lunes, 3 de junio de 2019

Cine: Buñuel en el laberinto de las tortugas de Salvador Simón Busom (2019)


Luis Buñuel nació en Calanda, en el Bajo Aragón, en la Ruta del Bombo y el Tambor, pero su infancia y adolescencia las pasó en Zaragoza. Aquí fue al colegio, a los Jesuitas del Paseo de Sagasta, y recibió una estricta educación. Igual que Alfred Hitchcock, pero éste en Londres. Casualidades.


Su padre había hecho fortuna en Cuba, de tal manera que, cuando Cuba se independizó de España volvió a Calanda y se casó con una jovencilla (le llevaba casi 30 años). Leonardo, así se llamaba, esperaba que su hijo mayor, Luis, se hiciese cargo de todos sus negocios. Pero el hereu estaba más interesado por la literatura, la fotografía y el incipiente cine. Leonardo también había tenido sus veleidades artísticas y se había aficionado a la fotografía. Pero era eso, una afición, nunca se imaginó siendo de profesión fotógrafo.

Ramón Acín 

Sin embargo, su hijo sí. Sí que quería desarrollarse profesionalmente como un artista. Ya desde niño organizaba funciones teatrales con una linterna mágica que su padre le había regalado. Esta vocación fue lo que les separaría. Luis siempre quiso que su padre estuviera orgulloso de él, pero Leonardo esperaba otra cosa. Esta frustración emocional tiene su protagonismo en esta película de animación. El padre está presente en la vida de Luis aunque ya había muerto, está personificado en una pistola que el director de cine llevaba siempre consigo. El deseo de agradar a los padres y a las madres es algo que nunca nos abandona, pero que no todos conseguimos.


Luis Buñuel acarreó también esa frustración y resentimiento contra la religión católica, supongo que por su educación severa que quedaron patentes en sus primeras películas. Cuando ya estaba trabajando en París, sus películas surrealistas no fueron muy bien recibidas y sufrió una especie de boicot por ser blasfemo e inmoral, de manera que nadie quiso financiar más su cine. Volvió a España con la intención de “dar algún sablazo” a sus amigos, pero era demasiado comedido para ello.


En Huesca se reunió con su amigo Ramón Acín, escultor, pedagogo e intelectual anarquista que, aun andando escaso de dinero, le prometió financiar su próximo proyecto si le tocaba la lotería. Ramón Acín se merece mucha atención por su gran talento interrumpido por su fusilamiento en los primeros días del golpe de estado de 1936. Aparte de sus obras anteriores, quedaron como legado de Ramón Acín y su esposa Concha Monrás, dos hijas, Sol y Katia, una poetisa y una pintora grabadora. No está mal, pero si no hubiesen sido fusilados quedaría de ellos mucho más.


Así que Buñuel, consiguió en Huesca el dinero que necesitaba para llevar a la pantalla un guion de Pierre Unik, sobre un estudio del antropólogo Maurice Legendre, que se llamaría Las Hurdes: tierra sin pan. Se eligió este título porque los hurdanos no conocían el pan. Conocían la pobreza, la miseria, el hambre y las enfermedades, pero no conocían el pan.

Hurdanos


Esta película cuenta cómo se desarrolló el rodaje. Los agobios de Ramón Acín, en su papel de productor; el malhumor y las salidas de tono de Luis Buñuel; la incredulidad de Pierre Unik y el fotógrafo Éli Lotar. Y sobre todo, las vidas, la ignorancia y la ingenuidad de los hurdanos.


La película se rodó entre abril y mayo de 1932, está clasificada como falso documental y apenas dura 27 minutos. En su primera versión era una película de cine mudo, pero en 1935 se añadió una voz en off en francés que la hizo más asequible para el público; en España Paco Rabal puso la voz. Este documental hizo que Buñuel se distanciase del surrealismo y empezase a considerarlo como una aventura para señoritos como Dalí. Inició así su etapa como cineasta social aunque algunas de las imágenes de este documental puede asimilarse estéticamente todavía al surrealismo.


El estreno en España supuso un gran fracaso porque las autoridades de la II República no querían admitir ni mucho menos mostrar al mundo que todavía existía ese nivel de miseria en España. En Francia, tampoco fue mucho mejor por la radical crudeza de las imágenes. Una crudeza que, se dice, Buñuel se encargó de potenciar. En la escena del burro “comido” por las abejas, Buñuel untó de miel al burro para atraer todavía más picotazos; y en la escena de la cabra montesa que se despeña se puede ver el humo de la escopeta recién disparada con la que el mismo equipo de rodaje la mató. Para ser justos con Buñuel habría que decir también que, a pesar de que se le exigió retirar de los títulos de crédito al fusilado Ramón Acín, en los años 1960 cuando se reestrenó, volvió a incluirlo y dio a sus hijas huérfanas el dinero correspondiente.


Todavía es una película que genera muchas suspicacias, especialmente entre los hurdanos. Pero es nuestro pasado y hay que asumirlo. Es una adaptación fiel de la novela gráfica publicada por Fermín Solís e incluye también fragmentos de la película original. Además es todo un acierto que la voz de Luis Buñuel sea interpretada por el actor zaragozano Jorge Usón, con un acento aragonés contundente. Muy recomendable.



Dirección: Salvador Simó Busom
Guion: Eligio R. Monterio, Salvador Simó Busom (cómic de Fermín Solís).
Música: Arturo Cardelús

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