El autor.-
Benito Pérez Galdós fue uno de los máximos exponentes de la
novela realista en Europa. Aunque su obra fue tan extensa que puede dividirse
en varias épocas con el denominador común de haber provisto a sus personajes de
una gran profundidad psicológica. En los
Episodios
Nacionales la historia no sólo pertenece a reyes, militares y políticos, el
pueblo llano también tiene su protagonismo. Otras obras suyas:
Tormento, Fortunata y Jacinta, Misericordia.
Mi opinión.-
Lo que más me sorprendido de esta novela es que, aunque
pueda parecer lo contrario, Tristana
no es la protagonista y el feminismo tampoco es su principal tema. Aunque
después con el “despertar” de Tristana se va corrigiendo, en los cuatro
primeros capítulos de los veintinueve que forman la novela, hay un absoluto
protagonismo don Lope. Es para enfadarse pero no para dejar de leer. Pérez
Galdós, según he leído, abordó en esta novela la situación/esclavitud de las
mujeres de clase media en la España de finales del siglo XIX. Sin embargo, la
solución que aporta es la solución habitual: un matrimonio de conveniencia. En
este sentido, no llegó a las últimas conclusiones a las que debería haberle
llevado una verdadera novela feminista.
Don Lope, mitad Quijote, mitad don Juan, arquetipos
literarios eternos, se hace cargo de una huerfanita adolescente. Es un
cincuentón arruinado por su mala vida que, cada vez, debe de buscar una casa
más barata donde vivir pero que todavía puede permitirse tener servicio. La
fiel Saturna también tiene su imagen especular en la literatura universal: es
la dignidad, la lealtad y el pragmatismo de Sancho Panza pero no será la
escudera de don Lope, sino el único apoyo de la joven Tristana. Bueno pues, don
Lope es un crápula decrépito y manipulador que no se molesta, ni siquiera, en
seducir a la niña Tristana. Toma lo que cree que es suyo por derecho y no hay
nada más que hablar. Aunque, esta vez, será su última seducción. Además, don
Lope, tiene una concepción del honor ya anticuada y en realidad no es malo, es
que le han educado así.
Tristana, la niña, no tiene estudios, no tiene familia, no
tiene amigos, no tiene un entorno que pueda acudir en su ayuda. Es inocente,
inculta, indefensa, atrasada en su desarrollo moral, inerme muñequita de
porcelana, principalmente pasiva. Pero no es tonta ni incapaz, simplemente ha
sido abandonada. Por ser mujer, no era lo suficientemente importante como para
que su familia o el estado, la iglesia o cualquier otra institución social se
preocupase de que Tristana accediera a una educación que le brindaría un
trabajo digno y una posición social solvente. No, su única salida era la
dependencia de un marido pero, en este caso, don Lope se encarga también de
cortar esa salida (al menos al principio).
Tristana y don Lope mantienen una relación tóxica en la que
ambos mantienen posiciones enfrentadas y que no tienen la misma relevancia. Son
amo y esclava. Sin embargo, el tiempo y las circunstancias parecen jugar a
favor de Tristana y, es posible, que las posiciones se inviertan. Ama y esclavo
llegarán a ser.
El tercer vértice de este tradicional triángulo amoroso es
Horacio Díaz. Aparentemente un artista romántico, en la realidad un burgués de
buena posición que hace de Tristana su amante y que, poco a poco, se va
alejando de ella. Sin embargo, antes de este abandono, Tristana encontrará en
Horacio la fuerza suficiente para enfrentarse a don Lope, para intentar cambiar
su vida, asumir la responsabilidad de su propia educación y tratar de soñar y
de convertir sus sueños en realidad. El amor, así, le ilumina el camino pero
no lo suficiente. Ya he comentado que
Tristana no tiene referentes, ni familia, ni amigas, únicamente la fiel Saturna
apegada a la tierra. Por eso, los intentos de emancipación de Tristana se
frustran. Sus sueños de ser pintora, escritora, música o actriz no tienen un
fundamento sólido y quedan frustrados por el camino. Especialmente, cuando
Tristana enferma.
En ese momento será don Lope quien acuda en su socorro y
será entonces cuando Tristana empiece a convertirse en ama. La desaparición de
Horacio tampoco supondrá mucha tristeza ni para Tristana ni para la lectora. Es
un hombre convencional que, al mismo tiempo, que la animaba a desarrollarse
consideraba que una esposa o una “querida perpetua” no deberían tener “tal
flujo de pensar temerario” (pg. 91) y así le decía “no te hagas tan sabia que
me asustas” (pg. 121).
Así pues, tanto don Lope como Horacio, el paso del tiempo,
la enfermedad y la misma Tristana se encargan de sofocar sus ansias de saber y
desarrollarse. Queda convertida en una burguesa respetable, puesto que don Lope
se casa con ella y soluciona su dependencia económica, que asiste a misa y
socorre a los pobres. Es un final que puede parecer desolador pero, al mismo
tiempo, es un acto de generosidad egoísta (sí pueden ser las dos cosas) de don
Lope. Podemos pensar, dada la edad y los achaques de don Lope, que Tristana
vivirá una próxima viudez y que todavía será joven para vivir otra vida, quizá
al lado de otro hombre y quizá, con éste otro hombre mantendrá una relación más
sincera, más justa y más equilibrada. Más moderna, en definitiva.
En este sentido, casi puede leerse en paralelo con Insolación de Emilia Pardo Bazán.
Podrían las protagonistas tener un hilo en común: la frustración por sus
primeros matrimonios y la posibilidad de, siendo todavía jóvenes, enviudar con
una sólida posición económica y poder decidir sobre su vida como hace Asís
Taboada. Pero en fin, eso sería una segunda parte de Tristana que Pérez Galdós no escribió. Recomiendo esta novela,
sobre todo en la edición de Random House ilustrada por Monica Barengo. También existe una adaptación a cine dirigida por Luis Buñuel, en la que se explota más la vertiente sórdida de la historia. Es de 1970 y está protagonizada por Catherine Deneuve, Fernando Rey, Lola Gaos y Franco Nero.
Tristana
Benito Pérez Galdós
Random House
Ilustraciones de Monica Barengo