado como socióloga fuera de España, ha tenido varios amores y rechaza el refugio y la relación de “aparente” libertad que le facilita Juan, su último amante. Clara siempre reconoce que los demás decidieron por ella. Su familia, sus circunstancias personales, su marido.

Son mujeres muy diferentes, pero enfrentadas a las mismas decepciones, por esto creo que la autora ha utilizado recursos narrativos diferentes. En el caso de Julia, el narrador en tercera persona nos cuenta lo que ella vive, recuerda, piensa o siente en el mismo momento, pero con una cierta distancia; en el caso de Clara es ella misma quien, mediante su, a veces caótico, monólogo interior, va desgranando íntima y cercanamente su propia historia.

Madreselva

Clara, la fiel esposa y Julia, la mujer independiente, viven historias diferentes con consecuencias diferentes, en tiempos diferentes, pero en diálogo continuo, de manera que los recuerdos o sentimientos de una de ella parecen zarcillos que se enganchan en la historia de la otra. Para Clara, a principios del siglo XX una mujer sin marido no es nada; sin embargo, Julia, en 1980 prefiere seguir su camino sola.

Es una novela muy poética, muy atenta a los olores y colores de las distintas estaciones: el frío, la explosión de la primavera, el calor y la luz cegadora del verano y la calma y la melancolía del otoño. Cada estación requiere un estado de ánimo diferente y también una enredadera diferente: yedra, ampelopsis, buganvilia o madreselva. Escritora muy recomendable. 


La enredadera
Josefina R. Aldecoa 

Ed. Anagrama