Muchos críticos han dicho que Concha Velasco está inmensa en
Reina Juana pero se quedan cortos. Concha
Velasco representa a la reina Juana que tiene 76 años como ella y está a punto
de morir. Pero no es sólo esa Juana. Es también la niña que visita a su abuela
loca; es la adolescente temerosa de emprender un viaje por mar que cambiará su
vida; es la joven recién casada, apasionada y con prisas para consumar su
matrimonio con el Hermoso; y la anciana descreída humillada y abandonada por todos.
Pasan los años (minutos en la representación) y es la mujer
traicionada y amargada; es la reina a quien su propio marido adúltero le quita la
dignidad y el trono; y es la viuda inconsolable que sospecha que su marido ha
sido envenenado por Fernando el Católico y que vaga por toda Castilla buscando a
quien la quiera escuchar. También es madre de varios hijos a los que apenas ve.
Y abuela del rey, de Felipe II que amenaza con enviarla ante el Tribunal de la
Inquisición temiendo que se haya convertido al luteranismo. Concha Velasco ha sido capaz de condensar toda esa experiencia vital y exponerla sin pudor en el teatro, ante el público que actúa de confesor de una moribunda más lúcida que nunca.
La reina Juana murió el 12 de abril de
1555. En esa noche se sitúa la acción de la obra, la confesión de la reina ante el padre Francisco de
Borja.
Las palabras de su confesión tienen vida. Las palabras hacen que los personajes
más determinantes en la vida de Juana aparezcan en esa última noche. Madre,
padre, hijos, emperador, rey, reina, los comuneros. Todos ellos acuden a su
llamada para seguir importunándola. Al final Juana, que había vivido la mayor
parte de su vida sola y recluida, únicamente acompañada por su última hija, muere
rodeada de todos aquellos que no la entendieron, que la utilizaron para sus
propios fines.
Juana fue la tercera hija de los Reyes Católicos y no estaba
destinada a reinar. Se concertó su matrimonio con Felipe el Hermoso y tras la muerte de sus hermanos mayores fue declarada
heredera. Isabel la Católica murió en
1504 y Felipe el Hermoso, el marido intruso, era lo suficientemente intrigante para quedarse con la corona y con el apoyo de la nobleza castellana conseguir que Fernando se retirase a su
reino de Aragón. No le sirvió de mucho porque apenas unos meses después de ser
proclamado rey, Felipe murió de fiebres. Juana creyó fervientemente que su
padre le había envenenado.
Juana I de Castilla
A partir de ahí todo fueron conspiraciones e intrigas
políticas para evitar que Juana reinase hasta que en 1509 Fernando el Católico
dispuso que la encerrasen en Tordesillas hasta su muerte, por miedo a que los
comuneros, contrarios al reinado de Carlos I y de toda su corte de funcionarios
extranjeros, la reclamasen como legítima reina de Castilla. Si no estaba loca
cuando la encerraron después de 46 años allí no extraña que sí lo estuviera.
Universalmente conocido por Madame Bovary, había empezado
estudios de derecho pero los abandonó por la literatura. Es uno de los grandes
representantes del realismo y, en su escritura, era un gran perfeccionista. En las
cartas a su gran amor, la poetisa Louise Colet, describía con todo detalle
cuánto le costaba encontrar la palabra precisa. Otras obras suyas: Salambó, La educación sentimental.
Mi opinión.-
Sorprende que Flaubert escribiera esta novela corta con apenas 16
años y que, además, la subtitulase como Cuento
filosófico. Es un antecedente directo de lo que más tarde desarrollará con
Madame Bovary.
Mazza es una joven casada, con un hombre al que no quiere y
tiene dos preciosos hijos. Desde las primeras páginas podemos sentir cierta empatía
con ella y creo que el autor también lo hacía. Mazza vive feliz en su
ignorancia, ama por obligación a su marido y le parece lo normal. Todo esto es antes
de caer en las garras de un seductor. Flaubert define a los seductores ya en
las primeras páginas como “coeur sec”, corazones secos que dominan el “chic” de
la persuasión. Es lo que hoy se llamaría un depredador emocional; pero, además,
Flaubert nos dice que es un tipo de hombre “muy frecuente” en su época. No
entiendo como un joven de 16 años podía reconocer con esa precisión la
malignidad de esos tipos, ¿sería uno de ellos? No parece que fuera así por su
biografía.
Estos “corazones secos” eran muy aficionados a la caza de mujeres.
Una vez obtenida la presa, ya nada más importaba, excepto cazar otra nueva. Para
el seductor, una vez conseguida la pieza (cuanta más resistencia por parte de ella, más satisfacción para el depredador), empieza el aburrimiento, el hastío y la pereza
de ver a su amante; después las recomendaciones de que vuelva con su esposo y
sus hijos que la aman. Un despliegue de argumentos exhaustivo para la manipulación sentimental. También hay que decir,
que esta mujer despierta a una pasión obsesiva y agobiante; tal y como hace otra heroína del siglo XIX, Ana Karenina. No vive, no duerme,
no puede ni mirar a sus hijos, únicamente piensa en su amante y en
reencontrarse con él cuanto antes. Sí, resulta muy absorbente y Flaubert la
describe como un monstruo que todo lo devora y al cual, ese amor tan
pernicioso, acabará asfixiándola también.
Una vez desatada esa pasión insana y abandonada por el
seductor, Mazza ya no tiene ninguna razón para vivir. Sólo odiar. Odia a mujeres y a
hombres, a su marido y a sus hijos. Se odia a sí misma y especialmente odia a cualquiera que sea
feliz. ¿Qué tipo de educación recibían estas mujeres que, en cuanto el amor
prohibido entraba en su casa, todo se iba al garete? Amor por llamarle algo, aunque cacería como he dicho antes sería el término más adecuado, y de una manera mucho más elegante se le podría
llamar “vórtice de desgracia”. Para la mujer, por supuesto.
Para el hombre, sin embargo, todo era (y es) diversión. Cuando él se
cansa de Mazza viaja a Estados Unidos a emprender una nueva vida. Elige ser
pragmático y, por supuesto, se consuela con pobres mujeres negras y mulatas. Se
convierte en un nuevo hombre, alejado de las ataduras y protocolos del viejo
mundo. En Estados Unidos se le presenta la posibilidad de triunfar profesionalmente y no la dejará escapar. Ya en el colmo del cinismo, Ernest
(que así se llama el tipo del corazón seco”) escribe a Mazza una carta de
despedida para terminar definitivamente con su amor, y le pide que le envíe a
América, en el próximo barco, medio litro de ácido. No hace falta decir para
que utilizará Mazza ese ácido. De lectura obligada para aprender lo que no es el amor.
Un juego de trileros, donde todos se sienten muy listos y
donde todos engañan a todos, varias veces. Paesa sabía manejar ese juego con
maestría, otros no tanto.
La película está narrada por Jesús Camoes, interpretado por
José Coronado de manera impecable. Un personaje ficticio, combinación de unos
cuantos amigos/conocidos/parejas de juego de Paesa. Este narrador conoce parte
de la trama y de los engaños de Paesa, pero no todos. Es un colaborador pero
también víctima. En cualquier caso no puede evitar sentir fascinación por Paesa.
Desde la admiración y una cierta ingenuidad cuenta lo poco que sabe de él,
hasta dejarnos casi con más incógnitas que las que teníamos al entrar al cine.
Tengo que decir que la película me ha sabido a poco porque
esperaba una orientación más biográfica, pero el director ha comentado que
debía ceñirse a una historia y decidió elegir el caso Roldán.
Recuerdo en los años 1990 haber seguido las informaciones
sobre Paesa hasta su supuesta muerte en Sierra Leona sin poder creer lo que
decían. Salíamos de la dictadura de Franco y votamos al PSOE con mucha ilusión por
un verdadero cambio para España. Pocos años después nos dimos cuenta que
algunos miserables se habían apoderado del partido y lo habían utilizado en su
propio beneficio. Entre ellos Roldán y Paesa.
Francisco Paesa era un individuo con cierto atractivo (poco,
la verdad), con unas gafotas enormes y tristes y el cigarrillo en la comisura
de los labios. Un espía, un conseguidor, un trilero. Nada parecido a Bond,
James Bond, pero había intervenido en casos que requerían alguna habilidad
especial y posiblemente turbia: la detención de la cúpula de ETA, la operación
Sokoa, el GAL y Luis Roldán, sobre todo Luis Roldán.
Lo más chocante entonces fue lo que empezamos a conocer de
ese mal que parece endémico en España: la corrupción y los corruptos (que por
lo que se ve han creado una floreciente escuela que sigue entre nosotros). Ninguno
de nosotros piensa que durante la dictadura no hubo corrupción, pero en la
España del PSOE eso no debería haber pasado.
De la noche a la mañana, Luis Roldán el exdirector de la
Guardia Civil, militante del Partido Socialista Obrero Español, de toda la vida (es decir, desde 1976 y estamos en 1993 y que antes de la muerte de Franco se había distinguido por delatar a sus
compañeros de trabajo más rojos), un personaje que mentía en su currículum y se
hacía pasar por ingeniero industrial y que tenía una cierta afición a dejarse fotografía en calzoncillos en las fiestas, se fugó antes de que los
jueces ordenasen su detención por varios delitos relacionados con dinero
público. Luis Roldán, al que primero llamaron Pelopincho porque era calvo y después el bebé porque no hacía más que llorar, no es que se simplemente se fugase,
sino que se llevó 1500 millones de pesetas.
El incauto de Roldán, con talento y predisposición para
robar pero no lo suficientemente inteligente para saber gestionar su botín en
Suiza, había amasado esa fortuna a través de comisiones ilegales (lo mismo que ha
hecho Francisco Correa, otro emprendedor, el que está siendo juzgado por la
Gürtel, años después). Así que, una vez que tomó la decisión de huir, o tenía
que recurrir a alguien para que le solucionase el problema o llevarse el dinero
en maletines con lo incómodo que debe ser acarrear tanto peso en papel moneda (otros, como los hijos de Jordi Pujol, parece que han hecho músculo acarreando
bolsas de ese tipo, pero era en Andorra que está un poco más cerca que Suiza).
A esta primera generación de corruptos todavía le faltaba
algo de picardía y Francisco Paesa estaba allí para suplirla (el que
roba a un ladrón…). Roldán terminó entregándose a la justicia española, cumplió
15 años de cárcel y una pequeña parte del dinero se recuperó. Se cree que
Francisco Paesa le estafó y se quedó con el resto.
Trileros
La película cuenta esta historia, a ritmo de thriller de
timadores, con sus engaños e imposturas. con sus mentiras dichas con la rotundidad de verdades
fundamentales y verdades tan extrañas que nadie se las podría creer. Llega un
momento que sólo puedes preguntarte, cuándo
el mentiroso dice que miente, ¿miente o dice la verdad? Paesa hacía pasar a
delincuentes de poca monta como mafiosos internacionales, pero Roldán amenazaba
con tirar de la manta con unos documentos de un maletín vacío. Timadores.
A Roldán le llegamos a conocer bastante bien. Sin embargo,
Paesa sigue siendo un gran desconocido y todavía con capacidad para
sorprendernos. Cuando se estrenó la película, para sorpresa de todos, Paesa
concedió una entrevista a Vanity Fair.
No contó nada nuevo, quizá porque no haya nada más que contar. Ahora vive en París, como
un señor.
En la película, adaptación de una investigación periodística
del mismo título, queda bastante claro que Paesa era un vendedor de humo un
poco chapucero pero con mucha suerte, especialmente para rodearse de timadores
un poco más tontos que él. A pesar de esto el director piensa que algo más
tenía que haber (quizá su conocimiento real de las cloacas del estado), puesto
que le favorecían demasiadas casualidades.
Todos los actores están fantásticos, especialmente, Carlos
Santos que interpreta a Roldán. Al principio, combina su arrogancia con una
profunda estupidez; se cree capaz de manejar la situación y es un pececillo en un mar de tiburones. Pero, a medida que
pasa el tiempo y sobre todo en cuanto su mujer le deja, sólo tiene recursos
para mostrar su fragilidad. Marta Etura interpreta a la mujer de Roldán. Un
personaje que aporta toda la fortaleza e inteligencia que Roldán no tiene. Y
por último, Eduard Fernández, está brillante embarcado en un personaje resbaladizo y oscuro, al
que ha dotado con una picardía que no sabemos si tiene.
En esta película la ambientación y la fotografía, el frío y la lluvia en París y, especialmente, la
banda sonora aportan el misterio y suspense necesarios para los que ya nos conocemos la historia. Muy recomendable.
Paesa en Vanity Fair
Algo nuevo he aprendido: a Juan Alberto Belloch, ministro de Justicia e Interior en ese momento y después alcalde de Zaragoza, le llamaban el cochero de Drácula. Luis Roldán cumplió su condena y creo que sigue viviendo en Zaragoza discretamente. Durante su estancia en la cárcel estudió y se licenció en Ciencias Políticas y Sociología por la UNED.
Director: Alberto Rodríguez
Guion: Alberto Rodríguez y Rafael Cobos sobre el libro de Manuel Cerdán
Música: Julio de la Rosa
Fotografía: Alex Catalán
Intérpretes: Eduard Fernández, José Coronado, Carlos Santos, Marta Etura, Emilio Gutiérrez Caba.
En 1774, Goethe publicó Las
penas del joven Werther, una novela epistolar parcialmente basada en un
episodio de su juventud. Tuvo tal éxito que el autor acabó maldiciéndola; ya que la mayoría
de sus admiradores se limitaron a leer únicamente esta obra y no apreciaron el
resto de su producción. Además, la novela creó tendencia. Los jóvenes se
vestían y adoptaban las maneras del protagonista e incluso imitaron su
suicidio. Es lo que se llamó la “fiebre de Werther”. Fue una de las novelas más
importantes de su época. Se puede encuadrar en el movimiento literario alemán Tormenta e ímpetu, precursor del Romanticismo, en el que se potenciaba la
expresión de la subjetividad individual, la emoción y las pasiones sin
cortapisas.
Casi un siglo después Massenet compuso la música para el libreto
que adaptaba esta novela. Se considera una de las óperas más difíciles de representar para un
tenor, puesto que tenía que extremar su expresividad. Sin embargo, los libretistas, Edouard Blau y Paul
Milliet, tuvieron que “inventar” el personaje de Charlotte porque en la novela
original, las cartas sólo aportan la visión del joven Werther: sus
sufrimientos, su carácter melancólico y apasionado y su desesperado final.
Así, en la adaptación para la ópera, ambos personajes comparten protagonismo aunque se manifiestan como totalmente antagónicos. Werther es
apasionado, individualista y un poco caótico como corresponde a un poeta.
Charlotte por el contrario, es una buena hija, la hermana mayor que tiene que
ocuparse de sus 6 hermanos huérfanos y que ha prometido a su madre, en el lecho
de muerte, que dará su consentimiento a una buena boda para asegurar el futuro
de sus hermanos. Sin embargo, el amor se cruza en su camino y descubre su individualidad con Werther. Hasta
entonces había sido una joven pragmática y simple. No se le había ocurrido que
pudiese tener una vida propia ni mucho menos que pudiera elegir su propio destino. Todo ello se queda en una tentativa porque al final, no
se atreve a desafiar las normas y a su familia. A pesar de ello, su destino será trágico. Tal y
como Werther invoca a la naturaleza para que le ayude en sus penas, Charlotte
invoca a Dios para que la salve de la pasión destructiva y la asista en su matrimonio
sin amor con Albert. Sin éxito, por supuesto.
En esta producción, lo que más me ha gustado es la impresionante
evolución en el carácter de Charlotte. La mezzosoprano Joyce DiDonato da cuerpo
a esa evolución pasando de la ñoñería de la joven Charlotte del principio a la
mujer desgarrada por la pasión de Werther. Para mí el personaje de Charlotte resulta
más complejo que el de Werther. Vittorio Grigòlo interpreta al poeta Werther y
aunque también está espléndido, no se luce como ella porque su papel es más
previsible.
La escenografía es muy sencilla. Los personajes quedan
expuestos a la luna llena o a un cielo intensamente azul pero avasallador e inmisericorde o al interior
de una casa burguesa oscura y triste. No existe, para ellos, un entorno amable
donde vivir su amor. En el enfrentamiento que se produce entre Werther y
Charlotte, entre, por un lado, la naturaleza, la pasión y el amor y por otro la
sociedad, el matrimonio y el deber, ninguno de los dos sale victorioso. Resulta conmovedora. Como curiosidad, apunto que la Criatura de Mary Shelley, en Frankenstein aprende a leer con Las penas del joven Werther.
Música: Jules Massenet
Libreto: Edouard Blau y Paul Milliet (Goethe)
Director de Orquesta: Antonio Pappano
Director: Benoît Jacquot
Puesta en escena: Andrew Sinclair
Escenografía e iluminación: Charles Edwards
Vestuario: Christian Gasc
Intérpretes: Vittorio Grigòlo, Joyce DiDonato, David Bizic, Heather Engebretson.
Vladimir Nabókov nació en Rusia en 1899. Recibió una esmerada
educación como correspondía al hijo mayor de una familia de aristócratas que, después tuvo que exiliarse por miedo a la Revolución Rusa. Estudió en Cambridge y aunque empezó a
escribir en ruso, sus principales obras son en inglés. En 1940 llegó a Estados
Unidos y empezó a trabajar como profesor de literatura en varias Universidades.
Otras obras suyas: Lolita, Ada o el ardor,
Curso de literatura europea y Curso de literatura rusa.
Mi opinión.-
Nabókov había escrito estas lecciones sobre el Quijote
cuando trabajaba en la Universidad de Cornell y al empezar a trabajar en la Universidad
de Harvard, las completó con un resumen detallado de cada capítulo de la obra. El
autor consideraba que si no se estudiaba el Quijote no podía entenderse la evolución
de la novela moderna y que era un campo
de entrenamiento para acercarse a Dickens o Flaubert.
En su libro, a pesar de mostrar su admiración, no es condescendiente con la obra ni con el autor. Se
esmera en resaltar los atajos que utiliza Cervantes para llegar al “gran
público” de la época. Cervantes escribe, sobre todo la segunda parte, en un momento de
graves apuros económicos y utiliza y reutiliza material bien conocido por los
posibles lectores: romances, cuentos y abundante literatura oral popular, pequeñas obras escasamente
hiladas y que resultan un poco estrafalarias. Además, el Quijote aparece como un antihéroe
esperpéntico y que es objeto de crueles burlas por parte de sus vecinos y
familia. Incluso por parte de Sancho Panza, un hombrecillo vulgar, mediocre y
pesetero que no duda en abusar de su caballero si puede.
A pesar de todo esto Nabókov siente mucha simpatía por
protagonista. Se le nota. Se pregunta por qué Cervantes eligió como
protagonista a un vagabundo asocial, quemado por el sol y con evidentes signos
de locura. Puede ser porque quizá fuera el único hombre cabal que quedaba en ese
mundo cruel y vulgar, chabacano y decadente, que todavía se regodea torturando animales. Don Quijote es
un caballero cristiano que sólo busca hacer el bien, ejercer su particular
ética y no dejarse llevar ni por conveniencias ni por las convenciones morales
de su época (tan parecidas a las nuestras).
Nabókov utiliza la ironía para criticar las novelas insertadas
dentro de la trama diciendo que la venta donde se aloja don Quijote termina “tan llena de gente como
cierto camarote de cierta película antigua de los hermanos Marx”. Pero sobre
todo resalta la crueldad que en la primera parte es física y no hay capítulo
donde los protagonistas no acaben molidos a palos o ridiculizados; mientras que
en la segunda parte del libro, es una crueldad más psicológica, destinada a
confundir todavía más al caballero loco. Una crueldad más fina, más pensada por los duques y sus sirvientes que utilizan al pretendido caballero y a su escudero como muñecos de guiñol para su entretenimiento.
Yo creo que Nabókov estaba fascinado por el personaje de Don
Quijote, aunque reconociese que Cervantes había remendado un libro con trozos
cogidos de aquí y de allá; a veces unidos con no muy buena fortuna. Sin
embargo, el Quijote ahí sigue. Y es que ¿quién no se ha sentido apaleado alguna
vez por la ignorancia de los demás o por el sentido común? o quizá por esa gente vulgar
que no quiere salir de su vulgaridad, como la vieja ama que se dedica a quemar los libros de caballerías.
Para mí Norma ha sido siempre la ópera de la resistencia política
frente al invasor armado, por eso me ha extrañado mucho el montaje que se ha
estrenado en Londres esta semana. El director Álex Ollé, miembro destacado de La fura del baus, no lo ha interpretado
así. Para Ollé el gran dilema que sufre Norma es el enfrentamiento entre su libertad
como individuo y su responsabilidad frente a un estado confesional opresivo con
una estética que irremediablemente tenemos que relacionar con el catolicismo franquista.
Tengo que reconocer que la escenografía es espectacular
aunque los frondosos bosques de la Galia hayan sido sustituidos por cientos de cristos
crucificados más propios de la imaginería castellana y las vaporosas túnicas de
los druidas que podíamos esperar, en este montaje, se convierten en pesados
uniformes militares de requetés y pluviales, roquetes y casullas sacerdotales que, tanto Norma como Adalgisa, sacerdotisas del culto druídico,
visten. Atuendos religiosos oscuros, opresivos y completamente masculinos.
Casta Diva
Si Ollé buscaba oprimir el corazón del espectador desde
luego conmigo lo ha conseguido, pero al mismo tiempo, esta puesta en escena católico-franquista,
me resultaba tan desagradable, no por su referencia a la religión sino por su
referencia constante al fascismo, que conseguía distraerme de la música.
Oroveso
Entiendo
que la jerarquía católica española todavía tiene que disculparse por haber
sintonizado de aquella manera con el fascismo español. Pero no creo que esta
ópera sea el ejemplo adecuado de un individuo sometido a un estado. No me
encaja porque en Norma, es Roma y no
la Galia quien representa al fascismo invasor que impone sus leyes al pueblo
invadido.
Norma vive una gran lucha interior. Ella es la profetisa a
la que todo su pueblo adora y sigue. Sin embargo, desde hace años lleva una
doble vida. Es la amante de Pollione el procónsul romano invasor y ha tenido
con él dos hijos. El amor por parte de Pollione ha terminado y ahora éste se ha
fijado en Adalgisa, una novicia que le corresponde, sin saber que es el tercer
vértice del triángulo fatal. Podemos pensar que Norma ha sido consagrada al
culto desde niña y que no ha podido elegir, sin embargo, a pesar de su amor por Pollione, ella mantiene su
fidelidad a su pueblo y a su religión sin ninguna duda y está dispuesta a
liderar la rebelión contra el invasor aunque todavía no cree que haya llegado el
momento.
Adalgisa también vive su momento de turbulencia por el amor
de Pollione y a pesar de sus votos tiene el valor de confesar a Norma sus
dudas. Al principio, encuentra en ella comprensión y cariño que se hace patente
en un dúo entre la soprano y la mezzo especialmente hermoso y que, creo, que puede
constituir una de las primeras muestras de sororidad, escrita ya a mitad del siglo XIX. Entonces
le dice que …no es eterno el nudo que te
ata al altar. Si Norma fuera un individuo sometido a la religión de estado, ésta no sería su respuesta. Si Norma fuese una fundamentalista religiosa
oprimida por su religión, querría que Adalgisa se mantuviera fiel a sus votos. El problema llega cuando Norma se entera de que comparten amante. Entonces toda su piedad se
convierte en rabia contra Pollione y Adalgisa, especialmente contra Pollione: Ella no es culpable, tu eres el malhechor.
Tiembla por ti, cobarde, por tus hijos, ¡tiembla por mí, cobarde!
Norma es una ópera representativa del bel canto de mitad
del siglo XIX que se caracteriza por la extrema dificultad para los cantantes y
por la expresión de sentimientos desbocados propia del romanticismo. Guerra,
traición y amor elevados a la quinta potencia. Tantas emociones son demasiado complicadas para que unos pobres
seres humanos puedan gestionarlas sin quemarse en su fuego. El final es
conmovedor. La orquesta, la soprano, el coro, el tenor, la mezzo y el bajo,
todos cantando su pena y su dolor en un cadalso presidido por una cruz en
llamas. Y el perdón.
Ford Madox Ford (1873-1939). Fue educado en un ambiente
cultural exquisito. Su abuelo fue el pintor prerrafaelita Ford Madox Brown. La
relación con una de sus amantes, la escritora Violet Hunt, parece que fue la
inspiración para crear a la odiosa Sylvia Tietjens, una de las protagonistas de
esta novela. Su novela más importante, y calificada como de las más importantes
del siglo XX en inglés, fue “El buen soldado”.
Mi opinión.- El final
del desfile está compuesta por cuatro novelas: Hay quien no, No más desfiles, Se podría estar de pie y El toque de
retreta, escritas entre 1924 y 1928. Es
la historia de un triángulo amoroso, de un matrimonio en crisis desde su
comienzo compuesto por Christopher y Sylvia Tietjens, y de Valentine, la joven amante
del marido, sufragista y un nuevo tipo de mujer para el siglo XX.
Christopher y Sylvia
La novela es estupenda; a veces complicada de seguir. En una
primera lectura es la novela de un triángulo amoroso, pero en realidad yo diría
que es la novela de la incapacidad para expresar sentimientos, de personajes
que no saben identificar sus sentimientos; o que, cuando conocen sus
sentimientos, no saben expresarlos y que cuando los expresan, los destinatarios
no saben entenderlos.
La nueva mujer, Valentine
La exquisita Sylvia
Hay continuos saltos de tiempo que obligan al lector a
mantener un nivel de atención máximo. No existe un narrador omnisciente que nos
guíe a lo largo de las casi 1000 páginas; el autor nos obliga a meternos en la
mente de sus personajes, que actúan como narradores a veces de situaciones que ni siquiera han vivido, y a seguir los derroteros de sus pensamientos. Nos enredamos
como ellos en su verborrea y en sus discursos agobiantes, a veces dispersos,
ingenuos o incluso de poca inteligencia.
El triángulo
La acción abarca unos 15 años. Christopher Tietjens es el
último hijo de un aristócrata rural del norte de Inglaterra. Torpe y
desgarbado, con serias convicciones morales y sentido del deber. Descrito por
su amante, Valentine, como “idiota gordo de ojos saltones” (página 112); pero
en realidad con una fina inteligencia que le hace intuir los cambios que se
producirán durante y después de la guerra. Él mismo se define como una “especie
de búfalo apartado de la manada” (168). Se casa con Sylvia que está embarazada aunque,
incluso ella misma tiene dudas de que Christopher sea el padre.
Sylvia es una joven heredera de gran fortuna. Es católica.
Su confesor la define como “niña tonta” y su marido considera que ha sido “criada
mediante cruces endogámicos a lo largo de generaciones con el único propósito
de enloquecer a cierto tipo de hombres” (159). No han sido nunca una pareja
feliz, ni con el nacimiento de su hijo. Creo que en el fondo de los problemas
está el reproche de Sylvia hacia la inexpresividad afectiva de su marido; pero
Sylvia no sabe como hacerse entender ni como captar su atención. Así que se
dedica a desprestigiarle y levantar bulos contra él y a coleccionar amantes para hacer daño a su marido, principalmente, pero también para demostrar su poder sobre sobre los hombres y para castigarse a sí misma.
El tercer vértice del triángulo es Valentine Wannop. Es la
inocencia, la luz y la fuerza. La nueva mujer, sufragista, trabajadora, honesta
y libre de convencionalismos. Y durante el tiempo que dura su enamoramiento y
teniendo en cuenta que la I GM irrumpe en sus vidas, lo más llamativo es que la
historia de amor de Tietjens y Valentine transcurre sin palabras de amor, sin
muestras de afecto. No obstante cada uno de ellos siente que cada palabra,
gesto, mirada es una declaración de amor; cada uno se queda enredado en su
propia maraña de sentimientos, creencias y prejuicios rumiados, sin llegar a ser
capaz de expresarlos nunca.
Así pues, Tietjens se encuentra entre estos dos arquetipos,
la vida y la muerte: “Si querías matar algo, podías acudir a Sylvia… una
emoción, una esperanza, un ideal; lo mataría rápidamente y sin dudarlo. Si
querías conservar algo con vida podías acudir a Valentine y seguro que se le
ocurriría cómo hacerlo …Los dos tipos de personalidad …: ¡enemigo implacable,
compañero fiable,… daga, escudo!” (167). Muy recomendable.
Las fotografías son la de última adaptación televisiva de la BBC que no se emitió en España. Existe también otra adaptación de los años 60, en la que Judi Dench interpretaba a Valentine.