El autor.-Lorenzo Silva estudio derecho y ejerció como abogado durante
bastantes años. Sin embargo, su vocación literaria terminó ganando. Ha escrito
principalmente novela, pero también poesía, algún ensayo y un par de libros de
viajes. También ha sido guionista de cine y colabora habitualmente en la
prensa. De la serie de Bevilacqua y Chamorro lleva ya escritas doce novelas;
bueno dos son libros de relatos. Otras obras suyas: Historia del Marruecos español, Del Rif al Yebala. Viaje al sueño y la
pesadilla de Marruecos, Trilogía de Getafe y, recientemente, Castellano.
Mi opinión.-Sigo a Lorenzo Vila desde hace tiempo pero me había centrado
únicamente en su serie de Bevilacqua y Chamorro. Recordarán tu nombre, sin embargo, no tiene nada que ver con una
novela de ficción. Es posible que el autor prefiera considerarla novela para
evitar problemas con las familias de algunos franquistas ya desaparecidos que
no quedan muy bien parados. Aunque el autor la siga definiendo así yo creo que,
más bien podría tratarse de una biografía muy bien contextualizada.
Así pues, se trata del recorrido (si bien, novelado) por la
vida de José Aranguren Roldán, general de brigada de la Guardia Civil,
destinado en Barcelona en 1936 y que se mantuvo leal a la República a pesar de
ser un hombre católico y conservador y a pesar de que dos de sus hijos,
militares también, combatían en el bando de los rebeldes. En este recorrido se
incluye también la figura de Manuel Goded Llopis, general del ejército rebelde,
compañero del anterior con el que había coincidido durante su formación y en
distintos destinos. Amigos aunque no íntimos que, al final, compartirán también
la muerte por fusilamiento. Goded en 1936, cuando el golpe fracasa en Barcelona
y Aranguren al final de la guerra.
Durante todo el libro, Silva analiza con mucho detalle la
situación política de las distintas épocas. Las guerras en África, donde
menciona el testimonio de Ramón J. Sender, la decadencia y el deseo de
regeneración por parte de todos los bandos. Deseo de regeneración que, sin
embargo, constantemente queda frustrado por males (aparentemente) endémicos: corruptelas,
ambiciones, envidias y arrogancia que se imponen en el patrioterismo de unos y
en el populismo de otros. Destaca Franco, como ejemplo de militar ávido de
reconocimiento, especialmente hábil en la intriga y el autobombo. Incluso
menciona de pasada la posible amistad entre Federico García Lorca y José
Antonio Primo de Rivera.
La relación que mantuvieron Escofet y Primo de Rivera da una
idea de la fractura emocional que se produjo durante la Guerra Civil y que se
mantuvo posteriormente (y quizá sigue). Escofet se había formado como militar en
la Academia de Caballería de Valladolid, llegando al grado de capitán en 1926. Antes,
en 1922, había sido instructor de José Antonio, durante su servicio militar en
el regimiento de Caballería de Santiago en Barcelona y decía de él que era “un buen orador y de una fuerza de seducción
extraordinaria, y con una concepción romántica de la política [otra vez
aparecen las emociones] que no compartía
su partido, compuesto de intelectuales fracasados y estudiantes amigos de la
violencia” (página 261). Escofet que había nacido en Cataluña dejó en 1930
el ejército para incorporarse a los Mossos de Esquadra, entonces una policía rural
y provincial de la que llegó a ser jefe. Fue también Comisario General de Orden
Público de la Generalitat, en 1936 y al final de la guerra tuvo que exiliarse
por haberse mantenido leal a la República perseguido por sus antiguos
compañeros. Escofet podía admirar la pasión de José Antonio pero era también
capaz de detectar los dos tipos principales de enemigos contra la República:
los anarquistas y los conspiradores dentro del propio Ejército aliados con
falangistas y con la extrema derecha. Es posible que Escofet también fuese
parte de esa tercera España, víctima de las otras dos.
Yo creo que esa fractura producida por este enfrentamiento,
tan difícil de salvar todavía, fue un desbordamiento de pasiones, me atrevería
a decir, además, pasiones tóxicas. Provocadas por el miedo que cada uno de los
dos bandos inspiraba en el otro. En esas circunstancias, la racionalidad y la
templanza fueron abrumadoramente derrotadas y no pudieron abrirse camino. La
tercera España, víctima de las otras dos.
Así habla Azaña en sus diarios sobre Goded: “Yo he procurado reconciliar a Goded con el
régimen y con la política general de la República… el intento me parecía útil,
y para mí, personalmente, de buen juego… Más, por lo visto, [Goded] lleva
dentro rencores inextinguibles… Estaba nervioso, un poco sofocado, a veces
emocionado, procuraba dominar las pasiones que se le salían por la boca. Mi
impresión de conjunto es que lleva dentro un escorpión” (página 193).
¿Sería el miedo a la izquierda, a los comunistas, a la revancha, al cambio, a
la desintegración de España, de la fe, de la civilización occidental como le
parecía a Unamuno? Generalmente, no se hace un análisis emocional de la
conducta de los hombres. Se presupone siempre que sus acciones están inspiradas
por la razón. Aquí hay una muestra de que no es así. Azaña se preocupó de
consignar en sus diarios las emociones reprimidas de Goded y Goded en las
entrevistas con Azaña se preocupaba de transmitir sus emociones. Se me ocurre
pensar que si los golpistas hubiesen sabido templar su miedo y que si los
anarquistas y comunistas hubiesen sabido actuar sin provocar miedo, quizá esa
explosión emocional no se hubiese producido o hubiese sido más controlable. Hay
que tener en cuenta que la Revolución Rusa se había producido apenas hacía 20
años y que, como se demostró después, la URSS era un peligro real.
Aranguren fue frecuentemente acusado de pasividad ante los
desórdenes provocados por anarquistas. Sin embargo, Azaña en sus diarios
reconoce que Cataluña estaba en total disolución, presa de una histeria
revolucionaria en la que “Companys hablaba a tontas y a locas de dar la batalla
a los anarquistas, pero no tenía ganas ni medios”. Aranguren ya era un hombre
viejo, prudente, competente, digno, siempre a las órdenes del Govern, aunque no
siempre fuese comprendido por los políticos sí lo fue por sus superiores,
compañeros y subalternos. Sin embargo, había quedado aislado de sus hijos y no
pudo inculcarles la templanza necesaria para entender que como militares
profesionales, por encima de filias y fobias políticas, debían estar a las
órdenes del gobierno y del estado legalmente constituidos. No consiguió
convencerles ni disipar su miedo al desorden y a la hipotética destrucción de
España. Al final de esta lectura, queda la sensación de que, hagas lo que
hagas, incluso si te esfuerzas por hacer bien las cosas, la vida nos atropella,
y especialmente, en circunstancias tan traumáticas como una guerra. Aranguren
terminó aceptando su muerte por haber cumplido con su deber y el premio que
obtuvo fue el silencio durante tantos años, silencio roto hoy por Lorenzo Silva
en Recordarán tu nombre.

Recordarán tu nombre
Lorenzo Silva
Destino 2017