miércoles, 20 de abril de 2022

Novela: Estado del malestar de Nina Lykke (2019)

La autora.-
Nina Lykke es una de las escritoras noruegas actuales más importantes. Su primera obra se publicó en 2010 y desde entonces ha obtenido el reconocimiento unánime de la crítica hasta conseguir en 2019 el Premio Brage por Estado del malestar, galardón literario más importante en Noruega. Otras obras suyas que todavía no han sido traducidas al castellano: Orgía y otras historias, Descomposición, No, cien veces no. 

Mi opinión.-
Me ha encantado esta novela que, en cierto sentido, recuerda a Despojos de Rachel Cusk, sobre todo por su capacidad de autoanálisis crítico, tanto individual como colectivo. Desde luego, la sociedad noruega no sale muy bien parada.

Podíamos decir que hay tres esferas narrativas interconectadas. En primer lugar, Elin es médica de atención primaria y describe su trabajo minuciosamente haciendo especial hincapié en las visitas de algunos de sus pacientes que creo que podríamos empezar a llamarlos im-pacientes. Hombres y mujeres de todas las edades y con todo tipo de malestares, a veces ñoños y a veces justificados, pero que tienen algo en común. Creen que han venido a vivir al mundo de PinyPon, donde todo debería ser perfecto. Los calvos no entienden por qué son calvos y no reciben bien las explicaciones por parte de la médica; los gordos no quieren ser gordos pero tampoco quieren dejar de comer o hacer más ejercicio y no quieren tampoco que una simple médica se lo recuerde; y los incel, los que no ligan y van al médico para que les derive a un psicólogo, a quien tratarán de convencer de que las mujeres guapas se equivocan al no querer ligar con ellos (egolatría machista, podríamos llamar a este síntoma). También están los que no se duchan y huelen mal o los que no quieren superar sus malestares sino que alguien les haga casito durante un rato. En fin, pasan por su consulta toda una galería de personajes insatisfechos y poco dados a la frustración, que prefieren un pastillazo a tomar decisiones drásticas con su vida, como divorciarse o afiliarse a un sindicato si tienen problemas laborales y que son incapaces de agradecer haber nacido en un país europeo, con un alto grado de bienestar y en tiempo de paz. Y ella es implacable con estos im-pacientes. Yo también lo sería.

Después nos enfrentamos a la crítica de un modelo social escrupulosamente buenista progre y rotundamente artificioso y ortopédico para el que la autora tampoco ahorra comentarios mordaces e, incluso, ofensivos. Elin vive en Grenda, un barrio de clase alta y media-alta, con jardines puntualmente desaliñados, una cierta pasión por los superalimentos, el deporte no profesional y la aceptación de las diversidades más diversas. Donde todas las minorías son bienvenidas, respetadas y admiradas y donde, únicamente, los noruegos blancos y de clase media o que no muestren un grado aceptable de inclusión y tolerancia puedan ser ridiculizados, criticados y arrinconados. No olvidemos que en 2016 (creo) un colegio noruego prohibió cantar villancicos en Navidad para no ofender a los no cristianos y que este año, 2021, la Comisión Europea recomendaba felicitar las fiestas en lugar de felicitar la navidad. Este tipo de ñoñerías nivel buenismobien, que buscan hostigar constantemente la culpabilidad actual de una todavía mayoría de la población a causa de un pasado histórico que hoy consideramos abusivo pero ayer no, es algo que me aburre profundamente. Y a la autora también.

Pero en la tercera esfera narrativa todo se complica porque nos enfrentamos a la la vida de la protagonista. Ya he dicho que Elin es una médica de atención primaria. Está casada, tiene unos 50 años y dos hijas ya independizadas. También tiene una considerable dependencia del alcohol, concretamente del vino. Algo que en España, a mí por lo menos, me resulta extraño y curioso, porque aquí somos lo que se llama bebedores sociales y consideramos el vino más un complemento de las comidas que una droga per se. Siguiendo con la novela, su adicción nos da una pista de su insatisfacción vital. Una insatisfacción que ella no ha reconocido todavía y que trata de paliar con ese nuevo juguete que nos acosa desde todos los frentes desde hace unos años. Las redes sociales. Como juego contacta con un antiguo amor y como consecuencia su vida se desbarata. Pero lo extraordinario es que ella también empieza a comportarse como sus im-pacientes, es decir, de una manera puramente emocional y errática, fuera de todas las coordenadas racionales de su vida anterior.

Así que, ante su malestar y al igual que sus im-pacientes, también Elin es incapaz de tomar decisiones y ha buscado toda su vida una evasión momentánea a base de alcohol. No ha querido enfrentarse a la rutina de su matrimonio con un hombre pasivo porque le ofrece seguridad y respetabilidad social; tampoco al abandono de sus hijas porque ella también fue una niña abandonada. Además, se ha visto arrollada por un adulterio con un hombre también bastante pasivo que ni siquiera, por pereza e inapetencia, había buscado. Todo esto, ¿no hace de Elin una mujer pasiva? Yo creo que sí. Pero la gran diferencia entre Elin y sus pacientes es que ella sabe que su malestar no tiene cura en una consulta médica, aunque temporalmente acabe viviendo allí y recibiendo los consejos de Tore. Novela muy recomendable.


Nina Lykke
Estado del malestar
Gatopardo ediciones
Traducción de Ana Flecha Marco


miércoles, 13 de abril de 2022

Novela: Los Divinos de Laura Restrepo (2017)

La autora.-
Laura Restrepo es una escritora colombiana consolidada que ha publicado regularmente desde los años 1980. Es profesora emérita de la Universidad de Cornell en Estados Unidos. Además de sus exitosas novelas ha escrito también ensayos y artículos periodísticos. Considerada una intelectual de izquierdas ha colaborado activamente en política teniendo un papel destacado en el proceso de negociación con la guerrilla en los años 1980. Otras obras suyas: La novia oscura, Delirio, Demasiados héroes

Mi opinión.-
Hace unos pocos años se produjo en Colombia un crimen especialmente aberrante. La sociedad, después de años de guerra civil, conflicto armado y terrorismo estatal y guerrillero, pensaba que ya había vivido bastante violencia pero se vio sorprendida por el rapto, violación y asesinato de una niña indígena perpetrado por un hombre joven, blanco y de la alta sociedad bogotana. Laura Restrepo no dejó pasar esta oportunidad y, casi casi de un tirón, escribió esta novela.

En esta novela sorprenden, fundamentalmente, dos cosas. El lenguaje utilizado y, en segundo lugar, el punto de vista de la narración. A mí, por lo menos, es lo que más me ha sorprendido.

La autora se ha esforzado por incluir en la narración un lenguaje coloquial pero muy medido. De manera que, a pesar de no estar al corriente de los giros propiamente colombianos, ningún lector o lectora hispanohablantes se pierda. Pero además, varios de los personajes hacen continuas referencias a obras de la literatura clásica, en un lenguaje muy culto, propio de su clase social y de haber tenido la oportunidad de cursar estudios superiores. El ensamblaje entre esas dos esferas es tan preciso que la narración no se ve nunca dificultada por el continuo paso de uno a otro. Así, la lectura resulta muy rítmica, enriquecedora e incluso, a pesar de la truculencia del caso y del tono mantenido casi de novela de misterio, muy poética.

El punto de vista de la narración es también muy sorprendente. La autora evita el punto de vista del asesino y también de la víctima y crea un narrador que puede interpretar el papel del espectador. Sin embargo, no es un narrador ni alejado de la trama ni equidistante.

En primer lugar, es un hombre. ¿Por qué una escritora feminista y comprometida con el desarrollo de la igualdad de hombres y mujeres le daría el protagonismo de su novela a un hombre en lugar de dar la relevancia que merecen a las mujeres? Yo lo tengo muy claro. Creo que es para hacer un análisis de las masculinidades, de las relaciones entre los hombres y de sus relaciones tóxicas con las mujeres. En alguna entrevista Laura Restrepo ha reconocido que el caso de la manada de sanfermines le afectó mucho. Además, el narrador es un amigo del asesino y un amigo a quien se le va a pedir que encubra el asesinato.

En la infancia se fraguó la amistad entre cinco hombres de clase social alta que asistían al mismo liceo. Una amistad que han sabido mantener a pesar de estar al borde de los 40 años. Parece, con este dato, que no han querido crecer. Son los divinos: Muñeco, el Duque, Tarabeo, el Píldora y Hobbit. Cada uno de ellos tiene sus frustraciones, sus complejos y, a pesar de sus diferencias y rencores, desempeñará un papel en esta trama, un papel significativo y dirigido a proteger al asesino y salvar las apariencias de una clase social que parece estar en descomposición. Los dos extremos de esta conexión son Muñeco, el asesino, y Hobbit, el narrador confesional de la historia. Los otros tres, en mayor o menor medida, intentan ayudar a Muñeco y Hobbit también lo hubiese hecho si no hubiera sido por su hermana. Estas cinco masculinidades, a pesar de sus evidentes diferencias, mantienen una fraternidad oscura y tenebrosa, incapaz de empatizar con el que sufre, sin valores y, esperemos, con un futuro corto. Sólo el Píldora tendrá problemas de conciencia.

En esta novela se puede considerar una lectura simbólica en la que la Niña sería la tierra o la sociedad colombianas y los divinos serían esos representantes de la clase alta, podrida de tanto abusar de todos los demás. Pero a mí me ha interesado mucho más una lectura crítica sobre las masculinidades desde el feminismo. Y es que ninguno de los cinco divinos se salva respecto a sus relaciones con las mujeres. El asesino va incrementando su nivel de violencia respecto a las mujeres pero el resto apenas las toma en consideración. Para los divinos las mujeres son meros objetos de disfrute sexual, trofeos para enseñar, esposas legítimas para engendrar herederos o madres a las que soportar. Ni siquiera Hobbit que vive escondido, rodeado de sus libros y rechazando la mayoría de contacto humano, es capaz de mantener una relación igualitaria con ninguna mujer.

Si algo se le puede reprochar a esta novela es la falta del punto de vista del asesino, al fin y al cabo, sólo sabemos de él lo que los demás cuentan. Entiendo que ha sido una decisión consciente de la autora pero, al mismo tiempo, no me gusta la idea única de que la sociedad crea monstruos. La violencia social tiene que encontrar un terreno psicológico idóneo para poder germinar. Creo yo. Una novela muy interesante y una autora para seguir de cerca.


Laura Restrepo
Los divinos
Ed. Alfaguara


miércoles, 6 de abril de 2022

Novela: Insolación de Emilia Pardo Bazán (1889)

La autora.-

Emilia Pardo Bazán, condesa de Pardo Bazán, nació en 1851. Fue educada en un colegio francés y podía leer también en inglés. Viajó por toda Europa frecuentemente. Estuvo muy interesada por la novela naturalista, aunque los especialistas prefieren encuadrarla dentro del movimiento literario realista. Cuando su marido le exigió que dejase de escribir, ella decidió separarse de su marido, aunque siempre se tuvieron un gran respeto. No fue una mala opción. Luchadora por la educación e independencia de las mujeres. Otras obras: Los Pazos de Ulloa, La Tribuna, La madre naturaleza, Memorias de un solterón. Escribió también ensayos, libros de viajes, biografías y una abundante obra periodística. Quedan también publicadas algunas de las cartas que escribió a Benito Pérez Galdós, Miquiño mío. Murió en 1921 y con motivo de este centenario se hizo una exposición en la Biblioteca Nacional. 

Mi opinión.-
Insolación es uno de los libros que más me ha gustado últimamente, aunque a algunos, incluido Leopoldo Alas “Clarín” les parezca un mero folletín. A mí me parece una novela de crecimiento. Asís Taboada, la protagonista, se descubre a sí misma. Es una joven viuda y rica de finales del siglo XIX que viaja frecuentemente entre Madrid y Galicia. La casaron, de adolescente, con uno de sus tíos lejanos, cincuentón que murió hace unos años. Tiene un entorno familiar y de amistades saneado y estable y visita frecuentemente la iglesia y a sus tías  solteras. Y no espera nada más de la vida.

Sin embargo, en una soirée se encuentra con Pacheco, un joven andaluz que, como personaje, parece de cartón piedra. La autora se esmera en anotar cuidadosamente su manera andaluza de hablar, con su sonoridad y sus modismos. Algo que a mí me parece que chirría. Por lo demás, es alegre, un seductor un poco sinvergonzón pero, al mismo tiempo, un completo caballero que cae completamente enamorado de Asís y que la anima a disfrutar de la vida.

La novela podría narra un triángulo amoroso pero la autora ha querido ser mucho más original y lo ha conseguido. Sin embargo, hay otro personaje que merece también su atención. Es Pardo, un personaje que aparece también en Los Pazos de Ulloa y La madre naturaleza. También gallego como Asís y que se encarga de poner de relieve la influencia del clima y de las costumbres, ese determinismo que obligaría a la gente a ser y a actuar de una cierta manera sin que pudiera evitarlo. Curiosamente, él también pretendió casarse con su sobrina pero no lo consiguió. Creo que eso ha creado en él un resentimiento que le hace ser un tanto hipócrita.

Emilia Pardo Bazán estructuró su novela de una manera muy inteligente. La acción comienza in media res, es decir, a mitad de la historia. Encontramos a Asís sufriendo las consecuencias de lo que ella llama insolación que no es otra cosa que una resaca monumental. Una resaca que no sólo es de vino sino también de comida, música, alegría y buen humor, incluido todo ello en un pícaro flirteo con Pacheco en la romería de San Isidro.

A partir de ahí, los primeros capítulos son un monólogo consigo misma o, mejor dicho, un diálogo con su implacable conciencia que, curiosamente, queda nombrada en masculino para remarcar que son los hombres quienes crean las normas sociales que limitan, especialmente, a las mujeres. La dama se sorprende de las reacciones que ha tenido. Nunca se hubiera imaginado ir a una romería que un prácticamente desconocido. Nunca se hubiera imaginado quebrantar de esa manera las normas del decoro y la buena educación, ni haber comprometido su posición como viuda, madre de una hija. Aunque Pacheco no le ha resultado desagradable ni siquiera se le pasa por la imaginación que pudiera entablar una relación con él. Como viuda de treinta y tantos años ha entrado ya en la zona de invisibilidad para los amoríos.

Hay dos escenas muy interesantes que ponen de manifiesto el buen hacer de Emilia Pardo Bazán como escritora. La primera es la escena de la borrachera que sufre Asís en la romería, donde la Pardo Bazán consigue traducir en palabras esa sensación de mareo y vértigo, asemejándola a un viaje en barco en un mar tempestuoso. La segunda es la del baño, en la que se describe con todo lujo de detalles cómo Asís intenta olvidar su desliz y restablecer su honor lavando con minuciosidad todo su cuerpo. Hay que decir que la novela fue considerada un escándalo en su época, aunque hoy resulta bastante blanca y con un final feliz y honorable. Leopoldo Alas "clarín" fue un crítico feroz que parecía tener una inquina personal contra la Pardo Bazán y consideraba esta novela como "encajes de telarañas" o que la autora "toma por materia literaria lo que no lo es" una "boutade pseudoerótica" o una "fábula agradable y picante". Tampoco se cortaba un pelo en considerar a Asís Taboada una "jamona atrasada de caricias". En fin. 

Si hay algo que no me ha gustado es, precisamente, ese final. No porque sea un final feliz sino porque es bastante apresurado. Y es algo que no es la primera vez que me pasa. En Memorias de un solterón también el final era algo folletinesco y en Tristana de Pérez Galdós también parece que el autor tuviera prisa por terminar. Como si se le terminase el papel o algo así.

A mí me parece que entre los personajes de Tristana y esta Asís de Insolación puede establecerse una continuidad. A pesar de sus evidentes diferencias, Tristana y Asís casi podrían ser diferentes edades de la misma mujer. Ambas casadas en la adolescencia con viejos. Ninguna de ellas ha podido decidir por sí misma. Tristana tiene apenas 20 años cuando empieza su novela y Asís más de 30. Me gustaría pensar que cuando Tristana tenga 30 y posiblemente ya sea viuda, podría descubrirse a sí misma como hizo Asís. Yo espero que sí, entre otras cosas, porque Tristana termina donde empieza Insolación, en una iglesia. Quizá ambas mujeres se conozcan allí, lleguen a intimar y el ejemplo de Asís sirva para despertar definitivamente a Tristana. Sororidad, aunque no se puede decir que la novela sea un alegato feminista sí que lo es en cuanto que una mujer asume el protagonismo en su propia vida. 

La novela es muy recomendable. Sobre todo en la edición de Cátedra con una Introducción muy completa de Ermitas Penas Varela. 

Insolación 
Emilia Pardo Bazán
Edición de Ermitas Penas Varela
Cátedra.

miércoles, 30 de marzo de 2022

Novela: Cinco horas con Mario de Miguel Delibes (1966)

El autor.-
Miguel Delibes necesita poca presentación. Es un clásico de la literatura en castellano incluso desde antes de su muerte. Periodista, novelista y miembro de la Real Academia de la Lengua Española. También fue un gran amante del medio ambiente y la naturaleza y, paradójicamente, de la caza. Premio Cervantes y Premio Príncipe de Asturias de las Letras. A pesar de haber intervenido en la Guerra Civil en el bando rebelde fue, posteriormente, muy crítico con el régimen franquista. Prueba de ello es esta novela. Otras obras suyas: La sombra del ciprés es alargada (1948), La hoja roja (1959), El camino (1950), Los santos inocentes (1981)

Mi opinión.-
Tengo que reconocer que tuve una mala experiencia con una novela de Delibes. Dejé de leer 377, madera de héroe. Había tal cantidad de tecnicismos y de palabras que no había oído nunca que me dificultaban tanto la lectura que terminé aburriéndome y dejándola para mejor ocasión. No me ha pasado lo mismo con Cinco horas con Mario cuya lectura es verdaderamente apasionante.

Delibes fue muy admirado por sus compañeros de profesión, periodística y literaria, hasta tal punto que Francisco Umbral decía de él que era un maestro de la ventriloquía, un especialista en hacer hablar a un personaje como hablaría en la realidad. Y de esto es buena muestra la novela. Reproduce un hablar coloquial aunque trufado de muletillas cultas que pueden parecer actualmente algo redichas: inter nos, la poitrine. Un modo de hablar muy definido por la clase social de la protagonista, inicialmente perteneciente a la clase media-alta pero instalada, muy a su pesar, en una clase media por matrimonio. A mí me parece que, de alguna manera, para crear el personaje de Carmen Sotillo tuvo que inspirarse en su mujer, en largas charlas con su mujer sobre los sentimientos más ocultos que podría tener una mujer de los años 1960, en una pequeña ciudad de provincias de la España franquista. Aunque fuese una mujer orgullosa de pertenecer al bando de los vencedores, no cabe duda de que tendría graves deficiencias en su educación, no sólo en la sexual y afectiva.

Ya había leído esta novela hace muchos años y una de las cosas que más me ha sorprendido es la lectura tan diferente que he hecho esta vez; sobre todo, la lectura de aspectos que, en ese primer momento, me pasaron inadvertidos o que, por lo menos, no recordaba. La primera vez no me fijé en lo profundamente inmoral, racista, clasista e indecente que es Carmen Sotillos. Una mujer fervientemente defensora de la dictadura y que, a cualquiera que la critica, sea su marido o incluso su hijo, les coloca el sambenito de “los de la cáscara amarga”. Una mujer capaz de decir cosas parecidas a ésta “lo bien que lo pasamos durante la guerra, con todos esos chicos tan jóvenes y tan guapos de uniforme”. Sin embargo, es un personaje que no deja de suscitar una cierta ternura por lo que está sufriendo.

Con la muerte repentina de su marido y durante su velatorio, esta mujer se embarca en una espiral de reproches contra él que, en realidad, sólo es una excusa para ocultar su culpabilidad y el deseo de confesarle a su marido un pecado que ella considera gravísimo. Esta estructura circular y repetitiva de la novela no es más que un reflejo del carácter neurótico de Carmen, que va subiendo en intensidad hasta estallar y revelar un casi desliz amoroso que, hoy, juzgaríamos totalmente inocente. Y es que Carmen Sotillo, en realidad, es un ser bastante inocente y que sin sus férreas convicciones ideológicas y morales que, al mismo tiempo, son escudo y cárcel, estaría totalmente desprotegido. Estoy convencida de que Carmen Sotillo, hoy, sería una votante fidelísima de Vox, del orden, de la tradición y de las buenas costumbres.

Excepto el capítulo inicial, el resto comienza con una cita bíblica. Citas que, han sido subrayadas por el difunto y que Carmen lee durante el velatorio de su marido. De esta manera, el monólogo se convierte en un casi diálogo y nos revela cómo era Mario en realidad en lugar de que su imagen se dibuje, únicamente, con los continuos reproches y frustraciones de Carmen. Quejosa de su soledad emocional, de los hijos, del estancamiento profesional de su marido y de la falta de comodidades: un 600, una vajilla nueva. Mario aparece como un hombre compasivo aunque frío, interesado por la política en la medida en que se podía en los años 1950 y crítico con el Régimen. Un escritor de poesía con preocupación social, católico y fraternal. Amigo de aquéllos a los que su mujer llamaba de la “cáscara amarga”. Un hombre también depresivo y un novio virgen que hizo pasar su inexperiencia sexual por indiferencia. Carmen, a veces, también se ha mostrado implacable con él y con todos aquéllos que desafían el orden político y moral. Con su hermana, amante de un hombre casado; con su marido aquejado por una depresión.

La lectura de esta novela es imprescindible. Y además, también se ha adaptado para teatro, siendo su protagonista indiscutible Lola Herrera. Precisamente, el pasado 27 de marzo para conmemorar el Día Mundial del Teatro se estrenó para televisión, medio para el que nunca había querido que se grabase. Con esta versión, con texto adaptado por José Sámano y Josefina Molina, la actriz va a despedirse de este personaje que ha marcado desde 1979, para bien, su carrera y que para ella supuso también un gran crecimiento personal. Estuvo magnífica, a sus 86 años y a pesar de la frialdad del medio televisivo. Aquí el enlace.


Cinco horas con Mario
Miguel Delibes
Editorial Austral

miércoles, 23 de marzo de 2022

Novela: Tristana de Benito Pérez Galdós (1892)

El autor.-
Benito Pérez Galdós fue uno de los máximos exponentes de la novela realista en Europa. Aunque su obra fue tan extensa que puede dividirse en varias épocas con el denominador común de haber provisto a sus personajes de una gran profundidad psicológica. En los Episodios Nacionales la historia no sólo pertenece a reyes, militares y políticos, el pueblo llano también tiene su protagonismo. Otras obras suyas: Tormento, Fortunata y Jacinta, Misericordia. 

Mi opinión.-
Lo que más me sorprendido de esta novela es que, aunque pueda parecer lo contrario, Tristana no es la protagonista y el feminismo tampoco es su principal tema. Aunque después con el “despertar” de Tristana se va corrigiendo, en los cuatro primeros capítulos de los veintinueve que forman la novela, hay un absoluto protagonismo don Lope. Es para enfadarse pero no para dejar de leer. Pérez Galdós, según he leído, abordó en esta novela la situación/esclavitud de las mujeres de clase media en la España de finales del siglo XIX. Sin embargo, la solución que aporta es la solución habitual: un matrimonio de conveniencia. En este sentido, no llegó a las últimas conclusiones a las que debería haberle llevado una verdadera novela feminista.

Don Lope, mitad Quijote, mitad don Juan, arquetipos literarios eternos, se hace cargo de una huerfanita adolescente. Es un cincuentón arruinado por su mala vida que, cada vez, debe de buscar una casa más barata donde vivir pero que todavía puede permitirse tener servicio. La fiel Saturna también tiene su imagen especular en la literatura universal: es la dignidad, la lealtad y el pragmatismo de Sancho Panza pero no será la escudera de don Lope, sino el único apoyo de la joven Tristana. Bueno pues, don Lope es un crápula decrépito y manipulador que no se molesta, ni siquiera, en seducir a la niña Tristana. Toma lo que cree que es suyo por derecho y no hay nada más que hablar. Aunque, esta vez, será su última seducción. Además, don Lope, tiene una concepción del honor ya anticuada y en realidad no es malo, es que le han educado así.

Tristana, la niña, no tiene estudios, no tiene familia, no tiene amigos, no tiene un entorno que pueda acudir en su ayuda. Es inocente, inculta, indefensa, atrasada en su desarrollo moral, inerme muñequita de porcelana, principalmente pasiva. Pero no es tonta ni incapaz, simplemente ha sido abandonada. Por ser mujer, no era lo suficientemente importante como para que su familia o el estado, la iglesia o cualquier otra institución social se preocupase de que Tristana accediera a una educación que le brindaría un trabajo digno y una posición social solvente. No, su única salida era la dependencia de un marido pero, en este caso, don Lope se encarga también de cortar esa salida (al menos al principio).

Tristana y don Lope mantienen una relación tóxica en la que ambos mantienen posiciones enfrentadas y que no tienen la misma relevancia. Son amo y esclava. Sin embargo, el tiempo y las circunstancias parecen jugar a favor de Tristana y, es posible, que las posiciones se inviertan. Ama y esclavo llegarán a ser.

El tercer vértice de este tradicional triángulo amoroso es Horacio Díaz. Aparentemente un artista romántico, en la realidad un burgués de buena posición que hace de Tristana su amante y que, poco a poco, se va alejando de ella. Sin embargo, antes de este abandono, Tristana encontrará en Horacio la fuerza suficiente para enfrentarse a don Lope, para intentar cambiar su vida, asumir la responsabilidad de su propia educación y tratar de soñar y de convertir sus sueños en realidad. El amor, así, le ilumina el camino pero no  lo suficiente. Ya he comentado que Tristana no tiene referentes, ni familia, ni amigas, únicamente la fiel Saturna apegada a la tierra. Por eso, los intentos de emancipación de Tristana se frustran. Sus sueños de ser pintora, escritora, música o actriz no tienen un fundamento sólido y quedan frustrados por el camino. Especialmente, cuando Tristana enferma.

En ese momento será don Lope quien acuda en su socorro y será entonces cuando Tristana empiece a convertirse en ama. La desaparición de Horacio tampoco supondrá mucha tristeza ni para Tristana ni para la lectora. Es un hombre convencional que, al mismo tiempo, que la animaba a desarrollarse consideraba que una esposa o una “querida perpetua” no deberían tener “tal flujo de pensar temerario” (pg. 91) y así le decía “no te hagas tan sabia que me asustas” (pg. 121).

Así pues, tanto don Lope como Horacio, el paso del tiempo, la enfermedad y la misma Tristana se encargan de sofocar sus ansias de saber y desarrollarse. Queda convertida en una burguesa respetable, puesto que don Lope se casa con ella y soluciona su dependencia económica, que asiste a misa y socorre a los pobres. Es un final que puede parecer desolador pero, al mismo tiempo, es un acto de generosidad egoísta (sí pueden ser las dos cosas) de don Lope. Podemos pensar, dada la edad y los achaques de don Lope, que Tristana vivirá una próxima viudez y que todavía será joven para vivir otra vida, quizá al lado de otro hombre y quizá, con éste otro hombre mantendrá una relación más sincera, más justa y más equilibrada. Más moderna, en definitiva.

En este sentido, casi puede leerse en paralelo con Insolación de Emilia Pardo Bazán. Podrían las protagonistas tener un hilo en común: la frustración por sus primeros matrimonios y la posibilidad de, siendo todavía jóvenes, enviudar con una sólida posición económica y poder decidir sobre su vida como hace Asís Taboada. Pero en fin, eso sería una segunda parte de Tristana que Pérez Galdós no escribió. Recomiendo esta novela, sobre todo en la edición de Random House ilustrada por Monica Barengo. También existe una adaptación a cine dirigida por Luis Buñuel, en la que se explota más la vertiente sórdida de la historia. Es de 1970 y está protagonizada por Catherine Deneuve, Fernando Rey, Lola Gaos y Franco Nero.

Tristana
Benito Pérez Galdós
Random House
Ilustraciones de Monica Barengo



miércoles, 16 de marzo de 2022

Novela: La marca del meridiano de Lorenzo Silva (2012)

El autor.-
Lorenzo Silva estudio derecho y ejerció como abogado durante bastantes años. Sin embargo, su vocación literaria terminó ganando. Ha escrito principalmente novela, pero también poesía, algún ensayo y un par de libros de viajes. También ha sido guionista de cine y colabora habitualmente en la prensa. De la serie de Bevilacqua y Chamorro lleva ya escritas doce novelas; bueno dos son libros de relatos. Otras obras suyas: Historia del Marruecos español, Del Rif al Yebala. Viaje al sueño y la pesadilla de Marruecos, Trilogía de Getafe. 

Mi opinión.-
Sigo con el reto del verano y llego ya a la sexta novela de la saga. En esta novela, se anuncia casi a bombo y platillo que aparece el gran amor de Vila. Y es así, pero tiene una breve aparición y tiene que pasar más de la mitad del libro para que suceda. Bueno, en realidad, su presencia, su recuerdo flota durante todo el libro y eso imprime a la trama todavía más tristeza. Si en la anterior novela se mostraba respondón, triste y frustrado; en esta se ha impuesto como tarea superar la desconexión que, parece que, existe entre Castilla y Cataluña. En Aragón, nunca hemos hablado así ni consideramos que exista esta desconexión.

Esta novela está muy relacionada con La reina sin espejo, que a mí, aparte de El mal de Corcira, es la novela que más me ha gustado de la saga. Se retoman antiguos personajes y se descubre la verdadera personalidad de uno de ellos, Robles, compañero y mentor de Vila en su estancia en Barcelona, que aparece brutalmente asesinado. Robles había empezado con pequeñas corruptelas y acabó deslizándose hacia la corrupción consumada pero antes tuvo tiempo de salvar a Vila. Es la imagen del padre que Vila no tuvo. También vuelve a aparecer Riudavets y los mossos de esquadra

Brevemente, pues, hemos conocido a la Dulcinea de este Quijote que, en su lucidez, no puede evitar la amargura por el efecto piedra pómez del paso del tiempo y tampoco puede evitar llorar “lágrimas de viejo caimán” y temblar por el amor perdido, por su Dulcinea inalcanzable. Claro que Vila, tiene la ventaja de que allí siempre está Chamorro. Chamorro con ese sexto, séptimo u octavo sentido, que el machismo elegante siempre atribuye a las mujeres, está para recoger los pedacillos de Vila e intentar recomponerlos (creo que ya lo he dicho en otra ocasión pero hace falta una novela en la que Chamorro sea protagonista absoluta).

En esta novela no hay las habituales referencias cultas a libros o música o, por lo menos, yo no las he encontrado tan intrincadas con la trama. A excepción de la música de Franco Battiato que compone la banda sonora de la historia de amor de Vila y Anna. Pero, en cierta manera y a pesar de esa amargura, Vila recupera la pasión por su trabajo que consiste “… en restaurar la ilusión rota, en regenerar la apariencia que se habría desmoronado… en cuanto la buena gente supiera de las actividades a las que se dedicaban los supuestos servidores de la ley”. ¿Es o no es un Quijote para los siglos XX y XXI? Incluso llega a la plaza de Barcelona donde el Quijote perdió su última batalla.

Como dato curioso coinciden en el mismo día la muerte de Robles, el linchamiento de Gadafi y el comunicado del abandono de las armas de ETA. El mundo, para volverse loco. Novela muy recomendable y para leerla en paralelo con La reina sin espejo.

La marca del meridiano 
Lorenzo Silva
Destino 


Serie Bevilacqua y Chamorro:

El lejano país de los estanques, 1998. Premio Ojo crítico
El alquimista impaciente, 2000. Premio Nadal
La niebla y la doncella, 2002
Nadie vale más que otro, 2004. Relatos
La reina sin espejo, 2005
La estrategia del agua, 2010
La marca del meridiano, 2012. Premio Planeta
Los cuerpos extraños, 2014
Donde los escorpiones, 2016
Tantos lobos, 2017. Relatos
Lejos del corazón, 2018
El mal de Corcira, 2020

miércoles, 9 de marzo de 2022

Novela: Las maldiciones de Claudia Piñeiro (2017)

La autora.-
Claudia Piñeiro es también dramaturga y guionista. Tiene una larga carrera como novelista y ha recibido varios premios por sus obras algunas de ellas, como Betibú, adaptadas al cine. Otras obras suyas: Las viudas de los jueves (Premio Clarín de novela en 2005), Las grietas de Jara (Premio Sor Juana Inés de la Cruz en 2010), Una suerte pequeña. 

Mi opinión.-
Me ha gustado mucho. Como novela negra resulta insólita porque, a pesar de que existe un asesinato, los temas de fondo son otros y curiosos. Por una parte, sería una reflexión sobre la paternidad y, por otra, abordaría la inextricable y recurrente conexión de la política con la magia. Eso sí, siempre y cuando consideremos el marketing como una extensión y actualización de la magia de siempre. Es una novela sobre los viejos mitos y supersticiones soterrados bajo una capa de civilidad y raciocinio y que se muestran dispuestos a resurgir en cuanto hay una crisis.

Se enfrentan en esta novela dos concepciones de la política. Una de ellas es la política material, sustancial, la que está basada en una ideología potente y que, últimamente, sentimos que va de capa caída. La otra es la llamada nueva política que de nueva tiene muy poco. Es una política basada únicamente en el marketing, en la magia de la comunicación, en el manejo de la psicología de masas y de las emociones, en el populismo de decirle a cada uno lo que quiere oír. Una política basada en eslóganes breves y eficaces que más que otra cosa desinforman e intoxican. Eufemismos dirigidos a no llamar nunca a las cosas por su nombre.

Existen varios triángulos en la trama. La mayoría no están vinculados por relaciones sexuales pero sí por vínculos de poder y sobre todo por vínculos emocionales. El que más me interesa es el constituido por Fernando Rovira, Román Sabaté e Irene. Fernando y Román están unidos por un gran secreto basado en una relación tóxica; Román está en deuda con Fernando y Fernando está en deuda con Román. Es una relación muy influida por la dialéctica hegeliana del amo y del esclavo pero sin que estos papeles estén definitivamente asignados de manera que tanto uno como otro pueden intercambiarse.

Román y Fernando parecerían dos caras de la misma moneda; incluso se parecen físicamente pero en nada más. Román es un hombre corriente, sin ambiciones ni objetivos vitales claros. Se considera a sí mismo un fraude pero, al final, hace alarde de una dignidad antigua, profunda, tradicional. Fernando es el joven político ambicioso, hecho a sí mismo, que vivió la pobreza de niño y que sabe manejarse en ambientes difíciles y rodearse de un ejército de fieles, encabezado por Irene, su madre. Pero necesita algo más para encajar en el perfil idóneo de candidato a la presidencia de la República Argentina. Necesita tener un hijo. Su madre está involucrada en la sanación espiritual, en las nuevas terapias, en todo aquello que proliferó en los años 1990 y que empezó a llamarse New Age y que sólo era una reelaboración de lo pretendidamente natural o sobrenatural dirigido a ¿manipular, contentar, tranquilizar? a las masas. Es la encarnación de la hechicera moderna pero también es una madre que debe expiar su culpa, su negligencia como madre, ayudando a su hijo a compensar sus deficiencias consiguiendo la mayor cota de poder político posible. Para ello no se parará ante nada.

En esta novela hay unos protagonistas muy definidos pero rodeados también de otros personajes, algunos de ellos prescindibles, según mi opinión. Uno de ellos sería la periodista Valentina Sureda, la China Sureda, dedicada ahora a investigar para escribir un libro titulado La maldición de Alsina. Piñeiro inserta las anotaciones sobre este libro entre la trama principal y esto me parece que lastra la narración principal. Aunque se destinan a probar la conexión entre magia y política desde un punto de vista histórica, no he podido sintonizar con ellas porque apenas conozco la historia de Argentina, ni de la fundación de sus ciudades, ni mucho menos de la Ciudad de la Plata. Sí que es cierto que esta parte de investigación de la periodista también resulta muy curiosa. Menciona a varios políticos y dirigentes que se dejaban aconsejar por videntes, santeras o, incluso, monjas visionarias. Uno de ellos era Jordi Pujol que se dejaba aconsejar y hacer limpiezas espirituales por una vidente gallega llamada Adelina. Otro era Franco que, además de tener el brazo incorrupto de Santa Teresa de Ávila, recurría a los servicios de la hermana Ramona Llimarga. Una monja catalana nacida para más sorpresa en Vic, actualmente foco del catalanazismo más recalcitrante. Qué cosas pasan. ¿Qué pensaría hoy esta monja franquista de su ciudad y de sus conciudadanos? Para reírse si no fuera tan trágico.

Como corresponde a una novela negra política uno de cuyos temas es poner de manifiesto el marketing político, el final es espectacular. No por lo sorprendente sino por la implicación del mundo de la prensa espectáculo. Una gran soirée en la que también se incluye a las redes sociales. Lo que los horteras llamarían un carrusel de emociones emitido en riguroso directo y del que la China Sureda tiene la exclusiva. Así tenemos, novela negra, suspense, también en cierto sentido novela de crecimiento y un análisis de la sociedad actual. En fin, una novela muy recomendable y una autora que merece la pena seguir.


Las maldiciones
Claudia Piñeiro
Alfaguara