miércoles, 10 de abril de 2019

Palencia. Su catedral y otras cosillas (2018)


Poco tiempo me quedó para visitar las ciudades de Palencia y Burgos, durante el puente del último noviembre. Apenas un paseíto para ver las catedrales y poco más.

La puerta de los novios

La Catedral de Palencia, bajo la advocación de San Antolín, tiene como sobrenombre la “bella desconocida”. Estando tan cerca de otras catedrales monumentales como la de Burgos o León, incluso Zamora, no extraña que haya pasado desapercibida aunque tiene motivos también para destacar y cambiar su sobrenombre por el de "la bella reconocida".

Portada de los reyes
Esta bella desconocida reconocida tiene una cripta muy especial de época visigoda del siglo VII. Se la considera la iglesia del rey Wamba y fue abandonada durante la invasión musulmana. Después con la Reconquista se construyó un nuevo templo románico, a continuación de esta cripta, del que quedan algunos restos y más adelante, la actual catedral gótica, encima de ambas construcciones.

La cripta visigoda




La iglesia románica y el pozo de San Antolín
La cripta visigoda se redescubrió durante unos trabajos de rehabilitación. La parte más antigua termina en un testero con arcos de herradura cuyas columnas tienen capiteles con decoración floral muy esquemática. A continuación de esta construcción se edificó una ampliación románica en el siglo XII en la que se sigue manteniendo el pozo de San Antolín, con propiedades curativas en determinadas fechas del año, especialmente el 2 de septiembre. El brocal de este pozo y el acceso a la cripta mediante escalera son del siglo XVI. Tiene bóveda de cañón con arcos que arrancan desde el suelo.

Interior de la nave central

El templo gótico actual se levantó entre los siglos XIV y XVI, comenzando por la capilla de la Virgen blanca. Así conviven desde el gótico flamígero hasta los estilos plateresco y renacentista. Tiene aspecto de fortaleza y, aunque no se considera que ninguna de sus fachadas sea la principal, sus cinco puertas de acceso tienen nombres, destacando la Puerta de los Novios porque en 1388 entraron por ella el príncipe Enrique y su futura esposa. Es una puerta sencilla, como el resto del exterior de la catedral y hoy sirve de entrada ordinaria al templo.



En su interior se pueden distinguir claramente los tres niveles de construcción del gótico más clásico: arcos formeros, triforio y claristorio. Son estos dos últimos los que aportan luminosidad al templo. En la página web de la catedral se puede visitar virtualmente el triforio, catedraldepalencia.org

Anamorfosis de Carlos V y su vista menos distorsionada

El ábside es la parte más antigua de la catedral y conserva las características del gótico más primitivo y sencillo. Tiene planta poligonal dispuesta en siete capillas y está decorada por pináculos y gárgolas. Aquí es donde se sirve la polémica. Una de las gárgolas es un esqueleto y otra representa a José Sanabria, un fotógrafo armado con su cámara de fuelle y que era amigo del arquitecto Jerónimo Arroyo, que dirigió la restauración entre 1908 y 1910.

El fotógrafo

El esqueleto

En el interior, sobre la estructura gótica, las capillas tienen decoraciones diversas: renacentistas, góticas, platerescas. Yo me quedo, sin dudarlo, con el monumental retablo del altar mayor, obra muy significativa del renacimiento castellano. El mueble plateresco fue obra de Pedro de Guadalupe, las esculturas de la época pertenecen a Felipe Vigarny y las once pinturas fueron encargadas a Juan de Flandes, dos de las cuales, Oración en el huerto y Noli me tangere se han visto en la exposición Mons Dei.

El retablo del Altar Mayor
Posteriormente se incluyeron también obras de Alejo de Vahía y del barroco Gregorio Fernández. Respecto a las pinturas de Juan de Flandes, en 1509 se firmó el contrato del encargo que, siguiendo la vida de Jesús, especificaba claramente cuáles serían los temas a tratar. Pero alguna de las obras de Juan de Flandes, como la Crucifixión, no terminaban de encajar en el retablo definitivo y fueron alojadas en otras capillas de la catedral hasta que en 1944 se vendieron. Hoy, afortunadamente, se exhibe en el Museo del Prado.

La crucifixión de Juan de Flandes

La Sala Capitular se utiliza actualmente como museo y allí se puede contemplar el San Sebastián de El Greco que se prestó para la exposición de Las Edades del Hombre, Mons Dei y también una curiosa anamorfosis que representa a Carlos V. Otra curiosidad es el sepulcro de doña Inés de Ossorio, mecenas de la catedral fallecida en 1492, con su estatua yacente; en sus pies se ha esculpido también a una doncella peinada con una hermosa trenza. La leyenda decía que las jóvenes casaderas venían a tirar de la trenza para casarse rápidamente, pero como las necesidades van cambiando ahora son las jóvenes estudiantes las que vienen a tirar de la trenza cuando se acercan los exámenes. Yo, por si acaso, también tiré de la trenza. Se puede encontrar más información sobre esta catedral aquí, Guía de la Catedral de Palencia

La trenza

Vimos otras iglesias pero de pasada y no me quedó tiempo para mucho más. La iglesia de la Compñía de Jesús o de Nuestra Señora de la Calle y la Iglesia de San Miguel, donde la tradición dice que se casaron el Cid y doña Jimena. Esta última en su momento estuvo en el límite de la ciudad y por eso tiene aspecto de fortaleza. Palencia era una ciudad que sufría frecuentes saqueos.

Iglesia de San Miguel
El casco histórico de Palencia no es muy atractivo. La calle Mayor conserva algunos edificios antiguos y en los porches todavía pueden observarse las antiguas mirillas para controlar el acceso de extraños. En la calle, me llamaron la atención dos esculturas. Una de ellas dedicada a la Mujer palentina por Indalecio López en 1998. Y es que la mujer palentina ha sido famosa por su valentía desde 1387, cuando el duque de Lancaster intentó conquistar el reino de Castilla, pero las palentinas le pararon los pies. La otra es un homenaje realizado a Victorio Macho por Luis Alonso y en ella se representa al autor dando forma a su famoso Cristo del Otero que no pude visitar. Bastantes cosas me quedaron por ver en Palencia, será cuestión de volver.

La mujer palentina de Indalecio López, la llaman La Gorda

Victorio Macho de Luis Alonso

La mirilla



jueves, 4 de abril de 2019

Cine: Capitana Marvel de Anna Boden y Ryan Fleck (2019)


Ya he comentado por aquí que no se demasiado fan de los cómics, pero me apetece ver sus adaptaciones al cine por diversos motivos. Concretamente me decidí a ver Capitana Marvel porque los trolls machistas-misóginos-cavernícolas estaban boicoteándola y eso es algo que en el año 2019 no podemos permitir. No hace falta ser superfeminista para defender que cualquiera pueda interpretar cualquier papel en el cine y que cualquier personaje pueda ser adaptado a la pantalla grande.


Pero sorprendentemente no sólo ha sido criticada por mostrarse excesivamente feminista (puede ser que la actriz protagonista sea muy feminista pero la película en ningún momento lo es) sino también por mostrar una cierta tendencia a la justicia social que va contra el hombre blanco ¿¿¿??? Ojiplática me quedé cuando leí eso.


Dicho esto, tampoco fui al cine engañada. La película es entretenida pero no pasa de ahí. Es una sucesión de mamporros a diestra y siniestra con algunos toques de humor y pinceladas de sentimentalismo de bisutería. Buena fotografía, buena coreografía, buena música y poco guion.


La acción se sitúa en los años 1990. Vers forma parte de la Fuerza Interestelar del Imperio Kree, casi en permanente guerra contra los Skrulls. Pero Vers tiene sueños recurrentes sobre otra vida o quizá sean recuerdos. En estos sueños se ve a sí misma, en diferentes edades, superando fracasos. Es capturada por los skrulls y consigue huir en una nave pero se estrella en mitad de los Estados Unidos, en el planeta tierra. Un planeta mucho más atrasado que el imperio kree. Evidentemente, lo que consigue con esto es trasladar parte de la guerra a la tierra.


En la tierra recibe la ayuda de un policía cínico pero de buen corazón que, a pesar de vivir en los años 1990, no se asusta de que haya imperios intergalácticos mucho más avanzados y que además estén en guerra. Furia se llama el caballero y ejercerá como un verdadero caballero andante al lado de la dama guerrera.


El descenso de las estrellas a la tierra supondrá para Vers un viaje hacia el descubrimiento de su propia identidad y también de quiénes son los verdaderos amigos y enemigos. En medio de toda esta vorágine de identidades hay alta tecnología aplicada al mundo militar, una fuente de energía inagotable y los superpoderes de la capitana Marvel. Y también un gato muy muy raro que come y escupe cosas muy muy raras.


Para pasar el rato. Por lo menos, no se me hizo tan larga y lenta como Wonder Woman, aunque no tenga el humor de Doctor Strange. Y sí, aunque no sea ortodoxamente feminista por lo menos muestra en pequeñas cantidades amistad, sororidad y compañerismo entre mujeres y una heroína que no se asusta ante nada.



Dirección: Anna Boden, Ryan Fleck
Guion: Anna Boden, Ryan Fleck, Geneva Robertson-Dworet.
Música: Pinar Toprak
Fotografía: Ben Davis.
Intérpretes: Brie Larson, Samuel L. Jackson, Jude Law, Annette Bening, Ben Mendelsshon

lunes, 1 de abril de 2019

Cuento: The Progress of Love de Alice Munro (1986)


La autora.-
Alice Munro se crió en una pequeña granja en Wingham (Canadá) y empezó a escribir muy joven. Superó la muerte de una de sus tres hijas escribiendo relatos. Creo que fue ella quien dijo que le resultaba más fácil abordar un cuento que una novela porque necesitaba dedicar tiempo a sus hijas, como todas las madres. También regentó una librería de pueblo y fue profesora de universidad. Fue Premio Nobel en 2013 y ganó tres veces el premio Governor General’s Award. Otras obras suyas: La vista desde Castle Rock, Demasiada felicidad y Mi vida querida. 

Mi opinión.-
No me gustan los libros de cuentos. Prefiero leer los cuentos uno a uno, como obras completas que no pertenecen a una antología por temática o por cualquier otra razón. Si por mí fuera pediría a las editoriales que los publicasen individualmente, en formato libro y con unas buenas ilustraciones y un buen estudio. Así, tomados individualmente, se pueden rumiar durante días.


Eso es lo que he estado haciendo con The Progress of Love. Rumiarlo pacientemente para sacarle todo el jugo. Lo he leído en castellano y también en inglés con audio. La interpretación cambia completamente si lo escuchas o si lo lees por tu cuenta. Hay matices que ni siquiera habías imaginado. Al menos a mí me resulta muy diferente.


En The Progress of Love la autora se enfrenta a la fragilidad de la memoria y a cómo tomamos decisiones que después tenemos que asumir, basándonos en impresiones, recuerdos e, incluso, en hechos inventados que, no obstante, juraríamos que fueron reales. Pequeñas traiciones de nuestro cerebro o más bien serían trampas o bromas que nos gastamos a nosotros mismos y acabamos pagándolas caras. O quizá no, simplemente son decisiones que nos llevan por un sitio o por otro pero que, en cualquier caso, hacia el mismo lugar, un destino inevitable marcado, no se sabe por quién, incluso antes del nacimiento.


Los cuatro personajes importantes de este libro son mujeres y siguiendo su vida se cierra un círculo. Empieza con una Euphemia, la madre de Marietta y Beryl, y termina con otra Euphemia, la hija de Marietta y sobrina de Beryl. En ese círculo quedan inscritas las diferencias entre las relaciones amorosas de los años 1930, 1950 o 1970. Del matrimonio para toda la vida a la posibilidad del divorcio, de las relaciones consideradas como inquebrantables a las relaciones emocionales que hay que cuidar para que no se rompan. También se ponen de manifiesto las diferencias de las relaciones entre padres e hijos. En definitiva también la evolución de la vida: de la pobreza y la religiosidad de los años 1930 hasta el bienestar y la libertad de pensamiento de los 1970.


Hay un hecho fundamental en la vida de la primera Euphemia que sus hijas, Marietta y Beryl, recuerdan de manera diferente. Este hecho supuso que las hermanas no se criasen juntas después de la muerte de la madre cuando eran niñas. Y este hecho también influyó de una manera determinante en la vida de la segunda Euphemia. Aunque al final, los lectores tampoco llegamos a saber cuál de las dos versiones fue la real, lo que queda claro es que ambas versiones tuvieron sus consecuencias y la primera de ellas fue la separación involuntaria de las dos hermanas.


Eso me recuerda al Teorema de Thomas, un principio fundamental en sociología. Dice que Si alguien define una situación ficticia como real, ésta terminará siendo real en sus consecuencias. Es decir que, algo inventado tendrá consecuencias reales y no sólo consecuencias ligeras sino de las que cambian la vida de las personas, para bien o para mal.

Su estilo es muy claro e intimista. Describe la pobreza en la que viven los personajes con pinceladas muy sutiles pero contundentes. Lo cotidiano se llena de significado y es el marco psicológico idóneo para que los personajes desarrollen sus dudas, miedos y frustraciones. Muy recomendable.


Alice Munro
The Progress of Love

Ed. Pons

miércoles, 27 de marzo de 2019

Visita cultural: El Patio de la Infanta (2019) con GozArte


El siglo XVI, aparte de tensiones políticas entre el antiguo reino de Aragón y el emperador Carlos V, supuso una época de esplendor para Zaragoza. Aunque la sociedad seguía siendo rural, agrícola y ganadera, se produjo también un enorme desarrollo del comercio. En esa época, Zaragoza también fue sede de la corte del emperador y este hecho hizo que numerosos intelectuales y artistas que acompañaban a Carlos V desde Centroeuropa desarrollasen sus actividades aquí. Pero Zaragoza también miraba hacia Italia importando las nuevas tendencias renacentistas. Esta riqueza sobrevenida quedó patente en la arquitectura de la ciudad, no sólo la religiosa, en forma de casas señoriales. Algunas de ellas han llegado a nuestros días y han sido reutilizadas principalmente con fines culturales.


No tuvo esa suerte la Casa Zaporta. Acabó derruida salvándose únicamente su Patio renacentista. Gabriel Zaporta fue uno de estos ricos comerciantes que supo aprovechar cualquier ocasión para encumbrar su linaje. Era un converso de origen judío que había visto a su familia desposeída de todas sus riquezas, juzgada y condenada; su padre fue quemado por la Inquisición. Cuando se trasladó de Monzón a Zaragoza se propuso rehabilitar su buen nombre y su fortuna. Y lo consiguió, llegando a ser un financiero y político muy respetado que además mantenía buenas relaciones con la Corona. Hasta el punto de prestar sustanciosas sumas de dinero a Carlos V para sus expediciones en el norte de África, siendo recompensado por ello con un título de nobleza. Así decía su esposa, Sabina Santángel, sólo hay dos linajes en el mundo, el tener y el no tener.


Ya no le faltaba nada. Zaporta quería dar testimonio de su buena fortuna y, para ello, decidió construir un palacio que fuese la envidia de toda la ciudad y que mostrase a todo el que pasase por delante de su puerta lo sólida que era su relación con el rey-emperador. Además aprovechó también para poner de manifiesto el amor que sintió por Sabina Santángel, su segunda esposa. Toda la casa fue su declaración de amor y, especialmente, el Patio que siglos más tarde se llamaría de la infanta. La casa se terminó en 1550, un año después de que los protagonistas se casaran, como así consta en el Patio.

la fecha
Estaba situada en la calle San Jorge que entonces se llamaba de las Botigas Fondas, muy cerca del teatro romano, cuyas ruinas todavía pueden visitarse. Se dice que parte de las columnas utilizadas en la construcción del Patio provenían de aquél. Arquitectura de aprovechamiento podríamos llamarla. Aunque más que de arquitectura el Patio sea un gran trabajo de escultura. Los 1700 m2 de edificio y jardines se organizaban alrededor de este famoso Patio. La casa tuvo una larga vida y después de este momento de esplendor en el siglo XVI, había sufrido muchas modificaciones y reutilizaciones. Sin embargo, el Patio sobrevivió a todos esos avatares y a algunos más.

Casa de la Infanta, dibujo de Vicente Velázquez sobre acuarela de Valentín Carderera 1850. Vista del Patio y de la escalinata de acceso a la parte noble de la casa con la techumbre de la cúpula mudéjar, lamentablemente desaparecida.


Finalmente, en 1793, María Teresa de Vallabriga, la Infanta, se trasladó a vivir allí. Teresa era una joven huérfana de la baja nobleza aragonesa. Se casó a los 16 años con el Infante Luis de Borbón, cincuentón, cardenal y casquivano, sexto hijo de Felipe V y hermano del rey Carlos III. Este matrimonio fue organizado por el propio rey pero con unas condiciones que, pasado el tiempo, resultaron humillantes para ella. Para evitar cualquier cuestionamiento para sus sucesores, Carlos III estableció que el matrimonio sería morganático, la pareja viviría fuera de la corte y sus hijos no podrían llevar ni el apellido Borbón ni tener ninguna pretensión al trono. Todas estas garantías se explican porque los hijos de Carlos III habían nacido fuera de España y según tradición de la Casa Real española no hubieran podido acceder al trono.

Teresa de Vallabriga y su hija, Teresa de Borbón y Vallabriga,
retratadas por Goya


Aunque parece que fue un matrimonio tormentoso, tuvieron tres hijos muy queridos. Por ello, cuando Teresa enviudó Carlos III no tuvo reparos en darle un nuevo golpe y dispuso que se separara de sus hijos para que éstos fueran educados adecuadamente. Desposeída de todo, sin el amor de sus hijos pero con una holgada renta vitalicia decidió volver a vivir en su ciudad natal. Alquiló entonces la casa Zaporta a sus propietarios, la familia Franco y López que ya no mantenían parentesco con los Zaporta. La casa ya no tenía el esplendor de antaño pero su Patio seguía siendo la envidia de toda la ciudad.

El Patio durante su estancia en París, como tienda de antigüedades

Poco les importaron a los zaragozanos, las condiciones que Carlos III había puesto al matrimonio de la pareja. Así que, desde que llegó a Zaragoza, Teresa fue considerada la Infanta viuda del Infante don Luis. Con tanta fuerza se impuso esta denominación que la Casa Zaporta pasó a llamarse la Casa de la Infanta. Y el Patio también. Al final de su vida, cuando su hija María Teresa de Borbón y Vallabriga ya estaba casada con el todopoderoso Godoy y había recuperado su apellido Borbón, Teresa se vio, en cierto sentido, rehabilitada aunque siguió sin ser legalmente considerada Infanta por la Casa Real.

En 1875
La casa siguió su vida propia. Tuvo otros muchos usos diferentes: academia de dibujo, tienda de pianos, edificio de viviendas. El Patio vivió todos esos usos pacientemente, aunque algunos de ellos supusieran un considerable deterioro. Incluso en 1871 se llevó a cabo una reforma para instalar el Casino Monárquico y Liberal y fue de las primeras casas que tuvo instalación de iluminación a gas en toda Zaragoza.



Otro detalle curioso sobre la Casa de la Infanta es que fue condecorada. En 1885, se declaró en Zaragoza una epidemia de cólera y se instaló en ella un centro asistencial. Por ello y por la actuación de sus ocupantes recibió del Ayuntamiento el título de “Muy Benéfica”. El 11 de septiembre de 1894 la casa se incendió y quedó en ruinas todo excepto el Patio. Ferdinand Schultz un anticuario francés lo compró por 17.000 pesetas en 1903 y se lo llevó a París desmontado en 131 cajas. Allí lo instaló como parte de su tienda de antigüedades en el número 25 del Quai Voltaire, frente al rio Sena. Duele ver las fotografías del Patio desmontado y de sus distintas piezas apiladas en el suelo, pero no se puede olvidar que fue como si viviera una segunda vida y, además, en París.

El patio desmontado, camino de París



La tercera vida del Patio comienza en 1957, cuando los herederos del señor Schultz deciden vender la tienda de antigüedades y el Patio con ella. La noticia de la venta salió en la prensa e Ibercaja, entonces Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja contactó con los propietarios para negociar su compra. Así volvió este Patio viajero a Zaragoza, a mostrar todo su esplendor aunque esta vez no sería instalado en una casa. Desde 1980, se puede visitar en la sede central de Ibercaja, en la calle San Ignacio de Loyola, y está destinado a uso cultural. En cierto sentido, volvió a tener la vida animada que había vivido con Teresa y sus amigos ilustrados. Conciertos, exposiciones y visitas. Esperemos que dure mucho tiempo ahí.

Cuando fue destinada a viviendas se aprovechó la galería superior, cerrando los espacios entre las columnas, para ganar más superficie. Fotografía de Charles Clifford, 1860

Las casas aragonesas de la época solían tener tres plantas. En la planta baja se instalaban las caballerizas, los criados y las dependencias de trabajo; la planta principal se destinaba a vivienda de la familia; y, la planta falsa o buhardilla era una especie de trastero-almacén-despensa-desván. Las fachadas eran de ladrillo y bajo un alero, generalmente, de madera, había una galería de arquillos gótico-mudéjares. Habitualmente, en las casas había un zaguán de entrada que comunicaba la calle con el patio interior, preservando así la intimidad de la casa. Pero en la Casa Zaporta no fue así.

Alzado de la Casa Zaporta con la ubicación del patio, la escalinata y la techumbre mudéjar
A la hora de diseñar la casa, se dispuso que, desde la entrada principal y con la puerta abierta, todo aquél que pasase por la calle pudiera  ver el lujoso patio. Zaporta, tesorero y prestamista de Carlos V, lo hizo así para exhibir su buena suerte después de la persecución que había sufrido su familia, para presumir de sus relaciones con el emperador y también para homenajearle (o hacerle la pelota). La efigie de Carlos V podía verse desde la misma calle pero la gloria era de Gabriel Zaporta.

Portada de acceso a la Casa Zaporta
El Patio es casi un cubo perfecto, 8,80 x 9,40 x 11,00 m de altura. Se utilizaron en su construcción alabastro, yeso endurecido y madera. La planta baja se apoya en 8 columnas excepcionales, dispuestas de una manera no arbitraria. Siete de ellas representan a los planetas que se conocían en la época y la octava representa el conocimiento, la filosofía o, de manera simbólica, la Torá. La sabiduría, lo que en el Renacimiento estaba por encima de todas las cosas aparece, aquí, en una esquina dominando el espacio del resto de columnas. Más adelante veremos algunas de ellas someramente.

El unicornio y detalle de las enjutas

Cada columna está compuesta por la unión de tres figuras; tienen sus brazos entrelazados o están unidas por los hombros y colocadas sobre un fuste estriado, parece ser de origen romano tal como he comentado antes, colocado sobre basa ática. Como detalle curioso se les ven los dedos de los pies aunque sus piernas hayan sido sustituidas por una profusa decoración. No sé si se les podrían llamar cariátides porque algunas de ellas representan a varones; pero tampoco sería correcto decir que son antropomorfas porque también hay mujeres representadas, ¿existirá el término ginecomorfas como representaciones con forma de mujer? No sé. Las columnas terminan en capiteles con zapatas, elemento característico de la arquitectura aragonesa que contribuyen a elevar la altura de la planta y están realizadas con yeso endurecido. Son figuras que adaptan su forma a la de la zapata, una de ellas visiblemente contorsionada, y que parecen interpretar los vicios y virtudes relacionados con los planetas representados en las columnas.

Detalle del friso de los amantes

Por encima de este nivel se encuentra un friso decorado con pequeños medallones también en yeso. Se cree que, originalmente, representaban a estas famosas parejas de amantes eternos (Dante y Beatrice o Abelardo y Eloísa) pero al no tener ningún atributo no es posible identificarlas. Además, durante el traslado a Francia se perdieron algunos de estos medallones y fueron sustituidos por otros, de manera que ya no se cumple la distribución original chico-chica.

Medallón de Carlos V
El siguiente nivel está constituido por otra serie de medallones mucho más grandes y realizados con mucho más detalle. En cada lado del Patio hay cuatro medallones y dos escenas relacionadas con la mitología clásica. En el lado principal, el que podía verse desde la calle, el medallón central se corresponde con una efigie del emperador Carlos. Es el único que puede identificarse por su nombre grabado en la espada; lleva también sombrero adornado con una pluma (como el resto de personajes del siglo XVI) y en su armadura puede verse el toisón de oro y el águila bicéfala imperial. En este mismo lado están representados Carlomagno, el emperador Maximiliano y el padre de Carlos V, Felipe el Hermoso.

Detalle del medallón de Carlos V, su nombre, el águila bicéfala y el toisón de oro

Frente a ellos, otro personaje fundamental en Aragón y su otro abuelo, Fernando el Católico. Los otros dos lados están dedicados a emperadores romanos, Trajano, Adriano y Marco Aurelio y a los grandes rivales de Carlos I, Enrique VIII y Francisco I. Francisco I es muy reconocible por su pose amanerada y porque es sabido que prefería llevar el pelo largo y, a veces, recogido con una redecilla que es perfectamente distinguible en el relieve.

Detalle de Francisco I y su redecilla

Puestos a demostrar su admiración por Carlos V, Zaporta no tuvo mejor idea que “emparentarlo” con Hércules. Por ello, completó la decoración de este nivel con escenas de los trabajos de Hércules, realizadas con un gran detalle. Podemos distinguir claramente los toros de Gerión, el león de Nemea, la hidra de Lerna.

Hércules y los toros de Gerión

Hércules y el león de Nemea

Ya he comentado que la casa fue un regalo de bodas y que el Patio también está inspirado por el amor hacia Sabina Santángel. Se incluyeron en el programa escultórico diversas representaciones del amor. En uno de estos relieves Cupido, está flanqueado por el amor terreno y el amor cristiano. Lleva su arco de flechas de amor, pero puede verse también la sombra del otro arco, el de las flechas del odio. El segundo panel representa a las Tres Gracias, Voluptas, Castitas y Pulchritudo o Eufrosine, Aglaya y Talía. Voluptuosidad, castidad y belleza.

Las Tres Gracias

El piso superior está formado por una galería de arcos de medio punto sobre esbeltas columnas también estriadas. Termina el Patio en un ancho alero de madera también tallada y donde podemos encontrar los retratos de los primitivos dueños. Gabriel Zaporta y Sabina Santángel parecen asomarse a su Patio desde la lejanía del siglo XVI.

Detalle del alero de madera. Sabina y Gabriel

Pero el Patio es algo más. Algunos piensan que se trataría de un microcosmos. La arquitectura del humanismo, que inspira toda la obra, considera a los edificios como una imagen del universo. No se trata de una visión esotérica sino de algo que ha podido comprobarse científicamente. El Patio de la Infanta representa un horóscopo, una fecha concreta.

Columna de Júpiter
La columna de Júpiter representa la justicia y está formada por tres figuras: Júpiter, Luna y Saturno. La columna de la Luna está situada bajo el unicornio, representada con tres mujeres jóvenes unidas por los hombros. Serían Artemisa, Selene y Perséfone, la tierra, la luna y el infierno. En la columna de Venus aparecen representados también Vulcano, su marido, y Marte, su amante. Y en la columna de Marte se repiten estos tres personajes con diferentes actitudes. Están unidos por los hombros con culebras. La columna de la sabiduría no tiene un nombre específico. Simplemente es la “columna”. Pero por los rollos que la adornan podría identificarse con la Torá, como ya se ha comentado. 

Columnas de Venus, Luna y Marte
El caso es que la disposición de las columnas alude a una fecha importante para los primeros moradores de la Casa Zaporta. El 3 de junio de 1549, a las 18 horas y 50 minutos, fecha de la boda de Gabriel y Sabina. No habría mejor monumento a su amor que esculpir en piedra un momento tan significativo. Magdalena Lasala rememoró en su novela La casa de los dioses de alabastro la historia de Sabina Santángel, una mujer renacentista entregada al estudio y la lectura.

La Columna de la sabiduría

Otros detalles del Patio de la Infanta









Los dedos de los pies