jueves, 6 de junio de 2019

Exposición: Joyas de un patrimonio. 2011-2019. Palacio de Sástago


En el Palacio de Sástago, la Diputación Provincial de Zaragoza ha inaugurado la quinta edición de la exposición Joyas de un Patrimonio. Se trata de dar a conocer los trabajos de restauración del patrimonio cultural zaragozano, llevados a cabo mediante la colaboración de varias entidades, durante los años 2011-2019.


Son principalmente obras religiosas, aunque al definir el patrimonio en un sentido amplio, se ofrecen a la vista del visitante también carteles, documentos, libros y, esta vez, incluso una momia; en el caso de los bienes inmuebles, 36 edificios, se ha destinado una sala para albergar fotografías, planos y explicaciones audiovisuales sobre las intervenciones llevadas a cabo. Son bienes que pueden datarse desde el siglo XIII hasta el XX.


Entre los 85 bienes provenientes de 41 localidades de toda la provincia, hay algunos muy interesantes. A mí me ha resultado especialmente curioso el indicador del reloj viejo del Monasterio de Veruela que seguro que Bécquer consultaría cuando vivió allí o es muy posible que no porque durante años la tabla pintada al temple estuvo oculta por una pintura sobre tela. La pintura sobre tabla es de autor desconocido y respecto a la fecha se puede datar entre 1474 y 1479 y el San Antonio Abad, el óleo sobre lienzo de Francisco Espinosa que la cubría, está datada en 1563 (en la última línea del libro que lleva San Antonio puede verse). Supongo que a alguien se le ocurriría aprovechar la tabla como soporte del lienzo, porque las modas cambian y el antiguo reloj no  le gustaría. A mí me parece precioso.





Hay varios retablos góticos y también otros renacentistas. En el banco del retablo de Santiago el Mayor de la parroquia de Santa María de Maluenda, hay una pintura que me ha gustado mucho. Es una piedad y aunque el autor ha colocado la cabeza de Cristo muerto en una posición muy peculiar ha tenido el detalle y la delicadeza de pintarle la boca entreabierta mostrando sus dientes y unas lágrimas impetuosas que surgen de los ojos de la Virgen. En una de las calles hay una escena que no he conseguido identificar. Un personaje lanza libros a un río. Maldito sea. Es un retablo atribuido a Benito Arnaldín, de 1430-1445.




En el retablo de la Virgen de la Corona de la parroquia de Santa María la Mayor de Erla, el detalle simpático está en las cerezas que cuelgan de la oreja del niño regordete y en el puñado que la propia Virgen lleva para darle. También los ángeles músicos y cantores que rodean a la Virgen con sus alas de múltiples colores. Hay que fijarse también en la alfombra sobre la que reposa el sillón de la Virgen. Parece una cenefa de adorno y aunque yo no sabría identificar qué es lo que pone, creo que se trata de árabe, escritura cúfica. Está pintado con tanto detalle que reproduce exactamente la textura de la alfombra. Es de Tomás Giner y Arnault de Castellnou, 1465-1466.






El último de esa misma época es el de Santa María la Mayor, de la parroquia del mismo nombre de Tosos. Perteneciente al taller de Blasco de Grañén y fechado entre 1457-1458. Con las escenas de la vida de la Virgen hasta la dormición, donde vemos claramente cómo el alma se le escapa y vuela hacia su hijo.


También hay obras barrocas de las que me llama mucho la atención los cielos revestidos con nubes tan sólidas que parecen nata batida y que se abren para comunicar la eternidad y la tierra. Como ejemplo este retablo de San Joaquín, San José y el Niño Jesús, de mediados del siglo XVII de la parroquia de San Miguel Arcángel en Fuentes de Ebro.



Otra pieza muy interesante es la Divina Pastora que representa a la Virgen María, sola o con el Niño Jesús, pero siempre acompañada de su rebaño de ovejas. Pertenece a la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Badules y es atribuida a Fray Manuel Bayeu, último cuarto del siglo XVIII. Fue cartujo y un pintor muy importante en su época. Después los Bayeu quedaron oscurecidos por la genialidad de Goya, su cuñado, pero últimamente se están revalorizando de nuevo y con toda la razón. No se ve muy bien en esta pintura pero una de las ovejas que se ha alejado del rebaño y es atacada por una bestia esta balando, Ave María, y acude en su auxilio el arcángel San Miguel. 



También llama la atención este cuadro atribuido a Pedro Urzanqui de 1636 de Santo Domingo de Guzmán con la imagen orante de Luisa de Gurrea y Aragón, duquesa de Villahermosa y condesa de Luna. Y llama la atención por el detalle en la reproducción del atuendo y las joyas de la duquesa. Diamantes negros que contrastan con la palidez de su piel. Actualmente está en la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles de Pedrola.






Paisaje rocoso con un pastor de Carlos de Haes, 1866, me ha recordado que podría haber sido cualquiera de mis bisabuelos o tatarabuelos de los que no queda memoria. Es triste. Hay muchas otras obras de las que disfrutar. En el Palacio de Sástago, Coso 44, Zaragoza; hasta el 23 de junio de 2019.





































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