miércoles, 20 de marzo de 2019

Exposición: Magia y Memoria de las marionetas (2019) Centro de Historias. Zaragoza


Sólo he ido una vez en mi vida a ver un espectáculo de marionetas. No recuerdo casi nada de él, fue hace tiempo. Sé que la compañía era Los Titiriteros de Binéfar. Una pena que no haya vuelto porque en Zaragoza y en el resto de Aragón hay tradición consolidada respecto al teatro de marionetas.


Dicen en esta exposición que la edad de oro de los títeres se produjo durante los siglos XVII y XVIII, pero existe constancia de su existencia mucho antes y, además, relacionada con ciertos tipos de ceremonias religiosas. No creo que se irrespetuoso incluir en esta categorías las representaciones de Semana Santa. El oficio de titiritero sigue teniendo mucho de magia,  de encanto y, por qué no decirlo, también de brujería. Al fin y al cabo, el titiritero da vida durante unos minutos a un muñeco que dependerá totalmente de él.

Marionetas también, ¿no? Cristo articulado MNAC

Hablan de los títeres en el teatro y también de los títeres en la calle y como ejemplo de esto último está la Tarasca. Es un nombre que deriva de la ciudad francesa de Tarascon donde todavía se celebran unas fiestas, relacionadas con el culto de Santa Marta, declaradas por la UNESCO como Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad. La Tarasca era un dragón que asolaba toda la región y al que ningún caballero había logrado vencer, hasta que Santa Marta le domesticó con sus oraciones y apareció en el pueblo con la bestia domada. Aun así, la gente del pueblo presa del pánico la mató y arrepentidos nombraron a su pueblo Tarascon. En España también se celebran algunas procesiones en Corpus Christi con una figura parecida.

Tarasca. Boceto 1711-1749. Ayuntamiento de Madrid.

Una maqueta de la Máquina Real que actuaba en los grandes teatros nacionales. Los títeres podían ser de peana con varillas en los brazos o con barra en la cabeza. Casi eran de tamaño natural y ocupaban toda la escena.

Maqueta de Máquina Real. Detalle

También se da cuenta en la exposición de una llamada Edad de Plata, a principios del siglo XX, 1905-1936, en la que los mejores escritores y músicos de la época ideaban espectáculos para marionetas. También pintores como Picasso o Maruja Mallo diseñaron muñecos para estos espectáculos. Una pena que la Guerra Civil truncase esta excepcional creatividad. Queda espacio en la exposición para la sátira y son su objetivo Franco y Queipo de Llano, figuras que han sido reproducidas según fotografías de la época y realizadas por Helena Millán en 2019 que, en su origen, pertenecieron a un espectáculo de la compañía La Tarumba.


Durante varios años, entre 1980 y 1994, se realizó en Zaragoza un Festival Internacional de Títeres y Marionetas e Isidro Ferrer realizó alguno de los carteles. Fue una gran escuela para los titiriteros aragoneses y creo que debería recuperarse y que las marionetas deberían recuperar ese público adulto que tuvieron en otros tiempos.

Los almogávares 1993. Los titiriteros de Binéfar

Quedan muchas compañías titiriteras en Aragón, algunas de gran prestigio y otras más jóvenes que siguen en la brecha. Esta exposición ha sido preparada por Adolfo Ayuso y destacan en ella dos de las compañías con más solera en Aragón y el resto de España: Titiriteros de Binéfar y Teatro Arbolé darán un espectáculo el día 31 de marzo en el Centro de Historias, 12.00 horas. Los titiriteros de Binéfar fueron Premio Nacional de Teatro en 2015 y el Teatro Arbolé cumplirá ya 40 años en Zaragoza.

Sombras del cabaret Le chat noir. París 1886-1886

Un recorrido por la historia de los títeres y marionetas, una historia que todavía no ha acabado aunque siga viviendo épocas de mayor y menor presencia. En este espectáculo de 1996 de Teatro Arbolé, Goya el último disparate, no he conseguido identificar al segundo personaje empezando por la izquierda.






No consigo reconocerle

Reportaje en Canal Saturno. Aragón TV

Centro de Historias. Zaragoza
Hasta el 14 de abril.

Cartel de Isidro Ferrer

Títeres de la Tía Elena

Caperucita y el Lobo


jueves, 14 de marzo de 2019

Cine: Cafarnaúm de Nadine Labaki (2018)


La única noticia que tenía sobre la ciudad de Cafarnaúm era que Cristo predicó allí el Evangelio y que pueden visitarse todavía las ruinas de la Casa de Pedro. No había pensado nunca en que también podría ser una metáfora de una ciudad que vive en el siglo XXI y que expulsa a algunos de sus ciudadanos como si no quisiera haberlos tenido nunca o como si renegase de su propio nombre. No estoy segura, pero creo que el significado en árabe Kfar Nahum sería ciudad del consuelo.


En cualquier caso, esta es una película libanesa y se desarrolla en los arrabales de Beirut, donde lo único que se desenvuelve con facilidad y con verdaderas ganas de engullirlo todo es la miseria. Allí vive Zein, un niño de unos 10-12 años con sus padres y sus hermanas más pequeñas. Excepto una de ellas un poco mayor. Y este es el primer detalle que salta a la vista. Zein tiene que declarar ante un juez pero es el médico forense el que establecerá su edad porque nunca ha sido inscrito, nunca ha ido a la escuela, nunca ha ido al médico. En definitiva, nunca ha existido.


Zein está en la cárcel por, como él mismo dice, acuchillar a un cabrón. Pero se presenta ante el juez por otro asunto. Quiere demandar a sus padres por haberlo traído al mundo. No es una broma, es su sufrimiento. Doce años de sufrimiento constante. Cuando sus padres deciden vender a su hermana mayor por unas gallinas Zein escapa de su casa para conocer otras realidades igual de terribles pero, quizá allí, encuentre algo de luz.


Se ha criticado a la directora por hacer una película de pornomiseria, de recrearse de una manera morbosa en las circunstancias terribles de la vida de Zein. Y, al mismo tiempo, se le ha reprochado lo contrario que imponga un cierto final feliz y que la película acabe con una sonrisa. Yo creo que ha tomado un punto de vista muy neutro. En ningún momento se interesa por las causas de la miseria. Poco sabemos de los padres de Zein. El padre está en el paro y se pasa el día durmiendo; él únicamente obedeció. Le dijeron que se casase y que tuviese hijos que así sería feliz. La madre hizo lo mismo se casó con 11 o 12 años y empezó a parir sin descanso. Eso es lo único que sabemos.


La directora no juzga a los padres. Ni tampoco nos ofrece información sobre si la miseria tiene un origen religioso, social, político o, incluso, si deriva de la guerra que vivió el Líbano durante tantos años. Toma un punto de vista que me recuerda al naturalismo de Émile Zola y concretamente a la familia Maheu de su novela Germinal. Poco menos que reducidos a una condición animal, trabajar y reproducirse. Una condición no definida por su maldad intrínseca sino por estar sometidos a unas circunstancias de las que no pueden salir. Un círculo vicioso que nunca podrán romper. Esto explicaría el destino fatal en el siglo XIX, pero ¿y en el XXI?


Esta película también recuerda al cine posterior a la Gran Depresión ¿seguimos entonces igual sólo que en otro país, en otro continente? La directora se inspiró en noticias aparecidas en la prensa sobre la cantidad de niños sin escolarizar y destinados a trabajar desde la primera infancia. Realidad que está ahí y nos golpea sistemáticamente desde los telediarios pero a la que no le damos la importancia que debemos. ¿Qué clase de adultos serán esos niños, si llegan a ser adultos?


Las primeras escenas de la película son de niños jugando a matarse en una guerra no tan imaginaria; niños que fuman lo que encuentran por la calle; niños brutales que no vivirán nunca un final feliz. ¿Qué clase de adultos serán esos niños, si llegan a ser adultos? Zein es la esperanza, siempre y cuando tenga una oportunidad.


Dirección y Guion: Nadine Labaki
Música: Khaled Mouzanar
Fotografía: Christopher Aoun
Intérpretes: Zain al Rafeea, Yordanos Shiferaw, Kawthar al Haddad 




lunes, 11 de marzo de 2019

Exposición: Panteones Reales de Aragón (2019)

Todavía queda una semana para verla

No me gusta pensar que vivimos, durante los últimos años, un intento de reivindicación de la historia de Aragón debido a los empujones que nos dan los nazicatalanistas. Me gustaría pensar que hemos sabido valorar desde siempre lo que hemos sido y lo que hemos tenido. Quizá sea demasiado optimista en este aspecto y todavía vivamos acomplejados. No sé.


El caso es que hay una exposición sobre los Panteones Reales de Aragón que sirve de excusa para repasar la historia del reino. Esa historia que, desde ciertas instancias políticas catalanas, se intenta oscurecer. Ya se sabe que el vencedor es quien escribe la historia y que, actualmente, los vencedores son quienes tienen más dinero y saben utilizarlo para reescribir la historia e intoxicar con campañas de inspiración goebbeliana.


En cualquier caso, bienvenidas sean nuevas exposiciones para revivir la historia. Esta vez es a través de las sedes de los enterramientos de los reyes de Aragón. No deberíamos despreciar el arte funerario ya que ha sido la primera manifestación artística desde que la humanidad dejó atrás su condición simiesca. Todo para recordar a los difuntos, aunque sólo fuesen una minoría.


La exposición recorre varios de estos lugares elegidos por los reyes y reinas para su último sueño. Algo especial debían de tener para cada uno de ellos. Y para mí también. Principalmente dos de ellos, ambos en Huesca: San Juan de la Peña y San Pedro el Viejo. En la exposición se incluyen piezas también de Sijena, Santa Cruz de la Serós, San Victorián y Montearagón. Además, también hay una pequeña sección dedicada a Poblet y Santes Creus y a quienes quedaron lejos de casa.

Testamento de Ramiro I, pergamino. Archivo Histórico Nacional

Se han diseñado también varias rutas para cada uno de estos lugares de descanso eterno que pueden consultarse en la página web www.panteonesrealesdearagon.es y que espero que se mantenga una vez terminada la exposición. Por otra parte, hay que advertir que, dada la fragilidad de algunas piezas, se ha optado por exhibir reproducciones. Así pasa con el sarcófago de doña Sancha que puede verse diariamente en el convento de benedictinas de Jaca. En total se exponen 144 piezas: sarcófagos, pinturas, documentos, relieves. Hay también una recreación en 3D de cómo eran los monasterios antes de la Guerra Civil.

Portada de la Iglesia de Santa Cruz de la Serós, Vicente Carderera
De San Juan de la Peña se exhiben, principalmente, documentos. El testamento de Ramiro I, la crónica de San Juan de la Peña, una Biblia y un Antifonario mozárabes y también algunos anillos que se localizaron en las últimas excavaciones arqueológicas. Cuando hice la vía aragonesa del Camino de Santiago volví a visitar este monasterio y también el de Santa Cruz de la Serós, en la cuarta etapa.

Sección del Panteón Real de San Juan de la Peña. Biblioteca Nacional de España

En Santa Cruz de la Serós se conservó una de las piezas más relevantes de esta exposición, aunque sólo se vea su reproducción. Pero como ya he comentado antes actualmente está en Jaca y también lo visité durante el Camino de Santiago, durante la segunda etapa. Es el sepulcro de doña Sancha. No fue reina pero fue la mujer más poderosa de Aragón durante siglos; más que, incluso, la reina Petronila. Dos mujeres fundamentales de la historia del reino separadas por 100 años.

Detalle de la reproducción del sepulcro de doña Sancha y del sepulcro real

Del Monasterio de San Victorián me quedo con la tabla central del retablo de San Victorián de Martín Bernat, colaborador de Bartolomé Bermejo en algunas obras que éste realizó en distintas ciudades de Zaragoza. Esta pintura, actualmente, está en la Catedral de Barbastro desde 1952 y es perfectamente reconocible en ella la influencia de Bermejo. No conozco Montearagón y sería una buena oportunidad para hacerlo seguir la ruta establecida por esta exposición.

San Victorián

En San Pedro el Viejo sí he estado y varias veces, especialmente cuando estuve viviendo en Huesca. Un sitio especial, al que le tengo mucho cariño. La última fue en el año 2017, cuando se cumplían los 900 años de su fundación, post. En esta exposición se ha incluido un boceto del célebre cuadro de La campana de Huesca, de José Casado del Alisal (1880). Pintura historicista encargada de propagar la leyenda de esta campana que nunca sonó y que, actualmente, puede verse en el Ayuntamiento de Huesca. También se ha incluido otras pinturas historicistas, retratos de los reyes de Aragón y entre ellas hay que destacar la de la reina Petronila, enterrada en Barcelona y cuyo matrimonio con Ramón Berenguer IV de Barcelona fue el germen de la Corona de Aragón. Retrato  pintado por Manuel Aguirre Monsalve en 1853.


Reina Petronila, inicio de la Corona de Aragón
Las señoras de Sijena también están presentes en la muestra. Varias tablas, sepulcros y también documentación con escudos de armas que probaban la limpieza de sangre de las mujeres que profesaban en la orden. A este monasterio pertenece una de las tablas que más me ha gustado, La mujer adúltera. Atribuido a Miguel Ximénez, otro de los colaboradores de Bartolomé Bermejo y que se conserva en el Museo de Huesca y que, yo creo, que debería ser sometido a una buena restauración porque una grieta de más de un centímetro recorre de arriba abajo todo el cuadro y sólo verla ya duele. No sé si será posible un arreglo, sin embargo, la delicadeza del rostro ha sobrevivido a las grietas. Es de mis piezas preferidas.

La mujer adúltera y detalle de la grieta


Otra pieza muy curiosa ha sido un calco de la lápida sepulcral de la tumba de Catalina de Aragón, reina de Inglaterra, primera esposa de Enrique VIII y madre de la reina María, la sangrienta, Bloody Mary. Aunque el rey se divorció de ella, produciendo un seísmo en el seno de la iglesia católica, los ingleses la siguen apreciando y todavía se conmemora su muerte. Estos calcos fueron realizados por el embajador de España en Reino Unido en 1924.

Los calcos
Mi pieza favorita es un pequeño relieve en alabastro policromado que representa el ceremonial llamado “correr las armas”. Perteneció al sepulcro de Fernando I en el Monasterio de Poblet pero hoy se encuentra en el Museo del Louvre, parece ser que a consecuencia del expolio de los soldados de Napoleón. Es una obra atribuida a Pere Oller Este ceremonial fue muy popular en los siglos XVI y XV y mostraba el duelo por la muerte de un rey o un noble. Así los caballos pisaban y rompían los escudos y sus gualdrapas eran negras; los caballeros arrastraban las banderas por el suelo y llevaban sus escudos al revés. Muy interesante.

Atribuido a Pere Oller



Sala de la Corona, Edificio Pignatelli. Zaragoza.
Hasta el 17 de marzo de 2019

miércoles, 6 de marzo de 2019

Palencia: Iglesias rupestres y románicas (2018)

El origen de las iglesias rupestres se remonta a los siglos IX y X y al desplazamiento migratorio producido por la invasión musulmana. Entonces los cristianos amenazados empezaron a instalarse en el norte peninsular y concretamente en esta zona en la Montaña Palentina. Supongo que resultaba más barato excavar en una roca que contratar a un maestro de obras para construir una pequeña ermita, pero tampoco debería descartarse el deseo de monjes o seglares mozárabes de vivir aislados del mundo en un momento de turbulencia.

El cementerio nuevo
Todas estas iglesias comparten las mismas características constructivas. Tienen una o dos naves y fueron excavadas toscamente en promontorios, lugares donde la roca arenisca predominaba, igual que ocurría en Petra (Jordania). Lugares cercanos a un río o a un manantial que ofreciesen también medios de vida y preservasen de los potenciales ataques de enemigos.

La torre campanario

Añadir leyenda

En el monte Cildá, la iglesia de los santos Justo y Pastor de Olleros de Pisuerga se corresponde con este modelo e incluye también dos lauras (dos pequeñas cuevas), una torre campanario aislada del siglo XVII, realizada en piedra de sillería y una pequeña necrópolis con tumbas antropomórficas. A la entrada hay una pequeña espadaña también en piedra de cantería. El templo sufrió añadidos posteriores al siglo X y actualmente se utiliza como parroquia durante los meses de verano.

La entrada y la espadaña

Tiene dos naves y anexa a una de ellas se encuentra la actual sacristía. A la izquierda se pueden observar también dos capillas. La primera de ellas contiene la pila bautismal y la segunda, que se descubrió en 1931, pudo servir en un principio como capilla sepulcral. Desde esta capilla se accede al púlpito por una escalera también tallada en la roca.

Interior y altar mayor

El coro de madera, elevado, se sustenta con una pilastra original. En el altar mayor el retablo plateresco de mediados del siglo XVI está dedicado a los santos Justo y Pastor y a su derecha, en una pequeña hornacina excavada en la roca también puede verse una imagen de Dios Padre Eterno. La iglesia es una pequeña joya del románico muy especial e interesante.

Retablo del altar mayor


Después de la Reconquista, las pequeñas iglesias rupestres dejaron paso a edificios mucho más suntuosos y funcionales. En Santibáñez de Ecla se encuentra el Monasterio de San Andrés de Arroyo que sigue ocupado, desde la Edad Media, por monjas bernardas del Císter. Fue fundado en 1190 por la condesa doña Mencía de Lara y llegó a ser tan importante que la abadesa tenía “privilegio de horca y cuchillo”, es decir, jurisdicción civil y penal sobre los habitantes de once villas cercanas. A la entrada del Monasterio se puede ver todavía el rollo de justicia y la capilla de ajusticiados donde los reos pasaban sus últimas horas, rezando o maldiciendo su suerte.

Rollo de justicia
De este monasterio, además de su iglesia, destacan especialmente dos estancias. Por una parte, el claustro que constituye un ejemplo claro del románico cisterciense caracterizado por la inclusión de temas vegetales, preferidos a las representaciones figurativas prohibidas por la Orden del Císter, pero con indicios que ya le acercan al gótico. Los artesanos que trabajaron allí realizaron un trabajo de gran calidad, especialmente con los capiteles de las columnas esquineras, tallados con trépano y que constituyen un verdadero encaje de piedra. En la serie de RTVE Las claves del románico, José María Pérez Peridis, menciona a un tal maestro Miguel.



La segunda estancia excepcional es la sala capitular. Tiene una preciosa bóveda de crucería y dos sarcófagos. El primero, decorado más profusamente, corresponde a la fundadora y primera abadesa, doña Mencía; el segundo es el de su sobrina y segunda abadesa, doña María. Es más sobrio ya que sólo lleva esculpido el báculo. También presidiendo la sala hay una escultura románica en piedra de San Andrés con la cruz de su martirio.




Dice García Omedes en su página web, que en 1991 la abadesa había incluido como pecado capital la toma de fotografías en el interior del monasterio. No sé si será cierto pero en el año 2018 me he encontrado este cartel. San Andrés de Arroyo


De camino hacia este monasterio paramos en un pequeño pueblo llamado Moarves de Ojeda, únicamente para contemplar su iglesia dedicada a San Juan Bautista. Es espectacular. Una auténtica sorpresa encontrar esta joya en un pueblo tan pequeño. Es posible que el mencionado maestro Miguel o alguno de sus ayudantes más aventajados trabajasen en esta iglesia.





En la portada con arquivoltas de ajedrezado podemos ver capiteles historiados y también con decoración vegetal. Pero me llamó la atención esta pequeña figura situada en una ménsula que sujeta al friso del que hablaré después. Es un San Jorge peleando con el dragón y está esculpido con gran detalle. Se puede distinguir la cota de malla y la decoración de su escudo. Y también los ojos y las escamas del dragón.




El friso superior está formado por un apostolado completo. Cada apóstol se sitúa en su hornacina y es perfectamente reconocible; con un pantocrátor central en altorrelieve dentro de una mandorla y rodeado de los tetramorfos. Es comparable al friso de la iglesia de Santiago de Carrión de los Condes. En el interior del templo se encuentra también una pila bautismal de gran calidad. El románico palentino es excepcional.